La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) hizo una vista de trabajo a nuestro país y uno de los temas centrales, el que cubrió encuentros y conversaciones, es el de la violencia contra los periodistas que, en lo que va de la actual administración, ya suma la macabra cifra de 14 asesinados.

A la SIP le preocupa el problema y que además tiene un carácter de crónico, si tomamos en cuenta que, del año 2000 a la fecha, han muerto, de forma violenta, 149 trabajadores de los medios de comunicación.

En un encuentro con directivos de algunos de los diarios más importantes del país, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, atribuyó estos ataques al crimen organizado.

En efecto, el principal riesgo para la libertad de expresión proviene de organizaciones criminales, las que buscan silenciar y amedrentar para imponer su propia agenda o, inclusive, silenciar las notas que pueden afectarles.

La situación no es nueva, y ha tenido sus picos más elevados durante el reinado de Los Zetas en Tamaulipas, Veracruz y en Coahuila, particularmente.

Ante esta problemática, los integrantes de la SIP están buscando actuar de manera conjunta, estableciendo un diálogo permanente con las autoridades y buscando fortalecer herramientas que no han funcionado bien como las del Mecanismos para la Protección de los Periodistas y Defensores de Derechos Humanos.

La presidenta de la SIP, María Elvira Domínguez Llorenday, señaló que preocupa mucho lo que sucede en regiones apartadas e hizo una comparación con Colombia, donde los criminales aprovechan las debilidades institucionales.

Si bien las agrupaciones del Crimen Organizado van a continuar amedrentando, es importante que desde el propio gobierno se manden mensajes de que eso no se va a tolerará y que se castigará a los responsables de hechos ilegales.

Es notorio que lo que alienta a los bandidos es la impunidad y que, por desgracia, no representa un gran problema, para ellos, el amenazar y victimizar a los comunicadores.

Es en este aspecto dónde se tiene que superar el voluntarismo para dar paso a políticas públicas eficaces, en las que un buen comienzo sería el dejar de denigrar a los propios periodistas, como se hace con frecuencia, aunque dentro de los marcos del debate de las informaciones e inclusive de las ideas.

En los medios hay que insistir en que existen momentos en los que los acuerdos resultan indispensables, y que se puede conjurar la violencia si se actúa en conjunto. Ya se han hecho intentos al respecto y es cosa de establecer dinámicas permanentes.

Después de todo, proteger la libertad de expresión es también una tarea apremiante para la sociedad, porque ella es una condición indispensable para la democracia y su gobernabilidad.

 

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