Miles de jóvenes que viven en zonas marginadas son presa fácil del crimen organizado. ¿O no?

 

Un debate que cada día está más vigente en regiones como la latinoamericana es si la desigualdad social hace que ciertos sectores de ciudadanos, por falta de opciones educativas, laborales e inseguridad a la que no pueden hacer frente las fuerzas del orden por diversas razones, sean susceptibles a unirse a grupos delincuenciales o en lo individual cometan delitos con la finalidad obtener lo esencial para sobrevivir.

A finales de la semana pasada en entrevista con el periódico Reforma, el ex alcalde de Cali, Colombia, Rodrigo Guerrero, señaló que: “El principal obstáculo en el combate a la delincuencia es la falta de voluntad política para controlarla y la desigualdad social…La desigualdad promueve la violencia probablemente por su asociación con altas tasas de desempleo y subempleo en grupos específicos, y suscita sentimientos de privación y frustración económica en estos grupos. La violencia impide el desarrollo económico.”

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Existen diversas formas que han buscado los gobiernos de diferentes países para combatir la delincuencia, mismas que van desde su ataque frontal, el fortalecimiento de la información generada por los organismos de inteligencia y golpear sus estructuras financieras hasta el atender sus orígenes dentro del tejido social. Así tenemos dos momentos claramente definidos: El de los delincuentes consumados que actualmente causan daños muy graves a la sociedad, y el conformado por las personas susceptibles a que, por su entorno social, en cualquier momento se puedan probablemente sumar a realizar actividades fuera de la ley. Desde luego ambos momentos si bien pudieran tener un común denominador que es la delincuencia, la estrategia para hacerles frente debe ser completamente diferente.

En una muy buena entrevista para la revista Forbes México en su edición de Octubre 15, 2013, Steve Forbes a pregunta expresa sobre: ¿Qué debe hacer México para promover la igualdad?, señaló: “La pregunta no es la correcta. La pregunta debería ser: ¿cómo hacer crecer la economía? Para no tener 1, 3, o 5%, sino alcanzar el potencial de 6, 8 o 10%. Así la cuestión sobre las estadísticas se vuelve irrelevante. Si la gente siente que se están creando empleos, si tiene la oportunidad de adquirir más habilidades y de mejorar su ingreso”.

Roxana Kreimer, en su libro Desigualdad y violencia social: Análisis y propuestas según la evidencia científica publicado por Editorial Anarres en el 2010, menciona que: “La desigualdad (medida a través del coeficiente de Gini) es lo que más correlaciona con el homicidio en gran cantidad de países, incluida la Argentina. El coeficiente de Gini es un número entre 0 y 1 (a veces se expresa en porcentaje, multiplicando el coeficiente por cien, y se denomina índice de Gini) en el que el cero se corresponde con la perfecta igualdad (todos tienen los mismos ingresos) y el 1 con la perfecta desigualdad (un grupo tiene todos los ingresos y todas las demás personas ninguno). Cambios temporales en el coeficiente de Gini predicen cambios en las tasas de homicidio. Fleisher fue pionero en la visión que tomó en cuenta el papel que juega el ingreso en la cantidad de crímenes y delitos. En 1960 este autor observó que a medida que subían los ingresos bajaban las tasas de crímenes y robos cometidos por hombres jóvenes. También encontró que la inequidad (es decir, la desigual distribución de la riqueza) jugaba un papel importante en relación a la violencia social.”

Kreimer también menciona en su obra un concepto con el que coincido ampliamente y es  el que: “La desigualdad vuelve más probable la violencia social, crea las condiciones para que aumente la cantidad de delitos, lo que no equivale a afirmar que cada sujeto en situación de desigualdad social corre directo a delinquir. La existencia de determinados contextos vuelve más probable una consecuencia, pero no la determina. La relación entre la desigualdad y la violencia social es probabilística. De otra manera cometeríamos el error de afirmar que todos los pobres son delincuentes, y contribuiríamos a reproducir el consiguiente estigma que deriva de esta consideración. La inequidad brinda más oportunidades de que una persona cometa actos delictivos, pero no lo determina.”

Sin duda la desigualdad social es un tema que debe estar en la lista de prioridades de los gobiernos de cualquier país donde se presente este fenómeno por muchos y diferentes motivos, entre ellos, la probabilidad de generar delincuentes. Bien lo decía Tony Judt, historiador, escritor y profesor británico: “La desigualdad económica exacerba los problemas.” ¿Siente usted que existe desigualdad en su entorno social, estimado lector?

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*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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