Lo más atractivo de la cinta no es ni su argumento ni sus actuaciones, sino el halo de misterio en torno de la identidad del director.

 

Francis (Ebon Moss-Bachrach) y Beth (Vinessa Shaw) son una joven pareja de vacaciones por la península de Yucatán. Durante la temporada de carnaval –que algunos han confundido con el de Río de Janeiro–, Francis está buscando un bote para poder ir a una pequeña isla alejada de la costa. Un lugar tranquilo donde tomar fotos y divertirse lejos del bullicio.

Al llegar al paradisíaco lugar, nuestros protagonistas son recibidos por unos niños en la playa. Todo luce muy tranquilo, es exactamente lo que buscaban. Con el pasar de los minutos, la soledad del lugar y la falta de adultos genera un ambiente sospechoso, las preguntas comienzan a surgir: ¿a dónde se fueron los adultos? ¿Por qué los niños se comportan como los de Children of the Damned (1964)? ¿Qué sucedió?

Juego de niños (Come Out and Play, 2012) es un remake –casi cuadro por cuadro– de la cinta española de culto ¿Quién puede matar a un niño? (1976) de Narciso Ibáñez Serrador, ambas basadas en la novela El juego de los niños, de Juan José Plans.

Los temas de la cinta original se mantienen. Los protagonistas son una pareja con dos niños, en espera del tercero, así que están a unos meses de ser superados –numéricamente hablando– por su descendencia. Asimismo, parece ser imposible para todos los involucrados defenderse de los malévolos pequeñines. Punto reforzado por el tabú cultural de que los niños son fuente de virtud y nula maldad, un tópico que Thomas Vintenberg también abordó el año pasado en la excelente La caza (Jagten, 2012).

En Juego de niños los involucrados aplican aquella máxima de no cambiar aquello que no está roto, hay cierta actualización en la puesta en escena, mucho más estilizada que la versión setentera, y las influencias de la cinta son más notorias, como esos niños inmóviles que recuerdan a las mortíferas aves de Los pájaros (The Birds, 1963). Fuera de eso nada cambia, en realidad sería un estreno de terror más si no fuera por su director, el misterioso Makinov.

La leyenda cuenta que Pablo Cruz, director de Canana Producciones, conoció al bielorruso Makinov hace unos años en la Berlinale. Después de ese encuentro decidió apoyarlo y producir el proyecto. El realizador, empeñado en demostrar que la identidad del cineasta no es importante para un filme, dirigió enfundado en una capucha roja o con máscaras de Betty Boop, vociferando instrucciones en ruso y permitiendo a los actores mucha improvisación en el set.

Las malas lenguas dicen que el hombre detrás de la bolsa roja no es otro que el controvertido Carlos Reygadas; otros rumores dicen que es el protegido de Quentin Tarantino, Eli Roth; igualmente suena el nombre de Gerardo Naranjo; otros arriesgan más y aseguran que se trata de Diego Luna y Gael García Bernal haciendo mancuerna en la dirección. Es probable que nunca sepamos quién es en realidad.

Cuando Juego de niños comenzó su ronda en festivales, Makinov comenzó a hacer uso de las redes sociales y YouTube. Puso en circulación un par de manifiestos donde explica su visión del cine y del estado de la industria hoy día, plagada de superhéroes.

El discurso de Makinov es interesante, aunque su forma de desenvolverse lo contradiga. Afirma que la figura del director no significa nada, sin embargo resulta ser un personaje más interesante que su película. Dice hacer una cinta de terror para romper con la conformidad, para despertar al público que parece embrutecido después de años de productos hollywoodenses.

Come Out and Play contiene algunos momentos interesantes y provocadores, mas, en general, no lograr ser realmente transgresora. Palidece al compararla con filmes como A Serbian Film (Srpski film, 2010), Gummo (1997) o esa fantasía experimental titulada Emperor Tomato Ketchup (Tomato Kecchappu Kôtei, 1971) de Shûji Terayama.

Para validar el discurso, hubiera sido necesario que Makinov empujara verdaderamente los límites. Juego de niños no contiene nada que no hayamos visto antes, aunque eso no significa que sea una película mal ejecutada. Apegarse al original da como resultado un trabajo efectivo.

Sin importar quién sea el hombre tras la capucha roja, es preciso reconocer que su presencia viene a sacudir el gris panorama del cine nacional. Pocos se atreven a exponer sus ideas, a ir en contra del status quo de las comedias de clase media o la propuesta estética que impera en el cine de arte. Bienvenido, Makinov.

Contacto:
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