La historia diplomática entre México y Estados Unidos se remonta a 1823, cuando el presidente Andrew Jackson decidió nombrar ministro plenipotenciario para México a Joel Poinsett y, aunque oficialmente, la embajada recibió el visto oficial por el Departamento de Estado de Estados Unidos en el año de 1898, la Misión Diplomática de EU en México sirvió de detonante e impulsor para la creación de la agenda bilateral.

No obstante, han sido varios los momentos a lo largo de nuestra historia en los cuáles las relaciones bilaterales se han visto suspendidas e, incluso, ante la latente amenaza de invasión estadounidense a México, la Embajada cerró por varios periodos, suspendiendo todo asunto político y económico entre ambas naciones.

Después de la Primera Guerra Mundial, México se convirtió en un aliado por excelencia de su vecino del Norte y desde entonces, por la naturaleza de la relación bilateral, su Misión Diplomática en México es la más grande. Al contar con trece agencias consulares, nueve consulados y una Embajada, el gobierno de Estados Unidos despliega una red de atención a sus ciudadanos por lo ancho y largo del país.

De manera recíproca, México cuenta con el beneplácito estadounidense para atender a los mexicanos en el exterior y a pesar del endurecimiento de las políticas migratorias en ese país, México sigue teniendo la posibilidad de llevar programas sociales y educativos a nuestros connacionales.

Con la llegada del presidente Trump al gobierno estadounidense, la relación bilateral ha pasado por altibajos y matices. La renuncia de Roberta Jacobson como Embajadora de Estados Unidos en nuestro país, de alguna forma vaticinaba la complejidad que envolvería a la agenda bilateral.

Después de un largo proceso de selección, el Senado estadounidense ratificó a Christopher Landau, “el abogado de abogados”, quién llega a México sin experiencia diplomática, pero con el espaldarazo del círculo más cercano del presidente Donald Trump.

Aunque creció en el ambiente diplomático y las relaciones exteriores de su país hacia América Latina, pues es hijo de un Embajador que sirvió en la región, Landau es más bien experto en litigios dentro de la Corte Suprema y la Corte de Apelaciones.

Con un diploma en Estudios Latinoamericanos, el nuevo Embajador de Estados Unidos en México resaltó durante su comparecencia en el Senado de su país, que las prioridades de la agenda bilateral son tres: migración (seguridad fronteriza), lucha contra el narcotráfico y fortalecer relación comercial con México.

El primer Embajador para México designado en la era Trump, tiene en sus manos uno de los momentos más álgidos de la relación bilateral. La espiral de complejidades que acarrea el Plan de Migración y los compromisos adquiridos por México para frenar la migración, así como la aún pendiente ratificación del T-MEC, serán puntos de partida complejos para una nueva etapa entre ambos países.

 

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