Por Edmar Ariel Lezama*

El próximo 1 de julio el nuevo tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá entrará en vigor, lo cual ha sido aprovechado por Donald Trump para citar al mandatario mexicano y canadiense a una reunión que, aunque es visita de Estado, tiene muchos más tintes de mitin electoral por el discurso reciente del Presidente estadounidense.

El juntar a Justin Trudeau y Andrés Manuel previo a la parte más complicada de la campaña electoral para la reelección presidencial estadounidense, es una señal al electorado de que Trump es capaz de cumplir sus promesas en torno a un comercio más justo para su país, así como poner sobre la mesa el control de las fronteras y restricciones a la migración.

Al final, Justin Trudeau y Andrés Manuel pueden decidir asistir o no a Washington D.C. y en su lugar tener una reunión vía remota a través de una videollamada o grabar un video en el cual se señale las fortalezas del nuevo acuerdo comercial y resalte la unión entre países, lo cual es válido en un momento en que las fronteras están cerradas por la pandemia.

Dejando de lado el tema sanitario, Andrés Manuel ya ha confirmado su asistencia a la reunión, lo cual debe ser comparado con lo que ocurrió en agosto de 2016, cuando Enrique Peña Nieto invitó a Trump cuando todavía era candidato a la presidencia estadounidense.

Enrique Peña Nieto, asesorado por Luis Videgaray, tomó el riesgo de invitar a Trump, pensando que podrían conocerlo y negociar para que su discurso fuera menos agresivo; al final eso no ocurrió, ya que los dichos sobre el muro y los migrantes mexicanos continuaron, sumado a que, a partir de ese momento, lo poca popularidad que quedaba del presidente mexicano se fue diluyendo en la última parte de su administración. La parte mediática fue desastrosa, pero siempre hay más que eso.

Lo que no sabremos de momento, es si esa reunión ayudó en algo a que las negociaciones para renovar el viejo TLCAN iniciaran y pudieran culminarse meses después. Tampoco sabemos si ese encuentro significó alguna otra ventaja para México en lo comercial, migratorio o de seguridad nacional. Simplemente se tomó el riesgo de organizar la reunión a pesar de que significaba perder en popularidad y el país se polarizó después en un grupo a favor y otro en contra de la visita.

Hoy Andrés Manuel, afirma que la política es siempre caminar en la cuerda floja, tomar riesgos (tal como hizo Enrique Peña Nieto en su momento), lo cual es cierto; no olvidemos que su visita a la Casa Blanca inicia con un Estados Unidos comprometido a ayudar a México en el tema de recorte de producción petrolera ante la OPEP, además de comenzar un puente aéreo para la venta de respiradores artificiales para enfermos de Covid-19, lo cual motivó tomar ese riesgo.

Andrés Manuel se enfrenta hoy al mismo dilema que tuvo Enrique Peña Nieto y quizá han tenido todos los presidentes de México, desde Manuel Ávila Camacho al momento de recibir o visitar a Presidentes de Estados Unidos, ya que siempre existe un interés de ambas partes al encontrarse.

Hoy Trump tiene un interés electoral y seguramente Andrés Manuel uno económico, ya que México necesitará de un Estados Unidos fuerte y dispuesto a comprar todas las manufacturas mexicanas, sumado al apoyo que dan en seguridad y la parte sanitaria, ya que la pandemia en ambos países está lejos de terminar.

Al final, Andrés Manuel decidió tomar el riesgo de visitar Estados Unidos en un momento muy difícil, lo cual debe verse reflejado en alguna mejora al país y en función de eso es que se debe calificar su visita, por lo que resultará difícil poner una nota buena o mala en el corto plazo.

La calificación se podrá otorgar hasta que se tenga la información suficiente para entender si valió la pena sacrificar puntos de popularidad o mantener a México en la polarización actual entre quienes aplauden todo y quienes nada aprueban del Ejecutivo mexicano.

Una mitad de los electores desearán que Andrés Manuel fracase en su visita a Estados Unidos para poder señalarlo como el peor presidente mexicano de la historia; la otra mitad, buscará todos los argumentos para hacerlo ver como un gran estadista y que ha logrado acuerdos con un país poderoso que difícilmente cede algo a cambio.

Lamentablemente el debate en México se centrará en eso, cuando en diplomacia y política, el estar en momentos difíciles es también una forma de negociar y los resultados no los veremos inmediatamente.

Las próximas semanas la tensión entre quien repudia y adora a Andrés Manuel tendrá momentos duros, ya que estará involucrado Estados Unidos, pero valdrá la pena como sociedad tener paciencia y saber analizar qué se ha ganado y perdido de ese viaje, y sobre eso, seguir construyendo acuerdos con el vecino del norte y al interior del país.

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El autor es Coordinador del Programa Único de Especializaciones en Economía, tiene un Posgrado de la Facultad de Economía, UNAM.*

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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