Prácticamente el único que consideró a la consulta popular como un éxito fue el presidente López Obrador, pues es quien tiene diversos elementos que le sirven para consolidar su estrategia político-electoral en los años subsecuentes. En términos reales, como mecanismo de participación ciudadana fue un rotundo fracaso, pues al estilo de las consultas a las que diversos grupos convocaban como el viejo PRD en décadas pasadas, la participación apenas sobrepasó el 7%. El problema no era llegar al 40% requerido para generar vínculo, sino que en realidad, si la pregunta hubiera sido la que el presidente propuso, muy probablemente la participación habría sido mucho mayor, sino que habrían participado personas que sin ser movilizadas por Morena, habrían hecho patente, una vez más, su rechazo al pasado.

Sin embargo, 6 millones y medio de personas que acudieron a votar por el si no son nada despreciables, pues representan a más votantes que los que varios partidos obtuvieron en las elecciones pasadas, no únicamente los pequeños que apenas sobrepasan unos pocos cientos de miles de votos, sino también para los partidos “grandes” como el PRI. Es por lo que el presidente considera eso un triunfo de movilización que otros partidos no pueden presumir.

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La mayor parte de quienes participaron en la consulta, fueron personas “movilizadas” por la estructura de Morena a lo largo del país. Es otro elemento de mucho valor para el presidente, pues hubo una competencia interna para ver quien movilizaba más o quien daba más votos al presidente. En el contexto de un proceso donde no había recursos para una campaña, como en el caso de las elecciones, los grupos al interior de Morena tuvieron que invertir dichos recursos, no únicamente para quedar bien con el presidente, sino para asegurar lealtades en el contexto de una contienda más relevante que es la revocación de mandato.

Uno de los aprendizajes más relevantes que el presidente tuvo del viejo PRI, es que las estructuras político-electorales deben estar ajustadas y motivadas, por lo que se requiere de su movilización continua, en ese sentido estos eventos resultan relevantes para mantener expectativa y dinamismo al interior de los grupos de apoyo electoral, alineados a una estrategia y con un objetivo que buscar. Podemos ver en las diferencias de votación, que en aquellas entidades con mayor presencia de Morena fundamentalmente en el sur, hubo también una participación más alta, por encima incluso del 10%. A diferencia de aquellos lugares, principalmente del norte, donde Morena no tiene tanta presencia, donde hubo una participación que no llegó al 3%, como en Chihuahua.

Un caso aparte es la ciudad de México, donde se mostró una participación por encima de la media. Contribuyó el regaño del presidente, la búsqueda por retomar control por parte de la jefa de gobierno, pero en realidad es una entidad con una estructura amplia por parte de Morena, que se refleja en la cantidad de opiniones que se registraron, pues fueron más de 800 mil personas, que es equivalente a la votación por Morena como partido político en la elección de junio pasado, donde se registraron 770 mil votos.

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El presidente busca mantener temas en la agenda cotidiana y la consulta le da varios temas más, como la mala organización de la consulta por parte del INE, como acusaron el presidente y Morena, lo que mantiene el frente abierto en contra de ese órgano a pesar de que varios consejeros son afines a al presidente y su partido. Cambios a la ley para hacer más fácil la participación en procesos como este, la posible conformación de la comisión que planteó como opción para resolver el tema de los juicios a los expresidentes, etc.

En ese sentido la consulta aporta poco a la democracia mexicana, pero lo que es peor, es que deja un halo de impunidad con respecto al tema de los expresidentes y otros “actores políticos” que tomaron decisiones en el pasado. El mismo presidente reconoció que no era necesaria esta consulta para iniciar procesos judiciales, por lo que implícitamente aceptó que su estrategia mediática asumía esa condición. Los mecanismos de participación ciudadana que tenemos en México, adolecen de los candados que los políticos les han puesto para poder controlarlos, lo que derivó en la experiencia que tuvimos con este primer ejercicio de consulta popular.

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