Cuando vemos los nombres y las imágenes de lo que ocurre en la política mexicana contemporánea y las comparamos con aquellas del inicio del proceso de liberalización política desde 1987 y en adelante, no podemos dejar de percibir que los personajes siguen siendo, en su mayoría, los mismos ¿cómo entonces podemos hablar del futuro si nos sigue gobernando la misma generación del pasado? Claramente los grupos que integran y controlan a los Poderes de la Unión, no pueden dar esa discusión sobre el futuro, porque generacionalmente resulta complicado proyectarlo, cuando sus referentes son anteriores a los años noventa del siglo XX.

Este fenómeno de política retro, donde vemos personajes como el mismo López Obrador, Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz Ledo, Manuel Bartlett, Olga Sánchez Cordero, por mencionar sólo a algunos, como parte de los espacios de decisión pública más relevantes, es tal vez una extensión de lo que ocurre en otros espacios de la sociedad mexicana, donde se necesita de Luis Miguel, Timbiriche, Flans, Menudo, Verónica Castro, el Tuca Ferretti, entre otros, para darle sentido a las aspiraciones no cumplidas, pero también puede ser reflejo del estancamiento de los objetivos, referentes y valores de una sociedad que no logra comprender en su conjunto, cómo insertarse en un mundo radicalmente distinto a cómo se vivía hace 30 o 40 años.

Los ochentas y noventas del siglo XX, fue una época donde se construyeron y tomaron sentido las aspiraciones de una sociedad que buscaba insertarse en la dinámica internacional, a partir de una idea de modernidad que daba sentido a las acciones colectivas. Más allá del discurso de la unidad nacional o el proyecto nacional de las décadas anteriores, la expansión de la clase media permitía el desarrollo de nuevas ventajas y capacidades que fortalecerían la economía y permitirían superar las crisis recurrentes, desde los setentas.

Esa misma clase media se benefició sustancialmente de los productos del TLCAN ideado por Carlos Salinas de Gortari que, con un discurso innovador, proyectó las aspiraciones sociales y permitió una apertura económica que se reflejó en un crecimiento que alimentó y materializó muchas de las aspiraciones de esa clase media. Como resultado, a pesar de que el crecimiento económico se estancó en los sexenios recientes, buena parte de la clase media tiene acceso a satisfactorias que antes eran impensables por la rigidez de un modelo que, mantenía control sobre diversos espacios de producción.

PUBLICIDAD

El problema es que se mantuvo la iniquidad en el ingreso y se intensificó la desigualdad social, por causas que han sido analizadas en diversos espacios, además de que se instrumentaron estrategias fallidas contra el crimen, generando formas de violencia que no se habían visto históricamente en diversas regiones del país. La corrupción, los excesos y la impunidad, nos han hecho recordar que la aspiración de movilidad y desarrollo pasa por espacios de inestabilidad que, sin instituciones fuertes, pueden generar un estado de cosas como el que vivimos, donde cualquier discurso cercano a las promesas no cumplidas de esa modernidad, engancha a los espacios de frustración social.

El problema, es que, al ver los aspectos específicos, olvidamos que se requiere de un proyecto que más allá de la idea de cambio o cuarta transformación, plantee realmente objetivos de mediano y largo plazo sobre los que se ubiquen entonces estrategias integrales de solución a problemáticas específicas. Por ejemplo, México no figura en la lista de start ups relevantes, no mantiene una política de innovación que derive en el registro relevante de patentes, nuestros niveles de competitividad no están entre los mejores, nuestra participación en industrias de diseño y desarrollo es escasa, solo dos universidades están entre las primeras 10 de América Latina, por mencionar algunos aspectos.

Entonces, se requiere de un proyecto integral de futuro, pero ¿cómo puede pensar en el futuro una generación que lleva más de 30 años en el poder y cuyo proyecto sigue viendo al pasado? ¿Cómo podemos plantear una vía de desarrollo, cuando la solución a diversas problemáticas es dar becas, transferir recursos o dejar de cobrar obligaciones? Tal vez esta condición retro, es un reflejo de las aspiraciones de una sociedad que pudo haberse quedado con aquellas de los noventa.

 

Contacto:

Twitter: @aglopezm

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

Siguientes artículos

Países de América Latina contra neoliberalismo
Por

El resurgimiento de la izquierda en AL, responde a la deuda del neoliberalismo con marginados, que han visto pasar privi...