DW.- Los drones son, en la actualidad, los chicos malos de nuestro avance tecnológico. Son la herramienta de espionaje perfecta; un arma autónoma. Pero no hay que apresurarse a juzgarlos tan rápido: también pueden hacer grandes cosas a favor de la humanidad y el medio ambiente.

¡Drones malvados!

El término “dron” es visto principalmente como algo negativo. Este fue el resultado que arrojó un estudio realizado por el Centro Aeroespacial Alemán (DLR), que investigó la aceptación de los drones en 2018. La mayoría de los 1.000 participantes en el estudio asociaron los drones con espionaje y vigilancia, aunque hubo quienes también los asociaron con instrumentos para grabar videos y para realizar mediciones. Y contrariamente a lo que podría esperarse, la palabra clave “dron” fue relacionada tan solo en un 16 por ciento con un arma militar. Además, el 53 por ciento piensa positivamente acerca de los drones de uso civil. En el servicio de protección, rescate e investigación existe un alto nivel de aprobación para su uso. En general, los encuestados están más preocupados por posibles abusos de esta novedosa tecnología.

Aquí hay algunos ejemplos de cómo los drones podrían mejorar un poco el mundo:

Las abejas robot:

¿Alguna vez se ha preguntado de dónde salió el nombre dron? ¿No? La respuesta puede llegar a ser bastante obvia para quienes dominan el inglés: su nombre proviene de las abejas, más específicamente de las abejas macho, o zánganos, o drones, como se conoce en inglés.

Que la abeja robot se llame como sus parientes animales es una cuestión de honor. Y es que las abejas contribuyen a la polinización de alrededor del 80 por ciento de nuestras plantas nativas útiles y silvestres y entregan, además, miel. La base para la miel es el néctar que las abejas recolectan de las flores de los árboles, arbustos y flores.

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Además de los cerdos y el ganado, las abejas (las verdaderas) se encuentran entre los animales más importantes para la humanidad. Y a pesar de esto, les hemos dificultado la vida con los monocultivos y el uso de pesticidas.

Por este motivo, científicos y empresas emergentes de todo el mundo están trabajando para fomentar la polinización. Por ejemplo, un equipo de investigación japonés ha reconstruido un mini helicóptero para polinizar las plantas. El aparato electrónico pretende apoyar a las abejas en el arduo trabajo. La abeja robótica del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología Industriales Avanzadas (AIST), en Tsukuba, puede acercarse a una planta, recoger polen y desprenderlo en la próxima flor.

Del mismo modo, investigadores de la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de Harvard están trabajando en un RoboBee, el cual llevó doce años para el estudio de viabilidad, es decir, el prototipo. Esto muestra qué habilidades de ingeniería son necesarias para recrear el original.

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La copia técnica de Harvard se acerca mucho a su modelo de inspiración: sus dos alas de cerámica, como las de un verdadero insecto, baten 120 veces por segundo. No obstante, RoboBee consiste en pequeñas bisagras de plástico y un cuerpo de fibra de carbono. Además, el prototipo todavía cuelga de una correa que le suministra electricidad. Todavía no se puede utilizar en el campo.

Por otra parte, el Dropcopter, de una empresa estadounidense, está haciendo la polinización de manera un poco diferente. En contraste con el Minicopter japonés y el RoboBee, no vuela de flor en flor, sino que distribuye polen sobre las flores en un área grande. ¡También una idea prometedora!

No obstante, hasta ahora ninguno de estos enfoques llega al original vivo. Hasta entonces, debemos proteger a nuestras abejas.

Drones como rescatistas en el mar

El proyecto SearchWing de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Augsburgo, pretende construir un avión no tripulado de rescate que ayude a encontrar mejor a los refugiados naufragados en el Mediterráneo.

El avión no tripulado de espuma de poliestireno sale de un curso preprogramado, toma fotografías y regresa al barco de rescate. El SearchWing tiene un alcance de 100 kilómetros. En un viaje de ida y vuelta de 45 minutos, el avión no tripulado dispara más de 2.000 fotos, que luego son evaluadas y escaneadas en busca de barcos. Esta es, al menos, la teoría. En la práctica, esto funciona bien, pero no siempre. Antes de que el avión no tripulado pueda apoyar de manera confiable a las organizaciones de socorro, se necesita cierta optimización.

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Otro enfoque similar es el del dron llamado “Auxdron”, el cual entrega chalecos salvavidas a las personas a punto de ahogarse en el mar. Sin embargo, no actúa de forma autónoma, sino que está controlado por un salvavidas capacitado, quien usa la cámara incorporada para controlar el dron. Auxdron puede volar hasta 80 kilómetros por hora y también está equipado con una cámara infrarroja.

Que un dron tenga que volar para que sea considerado como uno es un error en el que suelen caer muchos. Por definición, los drones deben ser no tripulados, como es el caso de “Deep Drone 8000”. Este dron no vuela, sino que bucea. La Marina de Estados Unidos ha desarrollado este dispositivo para usarlo en el rescate marino a profundidades de hasta 2,500 metros, por ejemplo, cuando un submarino debe ser evacuado.

Helicóptero contra las plagas

El helicóptero para mosquitos fue desarrollado para combatir enfermedades como la malaria, el zika y el dengue. El principio es simple, pero efectivo: el pequeño dron distribuye mosquitos esterilizados en zonas de riesgo. Mosquitos hembras, portadores de los peligrosos virus, se aparean con los machos expuestos, con los cuales no podrán reproducirse efectivamente. Como los mosquitos se aparean una sola vez, el riesgo de proliferación de virus transmitidos y que amenazan la vida se reduciría significativamente. Con este método, llamado Técnica de Insectos Estériles, las poblaciones de mosquitos se pueden reducir sosteniblemente y sin impacto ambiental.

Al servicio del medio ambiente

Sí, los drones pueden monitorear, pero también pueden hacerlo por una buena causa, por ejemplo, para reforestar las selvas tropicales deforestadas. “DroneSeed” es un ejemplo de esto. Los drones se rellenan con cápsulas con semillas de árboles, las cuales son dispersadas sobre un área determinada. Un gran alivio, si se considera que normalmente los bosques son reforestados a mano. Además de la siembra, los drones también pueden equiparse con pesticidas para proteger de plagas a bosques de reciente crecimiento.

La observación de áreas difíciles de alcanzar es claramente más fácil con los drones. La Gran Barrera de Coral o incluso manglares son ejemplos de esto. “En lugar de solo ver el árbol, por ejemplo, puedo ver las hojas individuales, y puedo distinguir los diferentes corales y algas en el arrecife. Incluso puedo ver la arena, las estrellas de mar, los peces y los tiburones bastante bien, cosas que no puedo ver en las imágenes satelitales “, dijo Karen Joyce, científica ambiental de la Universidad James Cook en Cairns, Australia, en entrevista con DW.

Usando monitoreo de drones y cámaras infrarrojas, el dron puede visualizar agua fría y caliente. Esto permitirá a los investigadores comprender la dinámica del flujo de agua y cómo influye en el coral y otros organismos del arrecife. “Eso es muy interesante, porque no podríamos rastrearlo sin el dron”, dice Joyce.

Este contenido se publicó originalmente en DW.COM y puedes ver esa nota haciendo click en el logo:

 

 

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