A lo largo de más de treinta años de experiencia en el sector financiero, Patricia Armendáriz se ha convencido de que el empoderamiento de las mujeres empieza con la crianza.

“A las mujeres desde muy niñas las hacen sentir que necesitan una protección adicional o que son incapaces de hacer cosas osadas, muchas de las limitaciones nacen en el ambiente en que las mujeres fueron educadas desde niñas”.

Armendáriz ha ocupado cargos como directora de instituciones financieras, negociadora internacional y reguladora. Forma parte de la iniciativa Decididas que busca empoderar a las mujeres a través de la difusión de las historias que han marcado algún ámbito de interés público a través de decisiones de vida de mentoras en materia de equidad.

“Se tiene que cambiar la idea de que el carácter maternal o las características propias de las mujeres, por rasgos culturales o fisiológicos son una desventaja, porque en realidad es al contrario. Una mujer que tiene carácter maternal asume responsabilidades sobre las empresas en las que trabaja, las mujeres somos multitask y eso nos permite concentrarnos en varias cosas a la vez, esas son cualidades valiosas”

Patricia Armendáriz nació en 1955 en una comunidad de agricultores, en Chiapas. A los 16 años estudió la carrera de Actuario Matemático en la UNAM y mientras cursaba un posgrado en Estados Unidos conoció a Pedro Aspe, entonces Secretario de Hacienda quién le pidió apoyo para que se integrara como negociadora del TLC en servicios financieros. Habiéndose firmado el TLC, fue designada vicepresidenta de supervisión de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores.

Hoy es directora de Financiera Sustentable, desde donde apoya a pequeños empresarios a través de crédito y afirma que la educación de las niñas debe inculcar la confianza para aprender a partir de pruebas y errores.

“Las mujeres tienen una gran carga emocional a cuestas, tienen la descalificación por delate y hay mucho miedo a fallar. Una mujer, antes de decir que quiere un puesto tiene que demostrar que sabe más o igual que todos sus compañeros hombres, muchas no levantan la mano por miedo, pero todas debemos ejercer el derecho a equivocarnos porque nos permite aprender”.

Desde su perspectiva, lo mismo ocurre con las empresarias que inician un negocio y fracasan. “Antes de preguntarse ‘oh, ¿ahora qué será de mí?’ Deben preguntarse cómo capitalizar lo que aprendieron, cómo lo que les pasó las va a fortalecer para el siguiente proyecto”.

 

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