Por Diego Molina*

Hemos visto a muchas industrias pasar por un proceso de digitalización sin marcha atrás, como son eBay, Airbnb, Uber. Estas industrias tienen en común el hecho de que sus servicios o productos pasaron a llegar directamente desde su proveedor al consumidor final sin la participación de intermediarios con la ayuda de la tecnología. A diferencia, hasta ahora, parecería que la industrias B2B era las única que no se veía afectada por la transformación digital y por la consecuente eliminación del intermediario entre el proveedor y su consumidor final. Sin embargo, esta realidad ya está cambiando con el surgimiento de Fintechs, startups que están desarrollando soluciones de tecnología e información para ofrecer servicios integrales de forma más eficaz y menos costosa.

Tomemos como ejemplo la industria de metales, que actualmente funciona bajo un modelo complejo y formado por muchos elementos y participantes. Una mina que produce concentrados de metal como cobre, zinc, oro, plata y plomo, en cualquier lugar del mundo, en muchos casos depende de un intermediario para vender su materia prima a una fundición. Este proceso puede conllevar a la ineficiencia, poca transparencia y a la pérdida de ganancias, ya que es común, por ejemplo, que las minas no sepan a qué precio los intermediarios venden sus materias primas a las fundiciones. En la coyuntura actual, el participante que se beneficia a mayor grado es el intermediario, ya que logra comprar por debajo de precios del mercado y vender a precios superiores.

En América Latina esta situación se agrava. La región es uno de los mayores mercados en términos de producción de materias primas y México y Perú actualmente son los países que pierden más dinero en este escenario. Eso se debe a dos notorias razones:

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  1. Los concentrados de metal mexicanos y peruanos tienen composiciones químicas muy complejas. A diferencia del metal refinado (para el metal de cobre, el contenido de cobre suele ser de 99,995%), los concentrados no son estandarizados. Por ejemplo, los concentrados de cobre en Chile podrían tener ~25% de cobre, 100 gramos/tonelada de plata y 1 gramo/tonelada de oro. Por el contrario, el cobre peruano podría tener un 20% de cobre, 10,000 gramos de plata/tonelada y 5 gramos de oro/tonelada, o cualquier valor entre éstos. Dado que la forma en la que los compradores pagan por el contenido de metal en un concentrado no está estandarizada, los intermediarios tienen bastante holgura para apalancar la asimetría de información y convencer a los vendedores de que los términos comerciales aplicables para su material son mucho peores que en la realidad.
  2. La otra gran razón es que, a diferencia de otros países como Australia, Estados Unidos y Chile, la industria minera en México y Perú está mucho menos consolidada. En lugar de tener 10-15 minas produciendo más de 1 a 2 millones de toneladas al año, hay más de 200 minas produciendo entre 5 mil y 200 mil toneladas por año (en el caso de Perú, con la notoria excepción de algunas grandes minas como Antamina, Cerro Verde, Las Bambas y Toromocho, que producen volúmenes a la par con los activos más grandes del mundo).

Hay muchos otros países donde se aplica uno de los puntos anteriores. Sin embargo, dado que Perú y México son los dos casos para los cuales ambos puntos son aplicables, y en una gran magnitud (alto contenido de metales preciosos y un mercado fragmentado que produce volúmenes significativos), estos países son los que más se beneficiarían de la mayor transparencia que un proceso digitalizado y directo entre minas y fundiciones podría brindar.

La buena noticia es que, con plataformas digitales como OME entrando a este mercado, el acceso a nuevas tecnologías a un costo accesible ya será una realidad en cualquier región geográfica, incluidos los mercados emergentes como son Perú y México. Como consecuencia, a ejemplo de la transformación digital que las industrias de consumo han experimentado, este mismo cambio pasa a ser viable para las industrias B2B. Y cuando esta disrupción se haga realidad en el mercado de metales, esta industria, finalmente, dará su gran paso rumbo al siglo 21.

*Diego Molina es Líder de Desarrollo de Negocios en Latinoamérica de Open Mineral Exchange (OME), startup apoyada por la Incubadora de Thomson Reuters Labs.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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