Si le preguntaras a cualquier persona, “¿qué características debe tener un líder?”, probablemente escucharías palabras rimbombantes como honestidad, confianza, intuición, comunicación, inspiración, compromiso, integridad, cuidado de los demás, inteligencia, conciencia, apertura, carisma, decisión, flexibilidad…

Pero después de años de avance en la evolución y formación de líderes, diferentes sociedades del mundo han puesto un “hasta aquí”, despidiendo a sus viejos mandatarios y encumbrando a inusuales nuevos líderes.

Es por ello que resulta importante revisar la agenda de la 47ª Reunión Anual del Foro Económico Mundial, “Liderazgo Responsivo y Responsable”, que se llevará a cabo en Davos, Suiza el próximo enero. Vale la pena preguntarse, ¿cuál es el estado actual del liderazgo en el mundo? ¿Qué fenómenos son clave para entender el liderazgo actualmente? ¿Por qué la reunión de Davos puede ser relevante en este tema?

 

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El Liderazgo ha muerto; larga vida al Liderazgo.

En palabras de Barbara Kellerman, “el ascenso del liderazgo como un objeto de nuestra fascinación colectiva ha coincidido precisamente con el declive del liderazgo en nuestra estimación colectiva.”

Mucha razón conlleva dicha afirmación, pues la concepción, enseñanza y promoción del liderazgo ha girado tradicionalmente alrededor de teorías, premisas y aspiraciones que obvian las inconsistencias entre la teoría y la práctica. Más aún, el liderazgo de hoy se ha vuelto una alabanza a la inspiración, que por más buena que sea, tiene un efecto de corta duración y rara vez produce cambios en el largo plazo.

Es por ello que Jeffrey Pfeffer, profesor de la Universidad de Stanford, ha tenido un pensamiento contrario a las corrientes principales, denunciando que el liderazgo se ha convertido en una industria “cuyas prescripciones para líderes son más problemáticas e inválidas de lo que se quiere reconocer.”

Entre los señalamientos, bien documentados, de Kellerman y Pfeffer se encuentra que hoy hay pocos buenos y muchos malos líderes; que los líderes continuamente se descarrilan y pierden sus puestos de responsabilidad; que por más cursos de liderazgo que se ofrezcan, los lugares de trabajo son horribles; y que muchos puestos se ganan sin credenciales, experiencia, y ni siquiera conocimiento.

Diferentes estudios de centros de investigación e institutos diversos muestran un fenómeno concurrente: el mundo, en sus dimensiones desde internacionales hasta locales, está corto de líderes. Más aún, líderes que son ampliamente admirados, bien podrían ser catalogados más por producir miedo que confianza.

Los líderes están fallando a sí mismos, a sus clientes, a sus electores, a sus ciudadanos y a sus colaboradores. Es por eso que la pregunta cobra relevancia, pues se pueden identificar “procesos sistémicos que hacen que los líderes se comporten diferente a lo que la mayoría de las personas espera de ellos.”

Si los líderes respondieran con sinceridad a la pregunta, ¿qué es para ti ser un mejor líder?, probablemente habría respuestas como, “mantener mi puesto el mayor tiempo posible”, “incrementar mi patrimonio”, y “moverme a una institución de más prestigio”.  Todas estas respuestas están poco alineadas con el bien de su grupo de trabajo o institución.

Además de notar la frecuente divergencia entre los intereses individuales de los líderes y los de su organización, entre lo que dicen y lo que hacen, y los resultados que producen, hay que subrayar que mientras las personas piensan que son mejores líderes, ya sea por cursos que hayan tomado o por cumplidos de las personas que les rodean, serán menos vigilantes de sus conductas.

 

¿Cómo son los líderes realmente?

En 2001, Jim Collins publicó el libro “Good to Great”, a partir de sus entrevistas a los CEOs y líderes más famosos y poderosos del mundo. Ahí proponía 5 niveles de liderazgo, dependiendo de las características y las capacidades de la persona.

El modelo se convirtió rápidamente en un estándar aspiracional, pues enunciaba las características del Líder Nivel 5: humildad, voluntad, resolución feroz y la tendencia a dar crédito a los otros mientras uno mismo asume la culpa. Sin embargo, pocos advirtieron que, de más de 1,400 líderes analizados, apenas 12 (menos del 1%) cumplieron con dichas características.

De seguir este criterio, se encontraría que las palabras que mejor describirían a los líderes son: narcisistas, mentirosos, inexactos en declaraciones; con auto confianza, auto promoción y auto agrandamiento, inmodestos, y poco auténticos.  Esto no quiere decir que los líderes sean malos o que el poder los vuelva malos, sino que hemos idealizado el liderazgo hasta volverlo irracionalmente romántico.

El 2016 reflejó la falla del liderazgo: los grupos que han avanzado poco, hartos de ver el comportamiento de las clases gobernantes y su excesiva confianza en triunfar en referendos binarios les dieron el poder a los populismos anti-sistema.

El enojo no acabó aquí. Más molesta está la población que percibe en sus gobernantes el efecto de Dunning-Kruger, aquél en el que los individuos de pocos conocimientos o escasa habilidad se consideran más inteligentes que personas más preparadas, sobreestimando incorrectamente su nivel real, lo cual podría traer consecuencias más volátiles en los próximos años.

 

7 Factores que acentuaron el Fracaso Mundial del Liderazgo

Países como Estados Unidos, Reino Unido, Brasil, Colombia y varios europeos están viviendo transformaciones nunca antes vistas, lo cual ha afectado a sus líderes políticos, económicos, empresariales y sociales. Más aún, la población está reaccionando a las fallas de sus líderes, pues el endoso de sus errores crea una profunda indignación.  Entre los fenómenos que podemos encontrar en dichos países se encuentra:

  1. La falta de líderes deseables, mientras que los líderes actuales presentan fallas profundas y malas conductas, por lo que gozan de baja estima de la población. Especialmente, el expertise de la tecnocracia no está convenciendo a la mayoría del voto popular.
  2. La economía global está creciendo a menor ritmo que en otras épocas. Por ejemplo, el ritmo global de crecimiento ha disminuido de 5% hace 10 años a 3% en la actualidad.  Además, hay tanto más incertidumbres como volatilidad, y la disparidad es preocupante.
  3. Una crisis de confianza hacia actores de todas direcciones: hacia superiores, inferiores e iguales.
  4. Hay intereses más importantes que otros, que, en palabras de Noam Chomsky, “las decisiones políticas están fuertemente influidas por concentraciones de poder, mientras que la población general queda marginada.”
  5. El sistema no sólo produce injusticias, sino que parece amañado. Así, estamos en una época con inequidad histórica, donde son favorecidos quienes conocen los hilos de funcionamiento del sistema, y los gobiernos no están proveyendo las mejores respuestas.
  6. La clase media continúa su revolución ascendente en los países en desarrollo. Este sector de la población está más educado que nunca, aprovecha las convergencias tecnológicas y tiene amigos en todo el mundo. Pero también está frustrada y molesta por la corrupción, los abusos de poder y exigen oportunidades para sus seres queridos.  Por otro lado, en los países desarrollados, la clase media está peor.
  7. El poder ya no es lo que era, pues los las revoluciones por el aumento de alternativas, de movilidad y mentalidad, están limitando a los más poderosos como nunca antes. En palabras de Moisés Naím, “es más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder.”

 

Davos 2017: Liderazgo Responsivo y Responsable

En la preparación de la Reunión Anual del Foro Económico Mundial, su fundador Klaus Schwab ha señalado que “los líderes tienen que escuchar hoy a las personas a las que lideran; tienen que ejercer no sólo la inteligencia contextual, sino también la inteligencia emocional.”

El fracaso del liderazgo en este año ha sido un auténtico sismo. Pero a manera de analogía, inclusive en fenómenos trepidantes como los terremotos, emergen líderes como los profesionales de protección civil, medicina e ingeniería que, con cabeza fría y corazón caliente, asumen su rol de liderazgo y organizan a la población en torno a las labores de rescate. En la coyuntura actual, las estrategias deberán girar alrededor de conceptos pragmáticos y soluciones de alcance mundial como:

  • Alineación de los actores en torno a una estrategia.
  • Vigilar las acciones, no las palabras.
  • Evitar idealizar a los líderes, que son personas con defectos.
  • Disociar correctamente los hechos de las opiniones y suposiciones.
  • Poner atención en las consecuencias de las acciones.
  • Distinguir correctamente lo que se quiere de lo que se necesita.
  • Implementar acciones dependiendo del ecosistema en cuestión.

 

En este contexto, los temas del Foro serán los siguientes:

  • Prepararse para la cuarta revolución industrial, sabiendo que la tecnología tendrá un impacto mayor y más prolongado sobre el futuro de los trabajadores y las economías, por delante incluso de otras cuestiones económicas.
  • Fortalecer el gobierno de la globalización y la colaboración internacional, pues muchos de nuestros sistemas internacionales para crear cooperación entre países y otros actores internacionales se diseñaron para una época que ya no existe.
  • Revitalizar el crecimiento económico global, pues los niveles de crecimiento económico actuales se traducen en estándares de vida más bajos. Al mismo tiempo, necesitaremos crear miles de millones de puestos de trabajo para seguir el ritmo de los cambios demográficos durante las próximas décadas.
  • Reformar el capitalismo de mercado, dado que el pensamiento a corto plazo, las conductas egocéntricas y la corrupción ponen en riesgo las relaciones entre las empresas y la sociedad.
  • Desarrollar identidades positivas a través de nuevos discursos, ya que la globalización ha hecho del mundo un lugar más pequeño y complicado, y ha llevado a muchos a perder la fe en las instituciones e incluso en sus propios futuros.

A este propósito, Schwab puntualiza: “los líderes responsivos y responsables deben reconocer los miedos y la ira de las personas como legítimos, proveyendo planes constructivos para un mejor futuro… Tienen que ser receptivos a las señales de entornos cambiantes y dispuestos a hacer los ajustes necesarios. Pero nunca se deben desviar del norte verdadero, que es una visión fuerte con valores auténticos.”

En el fondo, el cambio subyacente es que los líderes del mundo se están terminando de convencer que la globalización no ha funcionado para todos, por lo que es necesario implementar políticas que atiendan más las estructuras que los individuos.

Y para lograr esto, habrá que reconocer que el liderazgo ha fallado, por lo que se tendrá que desmitificar y ver con objetividad: se trata de personas que cometen errores, que poseen capacidades concretas, con margen de maniobra reducido, que obedecen a impulsos, que tienen intereses personales que generalmente no se alinean con los colectivos, con una concepción anacrónica del liderazgo, pero que también pueden tener un espíritu de servicio a los demás y crecimiento.

Zamantungwa Khumalo, Global Shaper de Sudáfrica, resume el espíritu de esta Cumbre de la siguiente forma: “El liderazgo responsivo no tiene título, grupo de edad, y tiene poco que ver con ser un servidor público o el CEO de una compañía. Es la capacidad para tomar acciones y jugar una parte activa en nuestras comunidades. El liderazgo aplica a cada uno de nosotros, sin importar la edad, profesión o título.”

En las siguientes entregas, esta columna hará equipo con jóvenes afiliados al Foro Económico Mundial en diferentes ciudades mexicanas y analizará cómo uno de los cinco temas de la Cumbre de Davos se vive en su ciudad.

*El autor está afiliado al Foro Económico Mundial y ha sido seleccionado para participar en la Reunión Anual del organismo como representante de las juventudes mexicanas.

 

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