Esta nueva era digital abre la posibilidad de “democratizar” el papel del usuario de la red eléctrica. Solo falta ver si el marco regulatorio y la estructura del mercado mexicano responden a este nuevo reto, permitiendo que se alcance todo el potencial que la tecnología promete.

 

Para entender el contexto de la Red Eléctrica Inteligente (REI), podemos hacer referencia a un documento del Departamento de Energía de Estados Unidos que enfatiza la diferencia en la evolución de los dos monopolios naturales por excelencia, la red eléctrica y la red telefónica, durante los últimos 100 años.

Si Alexander Graham Bell viera hoy el desarrollo que las telecomunicaciones han tenido a partir de su invento, no reconocería los equipos ni las interfaces que utilizamos hoy en día, pasando de lo analógico a lo digital, de la transmisión de voz a la de datos, del cobre a la fibra óptica y de la telefonía fija a la móvil con los smartphones que utilizamos. Sin embargo, si Thomas Alva Edison se trasladara de finales del siglo XIX hasta nuestros días, reconocería la mayoría de los elementos que constituyen a la red eléctrica: centrales generadoras, líneas de transmisión, aisladores, subestaciones, transformadores, cuchillas, interruptores, hasta el punto del usuario final con el medidor electromecánico. La electrificación de la economía se considera el logro más importante del siglo XX, pero su evolución tecnológica se mantuvo imperturbable hasta hace poco, con el advenimiento de la era digital.

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Desde hace algunos años, se utiliza el término “Red Eléctrica Inteligente”(REI) para referirse al sistema eléctrico moderno que interconecta a los diferentes componentes entre sí en tiempo real y que promete un futuro de autos eléctricos, generación distribuida a través de energías renovables y un sector eléctrico más amigable con el medio ambiente.

La REI es un sistema eléctrico que, para brindar mejores servicios a los clientes y mejorar la gestión de los procesos de generación, transmisión, distribución y consumo de energía eléctrica, aprovecha un gran volumen de información (datos de consumo y medición de variables que determinan la condición de los equipos críticos para la operación del sistema eléctrico) utilizando redes de comunicación y sistemas de procesamiento de datos para optimizar los procesos y minimizar costos.

Sin embargo, detrás de toda la publicidad exagerada sobre el tema, se deben de separar aquellos elementos que siempre han estado ahí, pero que ahora reciben la etiqueta de “inteligente” de aquellos que son verdaderas innovaciones que contribuirán a incrementar la eficiencia y productividad de, en este caso, la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

En buena medida, la REI se trata de contar con mejor información para la toma de decisiones, tanto por parte del suministrador como del consumidor. Esto requiere de mayores cantidades de sensores y dispositivos de monitoreo de los equipos, los cuales en menor o mayor medida ya se utilizaban hace años, pero que al contar con un despliegue más generalizado y con capacidad de procesamiento de datos también mayor, ya forma parte de un sistema integrado, que puede permitir la extracción de valor de esta información.

Pero contar con más datos no es suficiente, debes saber cómo interpretarla y utilizarla, pues una gran cantidad de datos se puede traducir en una pobre información. Con medidores bidireccionales instalados a través de proyectos piloto en lugares como la colonia Polanco en el Distrito Federal, se pasa de tomar lectura una vez cada dos meses a 96 veces al día, que se traduce en 3,000 veces más información.

Si bien esta nueva infraestructura de medición supone la posibilidad de incorporar tarifas horarias e introducir electrodomésticos que respondan a señales de precios enviadas a través de la red, la realidad es que el despliegue de esta infraestructura tiene más que ver con reducir mantenimientos no programados y lecturistas para así poder reducir costos. En México, aunque en realidad hay una necesidad de hacer más “inteligente” a la red para colaborar en la consecución de las metas del país en la reducción de gases de efecto invernadero, los activos físicos tradicionales, los fierros, necesitan ser actualizados y modernizados para incorporar tecnologías de generación, como las renovables o almacenamiento de energía.

Existen, además, otras opciones antes de seleccionar tecnología “inteligente”, como es el incrementar el mallado de la red para darle mayor robustez. En países como Estados Unidos o Europa, la ampliación de la red presenta grandes obstáculos, mientras que en México puede ser una solución más costo-efectiva para responder a las nuevas necesidades de operación con la intermitencia de recursos energéticos como el eólico o el solar.

Otro mito es considerar que la red inteligente es necesaria porque se debe responder cada vez más rápido a las fallas en la red. Al considerar la rapidez de la respuesta como una métrica para la red inteligente, CFE reconoce que se deben poner límites y evitará gastar recursos para ser más rápido si la situación específica no lo amerita. Se requieren de herramientas para el manejo de estos terabyts de información que serán generados y comunicados a lo largo de la cadena de suministro; la integración efectiva de esta información es clave, pero hay un rezago importante en la infraestructura tecnológica actual de CFE que debe ser superada antes. La realidad es que no se cuenta con la capacidad de almacenamiento y procesamiento de la información bajo las condiciones operativas y presupuestales actuales.

La REI no debe entonces concebirse como un fin en sí mismo, sino como un medio para mejorar el estado de resultados de la CFE. La capacidad de generación y transmisión en México se duplicará en los siguientes 15 años y, para ser relevante, las tecnologías y herramientas de la REI necesitan ser parte de esta expansión, pero sin perder de vista el papel de las herramientas tradicionales.

La electrificación de la economía se considera el logro más importante del siglo XX, pero esta nueva era digital abre la posibilidad de “democratizar” el papel del usuario, el cual se mantuvo imperturbable hasta hace menos de un lustro, pasando de un usuario pasivo a uno que participa en el mercado y puede inclusive asumir el papel de proveedor del servicio eléctrico. Solo falta ver si el marco regulatorio y la estructura del mercado mexicano responden a este nuevo reto, permitiendo que se alcance todo el potencial que la tecnología promete.

 

 

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