Las circunstancias se siguen acomodando para que el distanciamiento entre Rusia y Occidente se siga ampliando.

 

El conflicto en Ucrania ha llegado a un punto crítico que ojalá se decante hacia una salida pacífica. Sin embargo, más allá de los buenos deseos, no puede descartarse la opción bélica. Y es que a pesar de los aparentes acuerdos entre el secretario de Estado de la Unión Americana, John Kerry, y su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, para impulsar una salida negociada entre el gobierno central de Kiev y los separatistas prorrusos en el este del país, entrelíneas tanto Washington como Moscú se envían mensajes de mutua desconfianza y encono.

En ese contexto conviene destacar lo que ha estado ocurriendo esta semana. Por ejemplo, se dio a conocer que la Corte Permanente de Arbitraje (CPA) de La Haya, Países Bajos –organismo intergubernamental establecido por tratado desde 1899 para la resolución de este tipo de controversias, emitió un laudo a favor de cinco accionistas de la otrora mayor petrolera rusa, Yukos –que fuera propiedad del magnate Mijaíl Jodorkovski, y en contra de Rusia.

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Con esto, la CPA ha impuesto de forma unánime la mayor indemnización de su historia contra un Estado soberano, por cerca de 50 mil millones de dólares.

La Corte encontró que la empresa declarada en quiebra en 2006, fue expropiada de forma ilegal por el gobierno al año siguiente. Concluyó además que la firma “fue atacada por motivos políticos por las autoridades hasta llevarla a su destrucción”, y que “la Federación Rusa no pretendía recaudar impuestos; quería declarar la quiebra de Yukos y apropiarse de sus valiosos activos”. Señala asimismo que esto sucedió en medio de un ambiente político en el que Jodorkovski se apuntalaba como un oponente político de Vladimir Putin. Una vez destruida la empresa, sus activos fueron transferidos a la estatal petrolera Rosneft. Jodorkovski estuvo encarcelado 10 años hasta diciembre de 2013, cuando Putin lo indultó.

Por supuesto, Moscú ve la resolución de la CPA como también cargada de enormes tintes políticos, lo que incrementa las probabilidades de que se niegue a pagar. El monto en cuestión es tan alto que equivale al 2.4 por ciento del PIB ruso. Hoy que se conoce que tanto la Unión Europea como Estados Unidos han reforzado sus sanciones contra Rusia, es un hecho que podrán decir lo que quieran, pero la realidad es que las tensiones geopolíticas siguen escalando hasta puntos insospechados. En este sentido, es obvio que el presidente Putin se negará a pagar con todos los riesgos que ello implica.

Rusia no puede apelar el laudo de la CPA, pero el gobierno ha dicho que buscará todos los mecanismos legales para hacerla a un lado. Si pese a todo los accionistas ganan y Moscú no paga, tendrán que salir a “cazar” sus activos comerciales en los 150 países que forman parte de la Convención de Nueva York de 1958 sobre el reconocimiento y la ejecución de las sentencias arbitrales extranjeras, o pelear activos a las estatales Rosneft o la gasera Gazprom. Nada fácil.

Para empeorar las cosas, se espera que mañana jueves el Tribunal Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo, también dé a conocer su decisión contra Rusia por el caso presentado por otros accionistas que afirman haber sido despojados de sus propiedades.

Como ve, las circunstancias se siguen acomodando para que el distanciamiento entre Rusia y Occidente se siga ampliando, justo en el momento en que parece que Ucrania está a punto de declararse derrotada en el Este.

Esa es la lectura correcta de que tanto Kiev como Washington estén tan conformes y hasta apurados con la búsqueda de un cese al fuego que, según Kerry, podría firmarse “ahora mismo”. Seguro tienen mucho que ver los reportes de que ucranios se están negando a alistarse en el ejército para combatir en las regiones en conflicto. Su ejército se debilita. La lógica que estarían usando es sencilla: más vale acordar y negociar hoy, que perder de plano esos territorios que, más tarde, sin dudar serían anexados de facto por Rusia.

A todo lo anterior, sume también las diferencias y cruce de acusaciones entre ambos bandos por el derribo intencional del vuelo MH17 de Malaysia Airlines, y tendrá un polvorín que sólo necesita una chispa para estallar en una guerra total.

De hecho, el mismo Financial Times reporta que una fuente “cercana al presidente Putin”, sobre la sanción impuesta a su país por el caso Yukos, le respondió: “Se avecina una guerra en Europa ¿De verdad piensa que eso importa?”. Los bandos en disputa, se están preparando por si acaso se llega a lo peor.

 

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