A lo largo de la pandemia, hemos visto gran interés en incorporar la tecnología para contribuir a resolver los múltiples retos que se han presentado. Las implementaciones son tantas que ha habido diferentes grados de éxito, desde el notable desarrollo y manufactura de las vacunas hasta los fallidos sistemas de rastreo de contactos a través del celular.

En esta ocasión, gana notoriedad el debate sobre cómo comprobar que una persona se ha vacunado y qué rol debe tener la tecnología. Ante ello, vale la pena preguntarnos, ¿qué son los comprobantes de vacunación y por qué importan? Y, ¿qué debates nos generan?

¿Qué son y por qué importan?

De forma práctica, he utilizado el nombre de comprobante de vacunación a un documento que también llega a ser llamado certificado —o inclusive pasaporte— de inmunidad o de recuperación, que permite verificar que una persona recibió una vacuna, con una serie de consecuencias relevantes.

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Este documento podría coincidir en algunos aspectos con la cartilla de la vacunación que se utiliza en países como México, pero la diferencia está en su intencionalidad de uso: de funcionar como un certificado o pasaporte, podría reducir las restricciones de salud pública exigidas a sus portadores. Con esta lógica, si una persona tiene anticuerpos contra el Covid-19, podría accesar a más actividades de la vieja normalidad —viajar internacionalmente, la más deseada hasta la fecha— que podrían ser riesgosas que aquellas personas que no tienen anticuerpos. Además, este concepto se puede aplicar en varios sentidos:

1. En función de lugares y actividades – Se podría utilizar para accesar a reuniones sociales y recreativas, lugares de trabajo e inclusive, eventos sociales. Esto puede ser una evolución de la solicitud de las pruebas PCR y de antígenos solicitadas para asistir a bodas, fenómeno que ha ganado popularidad en México.

2. Ecosistemas de empresas o industrias – Una serie de empresas con perfiles o intereses similares pueden agruparse para expedir sus propios mecanismos de reconocimiento de que una persona tiene inmunidad contra el coronavirus original. Destaca la alianza alrededor de la IATA Travel Pass Initiative, que agrupa a 28 aerolíneas que, en última instancia, ofrecen un ‘pasaporte digital’ que comparte con sus empleados y las autoridades que una persona ha sido vacunada y así disminuiría la carga de medidas para viajar.

3. A nivel municipal o estatal – En México, se podría dar el caso de que un gobierno municipal o estatal expida sus propios pasaportes de vacunación, tal como emite licencias de conducir, por ejemplo. La pandemia nos ha dado muestras de restricciones de movimiento entre estados, por lo que la tentación existirá, inclusive solo para aumentar la recaudación. En EE.UU., el estado de Nueva York emitió el Excelsior Pass, que permite al usuario entrar a estadios y otros recintos. Por otro lado, se puede dar un movimiento anti uso de certificados a nivel estatal, como ha sucedido en los bastiones republicanos de Texas, Florida, Arizona y Utah.

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4. A nivel país – Aquí se puede distinguir a los países que estudian su conveniencia, los que han decidido que los implementarán —tales como Australia, Suecia y Dinamarca— y los que ya los utilizan, como Israel, con su “pase verde”. Este caso es más interesante aún: conforme el país se acerca a la inmunidad de grupo—que para la cepa original del virus SARS-CoV-2 era de alrededor del 70%— y ya que han caído los casos graves y defunciones, el certificado es menos relevante dentro del territorio nacional. Análogamente, el país ya liberó la obligación de utilizar cubrebocas en espacios abiertos.

¿En papel o en digital? Y, ¿para qué?

Tradicionalmente, los registros de vacunación han tenido un componente de papel, que recientemente se ha ido digitalizando, aunque el uso de cartillas de papel no ha sido sustituido al cien por ciento por tecnología. En este tiempo, también ha crecido el apoyo de los usuarios a tener registros personales e identificaciones dentro de sus smartphones.

En la práctica, el despliegue de las vacunas y los diferentes enfoques sobre la privacidad de los usuarios han derivado en distintos tipos de registros. Por ejemplo, en EE.UU., se entregan tarjetas de papel con cierta información personal, indicando el lote utilizado; la tarjeta tiene datos llenados a mano y se llega a registrar en bases de datos estatales. De hecho, al no tener una credencial de identificación nacional, los registros están fragmentados, pero en el camino, otros jugadores como las instituciones que vacunan previa cita recopilan datos de los vacunados.

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En México, los comprobantes van desde papelitos hasta el asentamiento en cartillas de vacunación, y prácticamente no se registran los lotes de las vacunas inyectadas en los comprobantes que se llevan las personas. Al principio, se trató de cruzar con el CURP, pero igualmente el padrón será insuficiente, dadas las millones de personas que terminarán vacunándose en EE.UU.

En un mundo más digital, parecería conveniente manejar esta comprobación electrónicamente, pero antes hay diferentes temas por resolver. En primer lugar, ahora existen decenas de organizaciones, cámaras de comercio, startups, corporaciones, entre otras, que quieren emitir estos pases. Los esfuerzos que mejor cristalizarían su uso serían aquellos en los que participen Big Techs y gobiernos, y tengan alta capacidad de interoperabilidad de datos, generalmente, con una filosofía de código abierto y respeto a la privacidad. Sin embargo, la falta de acuerdos puede ser un obstáculo relevante.

En segundo lugar, la mayoría de estos esfuerzos tienen a jugadores con una clara agenda para generar utilidades o influir geopolíticamente, lo que crea conflictos de interés dentro de estos asuntos públicos. La mayoría de estos jugadores no estarían dispuestos a ‘donar’ los desarrollos, asentarlos sobre código abierto o perder el control sobre éstos.

Otra fuerza son los gobiernos, ya que los países que han acaparado vacunas, tendrían más interés en implementar sus sistemas y mecanismos, en ocasiones por agenda y en otras por simple convicción de que su plataforma es mejor.

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Por tanto, el solo uso de los certificados de vacunación como pasaportes, podría facilitar la reactivación de actividades, pero también desigualdades:

– Su uso mismo amenaza libertades civiles y derechos de privacidad.

– Así como la vacuna ha creado desigualdad entre países según su acceso a ella, también podríamos tener ciudadanos discriminados para participar en ciertas actividades, hasta que no tengan acceso a las vacunas. Esto se vería acrecentado para minorías desfavorecidas, ya sea históricamente, o específicamente por los planes de vacunación, más allá de los grupos anti vacunas.

– En territorios más corruptos, habrá suplantaciones, mercados negros, falsificaciones, entre otras actividades que afectan la solidaridad social.

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El Covid-19 y los límites a esta tecnología

En una época que quiere utilizar la tecnología para resolver cada problema, la efectividad real de los ‘pasaportes’ de inmunidad puede estar altamente definida por el virus mismo y el desarrollo de la pandemia. En primer lugar, se reitera que un territorio con alta inmunidad no tendrá necesidad práctica de utilizar estos documentos.

En segundo lugar, se requerirían acuerdos entre las partes o al menos, interoperabilidad de datos, lo que se ve complicado de conseguir a nivel internacional: los países con mayor capacidad para desarrollar la vacuna —en la mayoría de los casos, con mayor nivel científico y económico— han doblado las buenas intenciones del multilateralismo.

La dificultad para conseguir cuántas y cuáles vacunas también acarreará una factura, ya que países como México tiene una mezcla de vacunas circulando: con rangos de efectividad contra la mortalidad y hospitalización contra el virus SARS-CoV-2 mayores al 80-90%, de 50-90% contra Covid sintomático, y con diferentes protecciones dependiendo de edad y ante otras cepas que han estado funcionando.

Al día de hoy también desconocemos la duración de la inmunidad, mientras que algunas vacunas requerirán de inyecciones adicionales para lidiar con las nuevas cepas que están apareciendo, lo cual disminuiría la utilidad real de estos ‘pasaportes’.

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Finalmente, la Organización Mundial de la Salud decidió por ahora no recomendar estos documentos “como un requisito de entrada o salida porque no estamos seguros de que la vacuna prevenga la transmisión[…] necesitamos más datos.” Añadieron, pensando en los países que apenas y han recibido vacunas “la discriminación contra las personas que no pueden recibir la vacuna por una razón u otra.”

Conclusiones

La implementación o no de ‘pasaportes de vacunas’ podría incluir a políticos con más interés por la percepción entre votantes que por la evidencia científica, o por hacer caso a las presiones ciudadanas para que ‘alguien haga algo’.

También se puede caer en un ‘teatro de pasaportes’, concepto análogo al de ‘teatro de higiene’, que describe a las medidas de higiene que se han tomado —y se siguen utilizando— sin tener efectividad real para combatir el virus, pero que sí dan una falsa sensación de seguridad, tales como la toma de temperatura, los arcos desinfectantes, entre otras medidas. Aquí el teatro sería para entrar a lugares, actividades, o negar el acceso a otras anteponiendo el uso del documento y descuidando la implementación de medidas efectivas.

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Reflexionar sobre este tema deja claro que en México, la orientación y la evolución de las recomendaciones al creciente número de personas vacunadas ha sido insuficiente. Se ha mencionado que adultos mayores podrían regresar a trabajar o comprar en supermercados, pero poco más sobre qué nuevas actividades podrían retomar las personas vacunadas.

Finalmente, seguir este debate es importante debido a que muchos derechos y libertades se han acotado ‘debido a la pandemia’, mismas que difícilmente se recuperarán sin una lucha posterior. Conforme avanza la tecnología, ésta creará desigualdad —con efectos en ambos sentidos— y otros desequilibrios, con implicaciones éticas y morales que hay que debatir.

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Por Javier Arreola*

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