Quito, es una de las más hermosas ciudades de América Latina con un impecable aire colonial que recorre el valle de la ciudad capital. La mitad del mundo hoy ve sus calles sitiadas por el ejército que trata de poner un alto a la confrontación y regresar la calma a esas calles que hasta hace unos meses respiraban estabilidad.

El cambio de régimen, de Rafael Correa a Lenin Moreno, no ha sido sencillo para la población ecuatoriana. Guste o no, el Mashi (como le llamaron en su tiempo al expresidente) tiene sus méritos y, no son pocos. Nada menos con con él regresó el orden institucional y la confianza en las instituciones. Después de un periodo de amplia inestabilidad política, Correa llegó al poder para devolver la esperanza en la democracia y la certeza en el desarrollo.

A través de los años Ecuador se convirtió en un punto de referencia para la región, con un gobierno que había logrado estabilizar y transformar las políticas públicas.

Como sucede en América Latina, en Ecuador la adopción de los modelos económicos y políticos extranjeros ha dejado secuelas graves, lo vemos hoy con el reclamo que resuena en sus calles.

Por años el subsidio a los combustibles había sido parte de los programas para el desarrollo agrario del país y hoy, ante la decisión de ser eliminado como parte de las medidas de austeridad anunciadas por el actual presidente Moreno, este se ha vuelto parte importante del malestar social y la crítica al actual gobierno.

Aunque proveniente de las mismas filas partidistas, Lenin Moreno y Rafael Correa no tienen coincidencias políticas. De manera tajante y desde su exilio en Bélgica, el ex presidente ha expresado sus críticas al gobierno de Moreno y le ha acusado de querer imponer prácticas neoliberales a través de un paquete fiscal que daña a los sectores más vulnerables de la población.

En medio de esta convulsión política, Rafael Correa ha sido acusado de desestabilizar al país y de armar, desde la lejanía, un complot golpista (de la mano de Nicolás Maduro) en contra del actual gobierno.

Como sucede en las realidades polarizadas, las consecuencias y afectaciones más graves las viven los más vulnerables, aquellos a quienes las promesas rotas y las políticas públicas ineficientes afectan directamente. 

El resultado de la política de austeridad que ha anunciado Lenin Moreno desde el inicio de su gobierno, acusando al gobierno anterior de haber dejado inestabilidad, pobreza, endeudamiento y corrupción, tiene su primera reacción en esas calles que no solo han visto la muerte y la frustración ciudadana; sino en la voz de una población que una vez más cuestiona si de algo ha servido confiar una vez más en las promesas de bienestar y estabilidad.

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La autora es Licenciada en Relaciones Internacionales por el Tec de Monterrey Campus Estado de México, con Mención Honorífica (1998), Maestra en Diplomacia con especialidad en Terrorismo por la Universidad de Norwich (2010) donde también realizó estudios de Doctorado en Relaciones Internacionales.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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