Por Francisco Coll*

La corrupción supone uno de los mayores lastres para la economía a nivel mundial. El alto nivel de corrupción en las administraciones públicas de los países en vías de desarrollo provoca que estos, como su nombre indica, nunca salgan de la clasificación de país en vías de desarrollo.

Como bien decía Daniel Lacalle en una entrevista pública, llevan muchos años vendiéndonos la idea de los países emergentes como una oportunidad única de inversión, sin embargo, muy pocos han caído en que estos llevan 60 años siendo países emergentes sin salir de la clasificación.

Una de las razones de esto es la corrupción, pues su ciudadanía ve la corrupción como algo cotidiano, por lo que no hay una lucha constante que trate de reducirla. Por ello, ante una sociedad totalmente vulnerable por la corrupción, la solución es el reciclaje de ciudadanos, es decir, la creación de una nueva sociedad mediante el arma más influyente en los menores que tiene un país, las escuelas.

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La escuela es donde un ciudadano empieza a desarrollar sus primeras ideologías morales, así como el adoctrinamiento en valores, educación, ética y moralidad. Durante la etapa escolar, los alumnos empiezan a desarrollar conocimiento, y con ello, el desarrollo de un pensamiento crítico y propio.

Por esta razón, la, los futuros adultos, que podría tener un gran impacto en la corrupción. Pues ante una sociedad que percibe la corrupción como un acto maligno para el país, esta será duramente castigada.

Todos sabemos el importante papel que juegan las escuelas en la sociedad futura. La enseñanza que se transmite a los alumnos acaba generando un pensamiento en los alumnos que los hace cívicos y con pensamiento crítico. Por estas razones, la enseñanza debería cubrir una enseñanza en ética y moralidad, la cual castigue actos como el caso de la corrupción.

El uso cotidiano de la corrupción en los países genera una gran desesperación en los ciudadanos. De hecho, muchos de ellos ya ven la corrupción como algo normal y no piensan en hacer nada para frenarla. Por estas razones, el cambio de paradigma y la formación de la sociedad del futuro es la pieza clave para poner fin a esta desesperante lucha.

En una sociedad donde la corrupción se percibe como una práctica equivocada, pues así se lo enseñaron y se le inculcó en las escuelas, esta tenderá a desaparecer con el tiempo, y si no, al menos se reducirá contrastablemente. Países donde los sistemas educativos desarrollan formación en base a esto, como es el caso de Finlandia, la corrupción es mínima, por el simple hecho de que así lo percibe el ciudadano, como una acción equívoca y que únicamente genera un impacto negativo severo en el país.

En resumen, la educación podría jugar un papel determinante en la lucha de la corrupción para muchos países. El desarrollo de iniciativas que promuevan el cambio de pensamiento en países con alto grado de corrupción podría ser el final a una desesperante lucha contra las administraciones públicas y gobiernos corruptos, pues como decía Nelson Mandela: “La educación es el arma más poderosa que puedes utilizar para cambiar el mundo”.

*Director de desarrollo de negocio y expansión de HAC Business School de Nueva York.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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