¿Tiene sentido que México invierta en la extracción de gas natural cuando puede importarlo de Estados Unidos a bajo costo y con una perspectiva de crecimiento en la producción positiva? Aquí la respuesta.

 

 

El mercado mundial de gas ha tenido una importante evolución. En los últimos años, el consumo del energético se ha incrementado en Estados Unidos y Asia. El aumento de la demanda y del precio de los energéticos, el desarrollo de nuevas tecnologías y de infraestructura de transporte, así como los incentivos gubernamentales, favorecieron la producción de gas no convencional (gas shale o de esquisto), sobre todo en Norteamérica.

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El primer efecto de esta evolución fue que se revirtió el déficit que existía en la región, pues a pesar de la demanda, las importaciones de gas por parte de Estados Unidos y Canadá disminuyeron en 50%. El rápido crecimiento de la producción también provocó una pronunciada caída de precios, que afectó directamente al mercado mexicano. Por su parte, nuestro país ha creado incentivos para estimular la demanda interna, que contrasta con una producción estancada.

A pesar de su potencial geológico para producir hidrocarburos y de tener reservas probadas, México presenta déficit de gas natural y no puede satisfacer la demanda interna, por lo que ha tenido que importar el energético de países como Estados Unidos, Qatar y Perú.

De acuerdo con la Secretaría de Energía, para el 2027 se espera en México un crecimiento promedio de 3.6% anual en la demanda de gas natural, pero la producción crecerá apenas 1.3% por año. Si no se efectúan cambios estructurales para cubrir el déficit, nuestras importaciones anuales de gas crecerán 7% en promedio. Y del total que importemos, 83% provendrá de Estados Unidos.

 

Repunte en los últimos años

Para corregir el déficit entre oferta y demanda, y liberar el estancamiento de la producción interna, debe considerarse otro factor: las restricciones derivadas de la insuficiente capacidad de transportación, almacenamiento y compresión del gas. Esto genera otros problemas en el Golfo de México y en el centro y occidente del país, que obstaculizan la eficiencia de la red de importación de Norteamérica.

Es importante mencionar que a mediados de los años noventa se modificó una parte del Artículo 27 de la Constitución para permitir la participación privada en estas actividades. A pesar de esta acción, durante mucho tiempo la inversión para el financiamiento y desarrollo de proyectos fue baja; apenas ha tenido un repunte en los últimos tres años. Conscientes de que la producción de gas es un tema prioritario, hace poco más de un año el gobierno federal lanzó un programa de desarrollo de infraestructura para introducir gas natural al noroeste del país y conectar la frontera norte. Con esta iniciativa se espera una inversión de 12,500 millones de dólares (mdd) para desarrollar 6,400 kilómetros de ductos en los próximos cuatro años. Esta infraestructura ofrecerá un suministro confiable hacia el centro y otras regiones del país.

 

¿Producir o importar gas?

La producción interna de gas natural es estratégica para la economía nacional, pues actualmente un tercio del consumo es utilizado por el sector industrial y poco menos de 40% por la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Ejemplo de los efectos de la escasa producción de gas natural y de los problemas de distribución e insuficiencia de almacenamiento son las 15 alertas críticas que ocurrieron durante el primer semestre de 2013. Según datos de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), estas alertas costaron 2,250 mdd a los industriales y 1,500 mdd a la CFE.

De acuerdo con fuentes oficiales, se espera que cerca de 75% del aumento en el consumo de gas natural en los próximos 15 años provenga de la generación de electricidad. También se confía en que disminuirá el costo de la energía eléctrica, lo que tendrá un impacto positivo en la industria y en el consumidor.

El dinamismo del mercado interno y la transformación energética de Norteamérica indican que México seguirá importando gas natural en el mediano plazo para hacer frente al déficit y dar estabilidad al sector industrial y eléctrico. Aquí se presenta una de las oportunidades de inversión más interesantes para la industria energética mexicana.

Estados Unidos es potencia mundial en extracción de gas natural, hecho que coloca a México en una posición envidiable, gracias a su cercanía con ese país. Nuestra nación podría importar gas a un costo relativamente bajo en comparación con otros países. En los últimos dos años, el precio por millón de btu en Europa ha oscilado entre los 11 y 13 dólares, mientras que en Japón ha alcanzado los 16. En Estados Unidos se ubica entre los dos y los cinco dólares, y se espera que se mantenga cercano a los cuatro dólares en los próximos años.

¿Tiene sentido que México invierta en la extracción de gas natural cuando puede importarlo a bajo costo y con una perspectiva de crecimiento en la producción positiva (una ventaja competitiva que ninguna otra economía puede aprovechar)? Es mejor destinar recursos públicos y privados a la creación de una red de distribución y transportación eficiente que lleve el gas desde la frontera norte al resto del territorio nacional. Una decisión más acertada sería dedicar tiempo y recursos a otras áreas estratégicas del ciclo energético, así como a la extracción y producción de petróleo y sus derivados.

Con el lanzamiento del programa de inversión en transporte, almacenamiento y compresión de gas natural, México va en el camino correcto. Además, con la aprobación de las reformas estructurales que eran necesarias para incentivar la renovación del país, se crea un ambiente propicio para detonar la inversión y hacer de México un país más competitivo. Esto ocurrirá siempre y cuando se establezcan los procesos, mecanismos de transparencia y medidas apropiadas que den certidumbre jurídica a las inversiones.

 

 

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