Para estas alturas, todos estamos hablando de la transformación digital como si se tratara de un fenómeno que, evidentemente, todo el mundo estuviera viviendo. Y aunque las condiciones de mercado, de comunicación y de la interacción social han cambiado drásticamente en los últimos años, eso no significa que todo el mundo sepa con claridad a qué se refiere el concepto y mucho menos que existan condiciones para adoptarlo e implementarlo.

De entrada, podríamos plantear que la transformación digital es un fenómeno que va más allá de la mera adopción de tecnologías de la información y la comunicación al interior de las empresas como un detonante de la productividad. Implica entender las condiciones macro económicas del país y de los mercados internacionales, aunado a las características de los consumidores, de las plataformas que usan y de la hipersegmentación de los nichos de mercado.

Pero no sólo eso: la transformación digital implica un fenómeno progresivo e integral, en el que cada una de las partes involucradas innova de forma gradual, más que si se tratara de un checklist.

En ese sentido, cabe hacernos la pregunta de qué elementos debemos tomar en cuenta para entender e iniciar la transformación digital de manera amplia y profunda.

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  1. Educación y sensibilización. Para adoptar el cambio, primero hay que entenderlo. Y el desconocimiento sobre los alcances digitales y sus tecnologías es más amplio de lo que quisiéramos. Tanto empresarios como emprendedores y autoridades, no terminan por entender el rumbo del cambio. Y por desgracia, la Academia no avanza con la velocidad que necesitamos. Por ello, la autoformación es uno de los pilares del cambio. Las personas tienen ahora más que nunca una corresponsabilidad en su educación.
  2. Nuevos consumidores. La razón por la que literalmente todo se ha volcado a lo digital, es porque tenemos un nuevo usuario de la tecnología que empezó a informarse, leer, escuchar música, divertirse, socializar y trabajar de una manera diferente a las generaciones previas e inició una nueva relación con las marcas y las instituciones, mucho más personalizada, más profunda y más exigente, ahora son consumidores informados. Ya no existen los públicos cautivos, sino miles de nichos de mercado.
  3. Modelo de negocios. Con nuevos consumidores y tecnologías que conectan al planeta entero, por supuesto tuvimos que pasar de una economía centralizada y enfocada en los grandes capitales a una economía flexible y global, con foco en el ecosistema del emprendimiento y el consumo individual. De la concentración de los capitales a la economía colaborativa. No obstante, y a pesar de los grandes ejemplos, aún falta mucho por aprender en la cuestión de generar negocios que puedan generar bienestar a todos los integrantes del círculo de producción y consumo.
  4. Plataformas digitales. El uso de aplicaciones y plataformas digitales implica más que una forma de divertirse y perder tiempo. Acercó a las marcas con sus usuarios, cambió el modelo de consumo de medios y transformó la forma en la que ahora socializamos. Entender que tienen su propio lenguaje y dinámica es parte de la responsabilidad en la transformación que empresas e instituciones deben entender.
  5. Internet de las cosas. La siguiente transformación digital será el Internet de las Cosas. El hecho de que nuestros dispositivos puedan conectarse entre sí, intercambiar información y generar acciones concretas en pos de nuestro trabajo o bienestar es un área de oportunidad en el que tendremos que trabajar mucho. No obstante, también abre un enorme debate en torno a la protección de datos, lo que debe volcarnos a iniciar los debates legislativos y parlamentarios pertinentes para que garanticemos nuestra privacidad digital.
  6. Big Data. Es el nuevo oro negro. Las grandes cantidades de información que circulan diariamente a través de Internet están transformando la publicidad, la política, el comercio y la economía. Por ese motivo, se necesitan especialistas que puedan recopilar, ordenar, analizar e interpretar el big data que pasa constante frente a nuestros ojos y que puede ser la diferencia entre una empresa exitosa y otra condenada al fracaso.
  7. A la par del big data y el IoT, las finanzas digitales son las claves del cambio digital que estamos viviendo. No obstante, a la par de la tecnología, se necesita siempre una regulación que garantice que, ante el advenimiento de nuevas figuras de negocio, exista la plena certeza del uso adecuado y legal de las inversiones.
  8. El mercado de las divisas digitales va en constante crecimiento aunque, paradójicamente, con él, crecen las dudas. ¿Debemos o no invertir en bitcoins, ripple o ethereum, sólo por citar ejemplos? La respuesta no es sencilla, porque se requiere de cierta capacitación para hacerlo y, sobre todo, mucha sensibilidad, puesto que son instrumentos de alto riesgo. Sin embargo, resultan muy indispensables en el cambio de paradigma económico.

La transformación digital de empresas y gobierno no es una tarea sencilla y mucho menos, aislada. Tiene que darse en un contexto de cooperación y con esquemas de crecimiento que garanticen que las partes implicadas pueden verse beneficiadas en la interacción. El punto ante todo esto es que no hay vuelta atrás, la economía y los mercados se transformaron; entender que migrar a los entornos digitales es un proceso que debemos empezar ya, es equivalente a la permanencia en el futuro.

 

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