Todavía no existe un panorama claro sobre cómo la llegada de Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos impactará en la economía mexicana. Esto, debido a que hasta enero próximo se conocerá si su partido alcanza mayoría en el Senado, o no. Sin embargo, se prospectan importantes transformaciones en materia regulatoria y, particularmente, en la búsqueda del cumplimiento de los acuerdos firmados en el T-MEC.

El hecho de que todavía no exista certeza sobre qué partido tendrá mayoría en el senado, impide conocer si finalmente se aplicarán cambios relevantes en materia impositiva —parte del plan fiscal de Biden propone incrementar la tasa corporativa al 28% y aumentar a 39.6% el impuesto sobre la renta a personas físicas—. Con una mayoría republicana —aunque no con una brecha tan importante—, Biden enfrentaría desafíos para ejecutar sus propuestas. Este escenario ofrecería cierta estabilidad a las empresas para llevar a cabo proyectos estratégicos sin tanta volatilidad en este ámbito.

Sobre el T-MEC, no observaremos cambios sustanciales en cuanto lo ya negociado, puesto que los demócratas fueron muy cautelosos durante la negociación. No obstante, las autoridades estadounidenses sí revisarán minuciosamente el cumplimiento de las regulaciones, particularmente en materia energética, laboral y ambiental. De no cumplir al pie de la letra con los acuerdos, la autoridad no dudará en ciertos casos de aplicar medidas arancelarias en contra de México. Y es que, si bien Biden tiene una visión global y apertura a la multilateralidad, hoy en día se enfrenta a la recuperación económica de su país y no pensará dos veces antes de aplicar sanciones y restricciones para acceder al mercado norteamericano.

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Con este escenario, es aconsejable que las empresas mexicanas que mantienen relaciones comerciales al amparo del Tratado revisen perfectamente sus políticas para llevar a cabo los cambios pertinentes a efectos de cumplir con lo establecido en el acuerdo.

Sobre las discusiones comerciales que Estados Unidos ha mantenido en el último año con China, todo parece indicar que la disputa no terminará en el corto plazo. En este sentido, México podría continuar siendo atractivo para las empresas chinas que buscan llegar al mercado norteamericano —siempre y cuando cumplan con el porcentaje de manufactura en México, o de origen, que dicta el Tratado—.

En este contexto, será muy importante que existan claros incentivos de crecimiento económico en el país, que se incremente el apoyo a las empresas para contribuir con su recuperación y que se promueva claramente la creación de empleo. Asimismo, será necesario que se procure un mayor acercamiento con el partido demócrata para conocer de qué manera se puede trabajar en conjunto. Y es que, bajo ninguna circunstancia conviene a México tener algún conflicto con Estados Unidos, nuestro vecino y socio comercial más importante. 

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*Lisset Tautfest es socia líder de Impuestos Internacionales y Yamel Cado es socia líder de Comercio Exterior en PwC México.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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