Pareciera que México no va a entrar, durante mucho tiempo, en una espiral de renovación de su mundo corporativo.

 

 

No existe en México la expresión equivalente a lo que en Estados Unidos se denomina Corporate America, que podríamos comprender como el conjunto de empresas de gran tamaño caracterizadas por ciertos atributos:

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1) Susacciones cotizan en el mercado de capitales, en el NASDAQ o en NYSE.

2) Son constantemente enlistadas en los rankingsy comparadas por su desempeño financiero.

3) Son las grandes negociadoras de contratos sindicalesy establecen relaciones laborales que marcan pauta en industrias.

4) Sus marcas de productos son conocidas en decenas de países.

5) Son las consentidas de los inversionistas.

6) Son renovadas por empresas que, con innovación y fuertes inversiones en i+d, les desplazan para beneficio de los consumidores y de la tecnología.

Corporate America solía estar representada hace años por empresas como General Motors, IBM, Ford, Coca-Cola, Pfizer, etcétera. No obstante, la revolución tecnológica de los últimos años y la constante innovación que surge en todos los rincones de Estados Unidos, ha hecho que este grupo reciba a otras empresas como Google, Yahoo!, Facebook o Twitter, que en los últimos años no sólo introdujeron tecnologías disruptivas, sino que también se “corporativizaron” y en gran medida renovaron los atributos que definen a Corporate America.

No existe un concepto similar en México. Pero si tuviéramos que utilizar algo equivalente, digamos “México Corporativo”, y tendríamos que incluir en los atributos de este grupo a empresas que tienen un componente familiar intenso, que tienen un floating en el mercado bursátil limitado, que son encabezadas por miembros de una familia o un grupo de control perfectamente conocido, y que no son sujetas de una renovación interna dentro del grupo mismo, al carecer el país de innovación empresarial constante.

Y es una pena.

Es una pena porque pareciera que México no va a entrar, durante mucho tiempo, en una espiral de renovación de su mundo corporativo. ¿Ejemplo? Mientras escribo estas líneas, dos pacientes infectados por el virus del ébola son atendidos en Estados Unidos con un tratamiento desarrollado por una pequeña empresa de San Diego.

La empresa lleva por nombre Mapp Biopharmaceutical Inc., y de ser exitosa en estos dos casos, es posible que para cuando circule esta edición de Forbes México hayamos escuchado mucho más de ella. Con suerte y dedicación, esta empresa podría saltar a los anales farmacéuticos mundiales como una nueva firma farmacéutica de cuerpo entero, para convertirse en una corporación si un producto —por ejemplo, la vacuna contra el ébola— se convierte en un blockbuster. En cinco años podríamos verla en la Bolsa, cotizando, formando parte de un índice bursátil y con miles de empleados. Podría ser.

Pero en México esta posibilidad está detenida. Grandes alharacas se hicieron en los últimos tres años por el nacimiento bursátil de las fibras y los CKD como vehículos de inversión, pero éstos no son otra cosa que la puesta en orden de empresas que ya existían. El caso de las fibras, muchos las celebran como si fueran las grandes innovaciones, cuando en realidad lo único que se hizo fue poner en paquete las propiedades de los miembros de la comunidad judía, repartirle a cada familiar su paquete de acciones e institucionalizarlas para que dejasen de ser tan intuitivas y líricas. Hay un mérito gerencial, pero no de innovación.

¿Hay empresas en México de tecnologías de la información, biofarmacéuticas, dedicadas a la agrobiotecnología o a la tecnología de la industria energética? Muy pocas. La mayoría son de capital extranjero y sólo están haciendo valer su poder de mercado aquí. Cuando, por ejemplo, me insisten en que en el Tec de Monterrey hay una pléyade de firmas innovadoras, me cuesta trabajo observar su influencia futura. Porque eso se me ha dicho desde hace 10 años, y no he visto en este tiempo ni una sola que se haya convertido en la Google de México. Ni una.

“México Corporativo” está infértil. Es curioso: el IPC de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) será renovado en sus pesos relativos porque Carlos Slim decidió empequeñecer América Móvil tras la regulación asimétrica que le impone la ley, que porque ocho o 10 empresas nuevas se convirtieron en corporaciones que llegaron a pesar más cada día. En pocas palabras: se renueva por la semirretirada de uno, no por la llegada de otros.

¿Qué solución hay? No se trata de una nueva reforma estructural. Llegó la hora de apelar al compromiso emprendedor de los mexicanos. ¡A innovar!

 

 

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