No hace mucho, México era el país predilecto de los inversionistas en América Latina, mientras que Brasil era el gran relegado, inmerso en su lucha contra la recesión y la crisis política. Si bien México puede todavía parecer mejor que Brasil a la luz de varios indicadores, tales como crecimiento, inflación y deuda, las tendencias de ambos países están divergiendo a favor del segundo y auguran un futuro más débil para el primero.

La visita del candidato presidencial estadounidense Donald Trump al país a principios de este mes empeoró notablemente la dinámica política local. El titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray, quien gozaba de una buena reputación, renunció a su cargo tras divulgarse que había aconsejado al presidente Enrique Peña Nieto, que invitara a Trump. La percepción de que el presidente no logró mantener una posición pública firme frente a Trump durante una conferencia de prensa conjunta generó indignación en la población. Los medios están retratando a Peña Nieto como alguien que fue intimidado por Trump, e incluso lo equiparan al presidente Antonio López de Santa Anna (1833–48), bajo cuyo mandato, México perdió la mitad de su territorio en el norte a manos de Estados Unidos.

En una sola jugada, Peña Nieto concedió a Trump una semana de gran publicidad en un momento en que su campaña flaqueaba, provocó la indignación del entorno de Hillary Clinton (quien declinó una invitación posterior para visitar el país) y menoscabó en gran medida su imagen en el ámbito local. Antes de la debacle de Trump, el nivel de aprobación de Peña Nieto se ubicaba en el rango inferior del 20%. Aunque desde entonces no se han publicado otras encuestas, creemos que su nivel de aprobación ha descendido aún más.

Con dos años de gobierno por delante y un capital político agotado, Peña Nieto tiene muy pocas probabilidades de introducir reformas adicionales para mejorar el crecimiento de México. En este sentido, una de sus prioridades debería ser la de impedir que la oposición dé marcha atrás con las reformas ya aprobadas. Al parecer, los mercados esperan que el próximo presidente, que será elegido en julio de 2018, provenga del partido de centro-derecha, PAN. Sin embargo, el populista Andrés Manuel López Obrador, del partido de izquierda Morena, goza de un sólido apoyo público y probablemente se convierta en un aspirante real. Si bien todavía es muy prematuro, creemos que la preocupación de los inversores por este riesgo va en ascenso.

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En nuestra opinión, el sustituto de Videgaray, el político José Antonio Meade, formado en Yale, es un responsable de políticas capaz. No obstante, también es un posible competidor en la contienda presidencial, lo cual plantea interrogantes sobre su determinación para implementar políticas poco populares pero necesarias. En sus primeros días en el cargo, Meade presentó al Congreso un plan de presupuesto fiscal para 2017. La propuesta promete proporcionar el primer superávit fiscal primario de México desde 2008, equivalente al 0.4% del PIB.

El ahorro presupuestario de 240,000 mdp para  2017, constituye un paso en la dirección correcta, pero queda por ver si podrá estabilizar el ratio deuda-PIB del país, que ha subido 10 puntos porcentuales durante la presidencia de Peña Nieto.

Hubiéramos deseado ver a las autoridades esforzarse un poco más, en especial desde que S&P y Moody’s asignaron una perspectiva negativa a sus respectivas calificaciones de BBB+ y A3 para México. En cambio, solo se limitaron a cumplir con las expectativas del mercado. No obstante, como mínimo, si se ciñe al plan, México puede evitar una rebaja de la calificación asignada por S&P. Moody’s, que otorga a México una calificación mayor que sus agencias homólogas, podría igualmente alinear su nota con las de S&P y Fitch. No obstante, los riesgos se inclinan a todas luces a la baja.

Los sucesos recientes confirman nuestras posiciones infraponderadas en el peso y en la renta variable de México en nuestra cartera específica de mercados emergentes. En el segmento de deuda, creemos que las valoraciones de los bonos de deuda pública mexicanos en monedas fuertes son bastante congruentes con los factores fundamentales, pero observamos mejores oportunidades en otras partes de la región, como en Brasil y Argentina.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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