Por Alejandro medina /Fotos: Raúl Martínez

Esta historia fue publicada en la edición impresa de junio de 2018 de Forbes México. Suscríbete.

Malmesbury, Inglaterra. James Dyson está en su oficina, sentado en una mesa rectangular de 2 x 1 metros. No hay en el lugar ningún escritorio, pero sí un restirador sobre el que es posible ver hojas con dibujos y bosquejos saturados de anotaciones.

No lleva traje, ni siquiera camisa; solamente una sudadera y un pantalón caqui. Usa tenis blancos y lentes de pasta. La pinta de empresario no aparece por ningún lado, así que, al verlo, nadie creería que su fortuna asciende a más de 5,600 millones de dólares (mdd) y que ocupa la casilla 321 en la lista de multimillonarios de Forbes.

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Queda claro que Dyson únicamente puede ser Dyson. Es el mismo inventor que fundó la compañía de tecnología para el hogar a la que dio su apellido hace tres décadas, cuando corrían para él días desesperanzadores: Se había propuesto crear su propia aspiradora, tras constatar que el aparato que acababa de comprar para su casa no conseguía recoger el polvo. La creó, pero su invento no seducía a nadie y no tuvo más que pasar varios años viviendo del salario de su esposa.

Él desarrolló 5,100 prototipos de aspiradoras, hasta que llegó adonde quería: inventó un aparato que no necesitaba llevar en su interior bolsas recolectoras para la basura levantada del piso.

Pero, a diferencia de aquellos años en que Dyson hizo sus primeros inventos, hoy el mundo de la creación gira a toda velocidad. Todos los días salen a la venta decenas de dispositivos, desde celulares hasta lavadoras, que aseguran tener en sus manos la última y mejor tecnología, en una cascada interminable de nuevos gadgets.

Pero Dyson no se deja arrastrar por la marejada; se mantiene ecuánime. Como antaño, considera que la mejor fórmula para innovar, que para él significa crear cosas que mejoren la vida de la gente, es la que él siguió: dedicar años a investigar, probar y dejar madurar las ideas.

Ahora agrega algunos otros “ingredientes”: Invierte semanalmente 10 mdd en su centro de investigación y desarrollo, ubicado en esta ciudad, el cual aloja a 3,500 ingenieros especializados en distintas ramas y que todos los días, cuenta Dyson a Forbes México, están en la búsqueda de cosas nuevas.

En estas instalaciones nacieron las seis familias de productos que hoy comercializa la compañía en el mundo: aspiradoras, secadores de manos y de cabello, purificadores de aire, calentadores y lámparas.

Entre antigüedades

La base de Dyson en Malmesbury se ubica en medio de la nada: hay apenas un pequeño poblado cerca de aquí y largos y típicos campos ingleses alrededor. La base se compone de un conjunto de edificios horizontales en cuyo exterior se encuentran innovaciones que, en algún momento, fueron los mayores adelantos en el mundo, como aviones de guerra, barcos, motores, turbinas y automóviles clásicos.

El edificio principal, consagrado a la investigación, es una nave industrial ubicada justo en el centro del complejo y a cuyas secciones se accede con tarjeta de seguridad, lo que significa que no todos los empleados pueden entrar a todas partes, por el sigilo que demandan los (a veces lentos) avances en la creación y las investigaciones.

Sam Saunders, líder de categoría, pasó cuatro años trabajando, por ejemplo, en el proyecto de la secadora de cabello Supersonic, sin poder darle a sus compañeros de oficina ningún detalle sobre lo que hacía todos los días, relata el propio Saunders.

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El recorrido por el interior del edificio comienza, precisamente, en los laboratorios de la secadora de cabello, el más reciente lanzamiento de Dyson, en 2016. En este artículo se invirtieron 28 mdd y el trabajo duró varios años, sobre todo para desarrollar un motor digital de sólo 27.6 milímetros de diámetro, que se encarga de producir el aire que sale del dispositivo.

Pero lo más complejo fue lograr que el calor de la secadora no dañara el cabello, así que se probó en el equivalente de 1.6 millones de metros de pelo, que luego fue analizado milímetro a milímetro con apoyo de microscopios avanzados, cuenta Saunders.

Enseguida están los laboratorios de los purificadores de aire, en los que se trabaja para desarrollar filtros con poros cada vez más pequeños para que sean capaces de atrapar las partículas contaminantes que hay en el aire.

En el lugar también podemos ver un laboratorio de motores, principalmente para aspiradoras y secadoras de manos, donde se desarrolló, por ejemplo, el modelo X20, un motor mediano que hace trabajar a las aspiradoras. En total, Dyson ha invertido 420 mdd en los últimos 20 años tan sólo en desarrollar motores, asegura Will Kerr, gerente de Diseño.

Hay tres avances más que destacan en el edificio de creaciones de Dyson. El primero está relacionado con el sonido que producen los dispositivos, principalmente aspiradoras y secadoras de manos y cabello, que normalmente es molesto. En este laboratorio, que trabaja de la mano del de motores y luce como una cabina de grabación de audio, se analiza el número de decibeles que emiten los aparatos y se busca cómo reducirlos.

El personal que trabaja en este laboratorio cuenta que a James siempre le ha fastidiado el ruido de los aparatos, pero el límite llegó una mañana de 2010, cuando se acabó su tolerancia: una secadora que estaba utilizando su esposa no le permitía hablar con ella debido a que el motor mandaba su voz a segundo plano; así que se propuso crear lo que, al paso del tiempo, sería la secadora Supersonic.

Un laboratorio más es el de magnetismo, en el que se trabaja para borrar la interferencia eléctrica que se llega a generar entre aparatos en el hogar: por ejemplo, cuando una aspiradora que pasa frente al televisor hace que se pierda la señal en la pantalla.

Finalmente está el espacio favorito de Dyson: el taller de impresión en 3D. Son tres máquinas abocadas a esta tarea, y desde las cuales, todos los días, se imprime más de una decena de prototipos de productos, tanto en proceso de desarrollo, como otros que ya están en el mercado y que se proponen mejorar.

Jóvenes al mando

Todo este espacio de innovación construido por el inventor británico de 71 años está ocupado en su mayoría por jóvenes, que son el 80% de la plantilla laboral, no sólo de este centro, sino de toda la compañía

Hay una razón para este predominio juvenil, indica Dyson: Tener expertos es, para él, más negativo que positivo. “La gente joven normalmente es inexperta y eso es algo que me gusta”, comenta. “El que alguien se asuma como experto puede acabar siendo negativo, porque normalmente se encierra en su método y no permite que nadie le diga que está mal; tiene una manera muy cuadrada de hacer las cosas y casi nunca se abre a opciones distintas de las que él conoce”.

Esta visión conlleva el riesgo del fracaso, pero dice que no le molesta en lo más mínimo, sino que, al contrario, ve los yerros como algo saludable para la compañía. “Tengo la idea de que el fracaso es lo mejor que te puede suceder como individuo porque, si siempre se tuviera la respuesta correcta, nunca se descubriría nada nuevo, y eso es lo que te permite el fracaso”, indica. “Sí es decepcionante a veces que suceda, pero te da la oportunidad de descubrir nuevos caminos”.

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Verónica Alanís, egresada del Tec de Monterrey, es la responsable del diseño de nuevos productos. Foto: Raúl Martínez/Forbes México.

Dyson ha vivido varios fracasos. El más destacado fue en 2000, con una lavadora de nombre ContraRotator; acabó saliendo del mercado un par de años después, tras no lograr vender más de 1.5 mdd.

El gusto de James por las nuevas generaciones lo llevó a anunciar, hace dos años, el establecimiento del Dyson Institute for Engineering and Technology, una universidad ubicada en el interior de este complejo de Malmesbury y que recibió a su primera generación de estudiantes en 2017.

Los edificios donde se alojarán los pupilos todavía están en construcción, pero se espera la conclusión de las obras en septiembre de este año. La inversión es de 45 mdd. “Lo que queremos es que los chicos que pertenezcan a la universidad de Dyson dediquen dos días de la semana a las aulas y pasen tres

directamente con nosotros, en los laboratorios, aprendiendo cómo se hace la investigación y el desarrollo de nuevos productos en el mundo real”, comenta Dyson.

Conexión mexicana

Hasta hace dos años, el nombre de México no sonaba en la comunidad de expertos de Dyson. Pero comenzó a repercutir gracias a Verónica Alanís, una diseñadora industrial egresada del Tec de Monterrey y especializada en diseño sustentable por la Universidad de Edimburgo. Alanís solicitó, en 2016, su ingreso en la compañía… y pasó la prueba.

Hoy, trabaja para la división de Cuidado Personal, enfocada en la investigación para la mejora de la secadora Supersonic, con el cargo de Designer at New Products Innovation. “Me toca hacer mucho trabajo de ‘prototipado’ sobre la secadora; muchas pruebas de diseño del producto, tratando de encontrar un mejor perfomance que el modelo actual, moviendo el motor y viendo cómo interactúa con las otras partes”, explica Alanís.

México también suena desde hace algún tiempo en la división de Planes Estratégicos. Dyson anunció su llegada al país en abril de este 2018, lo que significa que acaba de poner un primer pie en Latinoamérica. “Vemos a México como un país atractivo en el consumo de tecnología, por lo que creemos que a los mexicanos puede llamarles la atención el trabajo que estamos haciendo”, comenta Dyson.

Las aspiradoras, una de las principales familias de productos de la compañía inglesa, tienen un mercado en México de 64.8 mdd anuales y está dominado por Koblenz, que controla 55% de las ventas, de acuerdo con Euromonitor. El de las secadoras de cabello vale más: se estima en 132.7 mdd, y lo lidera Conair, con una cuarta parte del mercado.

Velocidad, no; transformación, sí

A diario, James Dyson trabaja en su compañía. Afirma que dibuja, propone y hace prototipos. Hoy tiene un nuevo desafío en mente: invertirá 3,780 mdd en el desarrollo de un auto eléctrico que, asegura, cambiará por completo la perspectiva que se tiene de estos vehículos.

Sin dar muchos detalles sobre el tema, el experimentado inventor advierte que dedica mucho tiempo al desarrollo de las baterías del automóvil, uno de los inconvenientes de estos vehículos debido a las constantes recargas.

Si bien el anuncio de que trabajaría e invertiría en el desarrollo de este automóvil se dio desde mediados del año pasado, Dyson asegura que no tiene ninguna prisa y que será en 2020 cuando su nuevo invento vea la luz.

“Somos una compañía en la que nos gustan las cosas a largo plazo: planear, investigar y desarrollar. Nos apasiona la ingeniería y el diseño antes que el dinero. Creo en que, si se trabaja realmente en productos innovadores que cambien la vida de las personas, los resultados llegan de forma automática. Nosotros no copiamos, no buscamos oportunidades comerciales; queremos productos sólidos y eso es lo que hoy tenemos”, concluye.

Las facetas de la innovación, según Dyson

  • Investigación. La investigación es, sin duda, lo primero. Se evalúan dos cosas: si el equipo Dyson cuenta ya con una tecnología en desarrollo, como pasó en parte con el mini motor digital de la secadora Supersonic, o si hay alguna necesidad del mercado que pueda atender, como en el caso del auto eléctrico.
  • Innovación de productos. Una vez que ya se concretó la fase de investigación del posible nuevo producto, éste pasa a una segunda área, donde lo toman diseñadores industriales, quienes se hacen cargo de crear todo su concepto físico; y, para optimizar sus funciones, se preparan prototipos todas las veces que sea necesario hasta dar con el modelo óptimo.
  • Desarrollo de producto. Es la parte final de la confección del producto, así que pasa a las plantas de producción de la compañía en Asia, una de ellas en Singapur. Llegar a esta etapa suele implicar hasta cuatro años de trabajo.

 

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