A fin de alcanzar el objetivo de fomentar el desarrollo de las regiones más rezagadas del país y disminuir la inseguridad es necesario tomar en cuenta a las mujeres.

 

La competitividad de un país es un factor clave para la prosperidad y el mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes. Una marcada brecha de capacidades y de innovación limita la productividad en el sur de México. Una Zona Económica Especial es un área con ventajas geográficas y logísticas para elevar la productividad de una región. Las Zonas Económicas Especiales son una iniciativa que presentó el Ejecutivo para desarrollar los estados más rezagados económicamente y donde está concentrado un alto porcentaje de población en condiciones de pobreza (Chiapas, Oaxaca, Veracruz y Guerrero).

Las Zonas Económicas Especiales tienen el potencial de aumentar la productividad, fomentar el crecimiento económico y generar fuentes de empleo. Es una iniciativa que podría reducir las terribles desigualdades regionales en nuestro país mediante el desarrollo industrial, la inversión pública y privada, la generación de empleo y el desarrollo de cadenas de valor. Sin embargo, el desarrollo no puede ser concebido sin la igualdad de género. Conforme la innovación se vuelve la principal fuente de crecimiento de los países, la baja presencia de mujeres en los grandes sectores de innovación tiene altos costos económicos y sociales.

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Este nuevo proyecto debe integrar a las mujeres y propiciar las condiciones favorables para que participen de manera activa y segura. No son suficientes las ventajas administrativas, el financiamiento preferencial, la ubicación geográfica y los incentivos fiscales de las Zonas Económicas Especiales. Es necesario que también protejan los derechos humanos de los trabajadores y fomenten los valores de justicia, equidad y respeto. No se trata solamente de crear fuentes de empleo, sino de que éstos sean dignos y de calidad.

A finales de los años sesenta, en la frontera de México con Estados Unidos se instalaron varias plantas ensambladoras conocidas como maquiladoras. En esta industria, la mayor parte de la fuerza laboral es femenina. Aunque es una manera de integrar a las mujeres en la economía y fomenta su independencia financiera, muchas han enfrentado discriminación, injusticias y condiciones laborales indignas. Asimismo, esta integración no estuvo acompañada de otras acciones para apoyar la doble carga que la mayoría de las mujeres enfrenta como guarderías, horarios flexibles de trabajo y licencias de maternidad. Esto contribuyó al aumento de la inseguridad y a que las mujeres continuaran en una situación de desventaja.

En las Zonas Económicas Especiales no pueden existir estas penosas situaciones. Hay que aprovechar que la iniciativa se encuentra en una etapa temprana para considerar estos aspectos desde un inicio. Para aumentar la productividad de la región, también se deben cumplir los derechos laborales de todos los trabajadores, eliminar la brecha salarial de género, pagar salarios justos, establecer condiciones de trabajo dignas y otorgar seguridad social. Este nuevo proyecto debe estar a la vanguardia, eliminar los patrones de discriminación hacia las mujeres y no reforzar las desigualdades de género. Debe fungir como un mecanismo que valore a las mujeres como agentes económicos e impulse su desarrollo integral.

La creciente participación de las mujeres en todos los sectores de la sociedad tiene un impacto positivo en la competitividad de los países. Las mujeres representan la mitad de la población y, por lo tanto, también la mitad del capital humano, el talento y la capacidad de innovación. Integrar a la mujer en la economía no solamente es lo justo, sino que es un buen negocio y contribuye al desarrollo sustentable de un país.

Para verdaderamente transitar del asistencialismo al crecimiento incluyente, las mujeres son una pieza clave del proceso. El objetivo de fomentar el desarrollo de las regiones más rezagadas del país y disminuir la inseguridad necesita tomar en cuenta a las mujeres. El proyecto de las Zonas Económicas Especiales no será un éxito a menos que considere una perspectiva de género que impulse la integración femenina, evite la discriminación, garantice la seguridad y proteja los derechos de las trabajadoras.

 

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