La economía mexicana se estanca. De acuerdo con las previsiones de los principales organismos financieros, así como el consenso de analistas, la economía mexicana no está en una recesión, sino que está en un estancamiento. Los crecimientos son nulos, mientras que las previsiones pronostican unas cifras que oscilarán entre el -0.2% y el 0.2%. La consulta realizada a todos los expertos financieros, en materia de banca, ha arrojado unas conclusiones que se alejan del optimismo.

Y es que, aunque se preveía, la economía mexicana se encuentra en una situación de bloqueo mediante la que no retrocede, pero tampoco avanza. La situación en México es ya, como poco, cansina; pues, de seguir la actividad económica mexicana, así como las disputas entre los mandatarios, podemos observar cómo, pese a los datos, cuando la economía se resiente y se percibe una inacción política, la única salida que dan en el país es la de echar la culpa al adversario, o, como opción alternativa, mentir sobre los crecimientos.

A principio de año era lo más común. Cuando AMLO comenzaba su mandato y las expectativas estaban muy eufóricas, ante el cambio de presidente, las previsiones del ejecutivo presidencial pronosticaban un falso 2% que, por otro lado, ha acabado convirtiéndose, en el mejor de los escenarios, en un 0.2%. Un 0,2% del que esperemos que el gobierno no trate de sacar crédito político, como sí hizo con el 0.1% registrado meses atrás, donde se atribuyó el crecimiento a la buena gestión económica de la presidencia.

Es verdaderamente trágico que un país como México, donde la economía presenta un carácter emergente y una innumerable riqueza, crezca a un nivel tan bajo. Está claro que, como indicó el Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía global se encuentra en una encrucijada en la que la economía se encuentra inmersa en una desaceleración; sin embargo, atendiendo a un diagnóstico real y reconociendo el escenario es el mejor de los comienzos, al menos, para paliar la situación y contener la posible recesión.

No sería un buen análisis si no metiésemos eso, pues hay claros factores externos que están lastrando el crecimiento en el país. Sin embargo, esos factores externos, en estos momentos, se están viendo apoyados por la fuerte caída de la inversión en el país, la certidumbre de incertidumbres sobre el país, así como la difícil situación que atraviesa el país en materia de seguridad, lucha contra la corrupción y la lucha contra la delincuencia. Una situación que, de una forma u otra, incide de forma directa en la economía, paralizando los proyectos planteados.

La desaceleración en la creación de empleos, la paralización de las inversiones extranjeras, muchas situaciones que ponen de manifiesto el actual mal funcionamiento de la economía mexicana. Una situación que precisa de adoptar mejores diagnósticos en los años posteriores, pero que tampoco se van a solucionar si no se siguen adoptando políticas para acabar con la situación, así como mejorar la situación del país en materia de corrupción y delincuencia, impidiendo el lastre que supone esto último para el desarrollo.

El problema para AMLO reside ahora en la posibilidad de incumplir las promesas que hacía al inicio de su mandato. Recordemos que todas las propuestas citadas se basaban en pronósticos a los que ahora no nos acercamos ni de lejos. Hablamos de muchas políticas de carácter social que el gobierno quería acometer en el país para redistribuir su riqueza. Unas políticas que, ahora, ante el nuevo escenario, se ven bastante condicionadas.

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Ahora bien, a mi parecer, México debe centrar sus esfuerzos en otros aspectos, otras variables, que, bajo mi criterio, tendrían un impacto más significativo en la economía que el impacto de determinadas prácticas y políticas de carácter social. México es una economía que lleva años conviviendo con uno de los grandes problemas de toda economía emergente como es la debilidad fiscal de las instituciones. Para empezar, el país no recauda todo lo que debe por la sencilla razón de que la corrupción, en un escenario de debilidad institucional y debilidad fiscal, campa a sus anchas por la economía nacional. Razón por la que el país debe trabajar en aportar una mayor robustez a las instituciones y tratar de eliminar todas aquellas prácticas que paralizan el crecimiento y el desarrollo justo.

Por otro lado, nos encontramos con ese déficit en materia de inversión, tanto pública como privada. Una inversión que lleva décadas estancada y de la que precisa para crecer. México necesita una gestión de política de gasto, pero siempre atendiendo a las peculiaridades de su economía. Recordemos que hipotecar el país en un entorno de economías emergentes aporta mucho más vulnerabilidad que si se tratase de otra economía como puede ser Estados Unidos o Alemania. Los altos costos de la financiación, debidos a una posible elevada prima de riesgo, provocarían serias dificultades para afrontar los pagos; más en un escenario en el que, como decíamos, la recaudación fiscal es muy escasa.

Por último, muy bueno de recordar, el país debe seguir con la política que ha aplicado hasta ahora en materia de comercio exterior. El país azteca ha conseguido posicionarse como el principal socio comercial de los Estados Unidos, aprovechando el hueco que dejó China al comenzar con la disputa comercial. Un hueco que ha sabido suplir México, posicionándose como su principal economía para importar producto y estableciendo los acuerdos comerciales que le permiten al país ser el puente entre el mundo y Estados Unidos. Una posición ventajosa y por la que México debe seguir apostando.

 

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