A pesar de sus problemas, Jersey Boys funciona de manera bastante satisfactoria y se convierte en la película más sólida del cineasta desde Gran Torino.

 

En primera instancia, las palabras “Clint Eastwood dirigirá un musical de Broadway” parecen ser una broma más que una certeza, sobre todo si la noticia lo confirmaba como reemplazante de Jon Favreau (Iron Man, Swingers). La recia figura, casi mítica, del director no luce como una buena opción para un género en permanente búsqueda del espectáculo. Por eso Jersey Boys: persiguiendo la música (Jersey Boys, 2014) es, en parte, un descubrimiento.

La cinta narra los inicios del grupo The Four Seasons (agrupación que lanzó a la fama a un joven italoamericano llamado Frankie Valli –uno de los favoritos de Universal Stereo y universalmente conocido por la romántica/empalagosa Can’t Take My Eyes Off You–) sus primeros hits, su consolidación, los insorteables problemas de la fama y su inclusión al Salón de la Fama del Rock and Roll. Es la historia que le sirve de pretexto a Eastwood para añorar los años de su juventud.

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Sin dejar de lado su estilo, siempre práctico y llano pero efectivo, el director se enfoca en la vida de Valli (John Lloyd Young) y su lealtad hacia sus compañeros de grupo, de aire muy parecido al código de lealtad de la mafia italiana, por eso a cada momento les gusta recordar que son “chicos de Jersey”. Por eso es que la cinta se esfuerza en convertir a su personaje principal en un pan de dios, aquél dispuesto a sacrificar todo con tal de no traicionar lo que el barrio le enseñó. No es casualidad que por momento se cite al cine de Scorsese de manera bastante literal, creando un tierno homenaje.

Es tal la admiración de Clint y su intención por mostrarlo como una figura modelo que termina por rebajar el impacto de la tragedia que vive. Además, John Lloyd Young carece de la presencia suficiente para hacer convincente esa carga emocional, después de todo es un actor de teatro –al igual que varios de sus compañeros de reparto, hacía el mismo papel en la obra en Broadway–.

A pesar de sus problemas –los personajes femeninos brillan por lo chato de su trazado–, Jersey Boys funciona de manera bastante satisfactoria y se convierte en la película más sólida del cineasta desde Gran Torino (2008). Es un acierto de Eastwood enmarcar los números musicales en apariciones televisivas, el estudio o recitales en bares. Su verdadero reto será encontrar su público, como alguna vez lo dijo Leonardo García Tsao, el cine de Eastwood es tachado de “cine de viejitos”, a pesar de negarse a perder vitalidad con el paso de los años. Esa falta de pirotecnia será malentendida y por ello, tal vez, ignorada, una lástima porque Clint Eastwood parece estarse divirtiendo.

 

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