Venezuela está entre los 11 países con más percepción de corrupción en el mundo; casi la mitad de mexicanos se encuentra en situación de pobreza, y en términos de seguridad, Colombia ocupa el sitio 146, de 163, en el Índice de Paz Global 2017, del Instituto para la Economía y la Paz (IEP).

Aún así, este miércoles se hizo público que, en términos de felicidad, a los latinoamericanos no les va tan mal. Según el Reporte de la Felicidad 2018, que evalúa el nivel de bienestar y satisfacción de 156 estados, Costa Rica es el país número 13 más feliz del mundo, por encima de otros como Alemania; México ocupa la posición 25, inmediatamente seguido por Chile, Brasil (28) y Argentina (29).

La Red para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas elabora anualmente este informe con base en seis categorías: PIB por cápita, apoyo social, expectativa de vida, libertad de elección de los ciudadanos, generosidad y percepción de corrupción.

Por esto, a más de uno le pueden sorprender las buenas notas sacadas por los países latinoamericanos. Podría parecer que la UN omite todos indicadores socio políticos y económicos que sacan los colores a más de un estado en la región.

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No obstante, lo que realmente ignora el Reporte de la Felicidad son los aspectos afectivos y relacionales que, en las culturas latinoamericanas, son tan o más importantes para evaluar la felicidad personal que aquéllos medidores.

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Determinantes latinos genuinos de la felicidad

El profesor de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO-México) y de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), Mariano Rojas, explica que los resultados de América Latina en el informe de la ONU tienen que ver con que la felicidad en esta región tiene una base social.

“Hay muchos factores positivos que afectan a la felicidad de los latinoamericanos; en particular, la abundancia de relaciones interpersonales genuinas, cálidas y estrechas de calidad. Esto les permite disfrutar de altos niveles de satisfacción en aspectos vitales que son particularmente importantes para los latinoamericanos, como son los lazos sociales y, en especial, la familia”, explica en el reporte de Naciones Unidas.

Este patrón de relaciones interpersonales propio de América Latina hace que los ciudadanos de estos países “experimenten emociones positivas a diario”, según el profesor, lo cual explica el balance positivo de los niveles de satisfacción vital en la región.

Esto no significa que a los latinos no les afecten los problemas sociales y económicos de sus países. De hecho, el académico apunta que con menos corrupción, violencia, criminalidad y dificultades económicas, los índices de satisfacción en América Latina aumentarían.

Lo que el profesor Rojas indica es que, para los ciudadanos de estos países, la renta no lo es todo. El problema de los estudios comparativos, dice, es que estos elementos afectivos y relacionales difícilmente pueden ser mesurados a través de las cuentas corrientes de los ciudadanos.

 

Felicidad culturalmente definida

El análisis del profesor Rojas muestra que los resultados de la ONU no se ajustan a las particularidades culturales de cada país.

Por eso, indica que se debe ir más allá de una evaluación objetiva de la felicidad cuando se comparan los niveles de bienestar y satisfacción entre distintos países, porque cada cultura tiene unos bienes propios que determinan el bienestar y satisfacción de sus ciudadanos.

En México, por ejemplo, se publicó un sondeo en 2014 sobre bienestar subjetivo que incluía parámetros como tiempo libre, logros personales y perspectivas de futuro. Los mexicanos reportaron altos niveles de satisfacción familiar. Además, los niveles de satisfacción de su vida afectiva eran superiores a la de sus logros vitales.

El académico también explica que las políticas públicas pueden contribuir a incrementar los niveles de felicidad no sólo negativamente, erradicando los problemas, sino que también positivamente, reforzando estas “riquezas” culturales de los latinoamericanos.

 

Cultura de tópicos

Con los datos en mano y la ayuda del profesor Rojas se deduce que en América Latina se cumplen dos tópicos que tradicionalmente integran el discurso popular de la felicidad.

El primero es que, si el nivel de ingresos no permite intuir acuradamente los índices de satisfacción personal de los países, se confirma que el dinero no da la felicidad.

Y el segundo, es que la felicidad está en el interior, pues si bien el contexto aparentemente no ayuda en estos países (corrupción, violencia, criminalidad), América Latina es capaz de sacar buenas notas en este tema.

 

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