Por Jitendra Choubey

DW.- Es otoño en el macizo montañoso de Dhaulagiri, en el extremo norte de India. Los bosques de pino abundan en este remoto tramo de la cordillera del Himalaya, donde los caminos serpenteantes recorren las empinadas laderas de las montañas.

Pero algo no está bien en la pintoresca aldea de Kandral, habitada por la comunidad seminómada de los Gaddi. El sonido de balidos y cencerros debería ser omnipresente. Por el contrario, reina el silencio.

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Ranjit Singh y otros cuatro pastores han dejado a sus parientes cuidando los rebaños en lo alto de las montañas para poder bajar y celebrar la festividad anual de Dham.

En el pasado, bajaban con sus ovejas y se quedaban hasta después del festival, para descender entonces a las faldas de las montañas y pasar allí los meses de invierno.

«Tradicionalmente, esta solía ser la época en la que nuestros rebaños se quedaba con nosotros comiendo la hierba que habíamos recolectado para ellos mientras los esquilábamos y vendíamos su lana”, explica Ranjit Singh.

Los pastores pasan meses en las montañas. Normalmente tienen dos caballos cargados de provisiones./ Foto de Jitendra Choubey

El robusto hombre, de 58 años de edad, está sentado frente a una casa de hormigón de dos pisos enclavada en la ladera de una montaña. La vivienda ha visto días mejores. El suelo está agrietado en muchos lugares como resultado de los deslizamientos de tierra del pasado. Los lugareños lo asocian con la deforestación y el sobrepastoreo. Singh teme que se derrumbe todo el edificio, lo mismo que su forma de vida. La mayor parte del tiempo la pasa al aire libre, durmiendo en refugios improvisados, bebiendo agua de los arroyos y comiendo las raciones de harina, frutos secos y arroz que transporta al lomo de sus caballos.

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Sobre cómo estaban las cosas

Tradicionalmente, él y sus compañeros pastores se trasladaban de las tierras bajas a las tierras altas para aprovechar los pastos estacionales disponibles a diferentes alturas. Pero el cambio climático en esta parte del Himalaya central ha alterado su modo de vida.

Singh comenzaba su viaje anual en abril, cuando ascendía a la punta de la montaña Langa-Kinnaur, a 5.000 metros sobre el nivel del mar. En septiembre, descendía a unos 2.500 metros, antes de bajar a los bosques de la precordillera en diciembre, donde permanecería hasta que el ciclo comenzara de nuevo en la primavera del año siguiente.

Los pastos están siendo desplazados por la maleza, la agricultura y, en algunos casos, por los bosques de pino entre los que no crece la hierba./ Foto de Jitendra Choubey

Por aquel entonces, las previsiones de lluvias eran más fiables. Según el Departamento Meteorológico de India (IMD, por sus siglas en inglés), casi no hubo precipitaciones invernales en noviembre de 2014, 2016 y 2017.

Ranbir Singh Rana, director científico del Departamento de Agronomía y Manejo de Pastizales de la Universidad Agrícola de Himachal Pradesh, cree que esta situación, que él atribuye al cambio climático, tendrá efectos de gran alcance.

«La disminución de nevadas en las latitudes medias ejerce una gran presión sobre los pastos que estos pastores han cuidado durante siglos”, explica.

Escalando a nuevas alturas

Para asegurarse de que sus animales reciben suficiente comida, los pastores están ignorando el «horario fijo”, que determina cuánto tiempo puede permanecer cada pastor en un lugar determinado, según Akshay Jasrotia, agricultor y miembro de Himachal Pradesh Ghumantu Mahasabha, una asociación que lucha por los derechos de los pastores.

«Al permanecer más tiempo, también aumenta el riesgo de sobrepastoreo, que puede ser una carga adicional para el medio ambiente”, explica Jasrotia a DW.

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En la búsqueda de nuevos pastizales, los pastores ascienden la montaña por senderos desconocidos. Sin embargo, esto ha provocado una mayor tasa de mortalidad entre las ovejas, probablemente debido a la peor calidad de la hierba. La reducción del tamaño de los rebaños se traduce en menos lana, carne y leche para vender, lo que hace que la vida como pastor sea aún menos lucrativa.

Las cabras son capaces de sobrevivir en condiciones de mayor altitud que las ovejas./ Foto de Jitendra Choubey

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Menos nieve no es malo para todos

Las temperaturas más cálidas no solo dificultan el pastoreo de los rebaños, sino que también han atraído a los agricultores que aprovechan los períodos de vegetación más largos para el cultivo. En algunas zonas, las tierras agrícolas se han duplicado en los últimos diez años, lo que no es una buena noticia para los pastores.

«Hemos recibido informes de diferentes partes de Himachal Pradesh sobre conflictos, a veces violentos, entre campesinos que cultivan y pastores cuyos animales pastan en sus campos de cultivo”, cuenta Prakash Bhandari, activista de los derechos forestales que trabaja con Himdhara, una organización sin ánimo de lucro con sede en Kangra.

Los pastos también están amenazados por especies arbustivas invasoras como Lantana (hierba ornamental), Parthenium o Ageratina adenophora (hierba de crofton). Las plantas no son originarias ni de India ni de Asia y gracias a las temperaturas más cálidas se extienden a altitudes cada vez mayores, desplazando así a las plantas, de las que normalmente se alimentan las cabras y ovejas.

¿Una cultura moribunda?

Ranjit Singh nunca ha oído hablar del concepto de cambio climático provocado por la actividad humana, pero sabe lo que ve y está preocupado por el futuro de sus tierras de pastoreo.

Las aldeas cambian a medida que la gente se va, dejando una forma de vida tradicional./ Foto de Jitendra Choubey

«Es difícil para nosotros mantener esta profesión tan antigua”, dice con resignación. «Ya solo quedamos siete familias en esta aldea trabajando como pastores”.

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Hubo un tiempo en el que fueron 25. Los otros pastores Gaddi, que una vez siguieron los pasos de sus antepasados, montaña arriba y montaña abajo en el Himalaya, se mudaron a la ciudad o trabajan en otros lugares, a menudo como agricultores.

La historia se repite en muchos otros pueblos. Singh reconoce que también ha pensando en dejarlo, pero es lo que conoce y sabe hacer. Es su cultura y por ahora, se sumerge en ella disfrutando plenamente del festival de Dham.

«Esta es la única época del año en la que nos encontramos con nuestra gente, saboreamos variedades de platos, organizamos bodas o futuras congregaciones, reuniones y otros eventos sociales”, cuenta Singh.

Cuando termine la fiesta, ascenderá a la cima de la montaña con su caballo cargado, donde estará pastando su rebaño, al menos mientras encuentre buena hierba. Puede que no se ajuste a la larga tradición del Himalaya, pero Singh no ve otra alternativa.

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