Leí la frase “mucha sociedad, poco gobierno”, en uno de los miles de memes que han circulado por las redes sociales en referencia a lo que los mexicanos y mexicanas hemos atestiguado durante las horas y días post-sismo del 19 de septiembre. Y es cierto, el liderazgo del gobierno, en sus tres niveles, ha dejado mucho que desear; incluso, en algunos momentos, éste ha estorbado más que ayudado.

La sociedad se ha llevado las palmas en estos días, con sus cadenas humanas para sacar escombros, con sus donativos en dinero y en especie, con su solidaridad y aliento, con sus llamados a la acción, con su voluntad, fuerza y entereza para enfrentar las consecuencias de una de las catástrofes más fuertes en las últimas tres décadas.

Celebro y agradezco el apoyo de los ciudadanos extranjeros que tan valioso, también, ha sido. Yo participé de diferentes maneras y pude constatar la realidad de este reclamo. Este artículo lo escribo mientras coordino el envío de otras tres toneladas de ayuda a comunidades de Guerrero.

Lo cierto es que este sismo nos volvió a recordar que la sociedad mexicana es imparable cuando participa y se une. Nos recordó que la sociedad mexicana quiere participar, sabe participar y le sobran fuerzas y amor para hacerlo. Pude presenciar cómo la misma gente humilde del pueblo de Huatecalco, Morelos, colaboraba para ayudar a sus conciudadanos dando lo que podía. El amor y la voluntad brotaron de todos los corazones, sin distinguir ancianos o niños, géneros, razas, poder adquisitivo o creencias. Hoy, el gobierno sabe que la sociedad mexicana quiere participar, y es una locomotora cuando lo hace.

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Este fenómeno no es nuevo; una y otra vez, a lo largo de la historia, hemos dado muestra de la fuerza de la colectividad y, a pesar de ello, los espacios que el gobierno le ofrece a la sociedad para participar han sido reducidos, casi nulos.

Los ciudadanos no nada más queremos participar en momentos de desastres naturales: queremos participar en todo.

Hay miles de contadores y financieros capacitados para revisar las cuentas públicas: ¡que los dejen participar como voluntarios! Hay miles de arquitectos e ingenieros civiles que quisieran poder revisar y supervisar la construcción de obras públicas (y evitar socavones): ¡que los dejen participar! Hay miles de ciudadanos capaces de observar la transparencia de las licitaciones: ¡que los dejen participar! Hay tantos mexicanos y mexicanas capaces de ofrecer horas dando clases en escuelas públicas, o como enfermeras o doctores, como asesores agrícolas y ganaderos, como mentores de empresas sociales… ¡que los dejen participar! Que permitan la participación voluntaria de miles de científicos mexicanos que se han tenido que ir del país buscando oportunidades.

La sociedad quiere participar más, pero los espacios públicos que lo permiten son contados. Los políticos y funcionarios tienen miedo del involucramiento de la sociedad, porque esconden cosas, secretos y transas; por ello, prefieren vivir en la opacidad y el sigilo, excluyéndonos.

Éste es un llamado a los gobernantes (en los tres niveles de gobierno), al poder Legislativo y al poder Judicial; la sociedad ya les demostró que, cuando participa, salva vidas y las cosas avanzan; así que… ¡déjenos participar!

Es hora de que se cree una Secretaría para la Participación Ciudadana, que fomente, permita y oriente la participación de la sociedad en todos los territorios públicos. No debería ya de haber ningún espacio privado, secreto u opaco; si acaso, sólo en ciertas áreas sensibles. La sociedad es más que una pagadora de impuestos; quedó demostrado que es una fuerza imparable y capaz de cambiar lo que sea, siempre y cuando se le permita.

Llamo a los ciudadanos a no bajar la guardia y seguir con ese deseo increíble por participar en la superación de las adversidades. La realidad es que México vive una emergencia permanente por la pobreza, que azota a más de 60% de la población; ahí también se requiere tu amor, voluntad y capacidades extraordinarias.

¡Que nos dejen participar de manera permanente!

 

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