Por Liz Basañez*

Ya vienen fechas de entrega de aguinaldos y bonos, ¿ya sabes en qué lo vas a gastar?, ¿en qué lo vas a invertir? 

Vivimos en una sociedad de consumo, en la que comprar nos da status, pertenencia y en muchos casos, sentido a la vida.

Hay quienes en el momento de comprar sienten un gozo o placer que pareciera ser el último en sus vidas, pero suele ser momentáneo, efímero, porque siempre vuelve a sentirse la imperiosa necesidad por obtener algún objeto (sobre todo si es vedado, costoso, prohibido o novedoso). 

Cada vez tenemos más opciones de compra ante el mismo producto. Pero con la abundancia de opciones empiezan a surgir aspectos negativos de tener que enfrentarse a una multitud de posibilidades que producen una sobrecarga que tiene un precio.  Pues el ser humano muy frecuentemente busca tener la mejor opción, pero es difícil saber cuál es la mejor opción cuando existen tantas para elegir. Aferrarse tercamente a todas las opciones disponibles nos lleva a invertir mucho tiempo para elegir una sola y en muchas ocasiones la decisión tomada la evaluamos como incorrecta, lo que nos lleva a sufrir ansiedad, estrés e insatisfacción. 

Algunas de las razones de por qué la gente compra tanto, incluso al punto de afectar su economía es por la necesidad de:

  • Pertenencia
  • Identificación
  • Novedad
  • Status
  • Aceptación
  • Imagen de éxito

Y el que los objetos sean suntuosos, caros o escasos lo anterior se estimula más fácilmente.

¿Qué tipo de comprador eres tú?

  • Racional. Compras si puedes gastar, puedes posponer el deseo a corto plazo.
  • Emocional. Si estás enojado, compras; si estás angustiado o con incertidumbre, compras. ¿Compras de acuerdo a tu estado de ánimo y de acuerdo a lo que te está sucediendo?
  • Fanático. De algún deporte, profesión, artículo y gastas miles de pesos por obtener esos objetos
  • Impulsivo y/o compulsivo. No te puedes detener ante el placer a corto plazo, es imperioso obtener algo que deseas, te genera placer o crees necesitarlo y no lo puedes controlar. ¿Sientes que tienes una incapacidad de darte cuenta de las consecuencias que conlleva esta conducta, o bien, si lo haces tienen una imposibilidad de detenerte a pesar de saber las consecuencias?

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¿Realmente somos compradores racionales?

¡No! Al contrario, aunque la persona compre de forma controlada y mesurada, se ha demostrado que cuando tenemos que tomar decisiones en situaciones de incertidumbre somos muy irracionales. 

En el 2002, el psicólogo Daniel Kahneman –israelí y norteamericano- obtuvo el Premio Nobel de Economía.  Kahneman demostró cómo las personas, creyendo aplicar la razón, efectúan acomodos mentales engañándose a sí mismos y suprimiendo así la incertidumbre. Los experimentos demuestran además que las respuestas a las decisiones a tomar dependen de cómo sea planteado el problema. Kahneman cambió la visión que los economistas tenían respecto a la forma en que las personas hacen sus juicios y toman sus decisiones. Quedó atrás la visión de las decisiones basadas solamente en el propio interés y en la racionalidad porque quedó comprobado experimentalmente que no siempre nuestras decisiones son racionales y que influye la psicología además de la razón. El que las decisiones no sean racionales no significa que sean azarosas, sino que obedecen reglas descifrables que pueden ser sistematizadas.  Si te interesa leer más sobre los estudios de Daniel Kahneman te invito a leer su libro, ´Pensar rápido, pensar despacio´.  Y a leer el libro de Dan Ariely, ´Las trampas del deseo´.

Ahora sí, ¿ya tienes idea si vas a gastar o a invertir tu aguinaldo y/o bono?

Es bonito tener dinero y cosas que puede comprar el dinero, pero también es bonito tener las cosas que el dinero no puede comprar.   – George Horace Lorimer

 

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*La autora es Psicóloga Cognitivo Conductual.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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