¿Conoces la frase “too big to fail”? Es una expresión utilizada en el ámbito de los negocios para describir a una empresa que ha llegado a ser tan grande, tan importante o tan influyente que su fracaso sería impensable. En dado caso, resultaría más viable salvar a esa compañía que padecer las consecuencias de su ausencia.

A lo largo de la historia hemos visto varios ejemplos que confirman esta frase, especialmente las empresas que los gobiernos rescatan en épocas de crisis: bancos mexicanos en el 94 o AIG y General Motors en el 2008-2009. Sin embargo, también conocemos escándalos como Enron o Lehman Brothers, a quienes ni el Tío Sam pudo salvarlos. Estos sucesos nos recuerdan cómo hasta el gigantesco Goliat perdió contra el tiro certero de una piedra.

Actualmente, las empresas consolidadas están adaptándose al empuje tecnológico de este siglo. Aquellos negocios que no lograron ser competitivos se convirtieron en ejemplos de fracaso que ahora forman parte de nuestra memoria: ¿te suena Blockbuster a quien se lo comió Netflix, o Barnes & Noble y Toys “R” Us que fueron “Amazonizados”? Claramente estas no serán las últimas, la disrupción tecnológica en industrias como Seguros y Bienes Raíces son “the next big thing” en Sillicon Valley. Estamos en una época de batallas épicas. La que me parece más interesante en el corto plazo es: Walmart vs. Amazon. Es como Mike Tyson contra Evander Holyfield con la velocidad de Floyd “Money Maker” Maywether. Veremos quiénes son los ganadores.

¿Qué se necesita para hacer frente a todos estos cambios?

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Citando a Darwin, “no son las especies más fuertes ni las más inteligentes las que sobreviven, sino las que mejor se adaptan al cambio. Adapt or Die”.

Existen gigantes de las finanzas, del sector energético o del entretenimiento que no pudieron iterar de manera oportuna y exitosa. Pero si los más fuertes y más grandes no lograron adaptarse (quizá porque lo que fue su fortaleza se convirtió en su más grande debilidad), ¿qué nos espera a las startups en fase de crecimiento? Como dirían por ahí: “en tiempos de crisis unos lloran y otros venden pañuelos”.

Una de las grandes sorpresas la está dando Best Buy. ¿Te acuerdas de Best Buy? ¡Volvió… en forma de asesoría a domicilio! Así es, la última cadena estadounidense de productos electrónicos encontró la forma de no ser “Amazonizada” al darse cuenta de que podrían mantener una relación a largo plazo con sus consumidores si entraban a sus casas para ayudarlos a instalar o programar sus aparatos. Además, igualaron los precios de sus competidores e incluso les permitieron ocupar sus instalaciones como aparadores de sus productos. El encanto del “window-shopping” nunca había sido tan redituable.

Todas estas transformaciones se resumen en la teoría de la bicicleta de Hubert Joly, actual CEO de Best Buy, en la que menciona la inutilidad de dirigir una bicicleta en punto muerto, pues a falta de desplazamiento te caes. La clave es ponerse en movimiento y crear energía, “Adapt or Die”.

¿Es esta falta de movimiento la que afecta a las empresas que fracasan? Quizá. Los fracasos son multifactoriales, pero es importante ilustrarse con los errores de otros y entender que unas lecciones se deberán aprender a través del ensayo y error propios.

The Failure Institute se dedicó al estudio del fracaso empresarial y lo transformó en experiencia de aprendizaje. De ahí sabemos que los 5 principales motivos por los que cierra un emprendimiento en México son: (1) ingresos insuficientes para subsistir, (2) falta de indicadores, (3) falta de procesos de análisis, (4) planeación deficiente y (5) problemas en la ejecución.

No sé si te diste cuenta, pero en gran medida las áreas de las que surgen estos problemas son finanzas y administración. Además, involucran un tratamiento numérico que impacta desde la obtención de nuestros recursos, hasta la transparencia en el manejo de los mismos. Claro, una institución o un inversionista no se sentirá tan confiado en participar contigo si no puedes demostrarle cómo se va a invertir el capital que te ha confiado.

Al parecer, esto es un síntoma de los emprendimientos, pues de acuerdo con el “Instituto del Fracaso”, el 57% no llevaba su contabilidad de manera formal. ¿Eso significa que si contrato un contador mi empresa no fracasará? ¡Por supuesto que no! Sin embargo, si llevas una contabilidad y entiendes los estados financieros de tu empresa, serás capaz de determinar cuánta vida te queda (Runway le dicen los VCs). Te sorprendería ver cuántos “CEO” de startups no se meten en la contabilidad porque no es sexy y para eso están los contadores… ¡Nada más equivocado que eso!

Si con todo lo anterior te debates entre seguir adelante con tu proyecto o detenerlo por miedo al fracaso, yo te recomendaría que siguieras adelante. Hazlo sabiendo que existen riesgos que debes identificar y que puedes mitigar con buenas prácticas. Incluso, si los resultados no son los esperados, debes salir todos los días con los guantes bien puestos para acomodar los golpes que te permitan defender tu empresa. Siempre pensando que la idea original podría mutar en otros productos y/o servicios, de nuevo “Adapt or Die”.

No me dará tiempo de finalizar el tema, aún falta contarte que a mí también me ha tocado bajar la cortina de algún negocio, pero eso lo veremos en la siguiente ocasión. Mientras tanto, finalizo con la frase de Mike Tyson: “Everyone has a plan until they get punched in the face”.

 

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