En los últimos años, como país nos ha costado demasiado romper la inercia de las viejas prácticas que obstruían el avance de México, los monopolios privados y públicos, así como las viejas prácticas de negocios que sólo dependían de las inversiones de los impuestos vía los gobiernos estatales, han enfrentado grandes cambios en estos últimos años.

Por suerte empezamos a ver resultados alentadores, Ya se pueden considerar las tasas de crecimiento superiores a la media nacional de algunos estados del centro y del norte del país, gracias a las inversiones extranjeras y a los planes de desarrollo industrial. Falta mucho pero el desarrollo está avanzando, desafortunadamente no podemos decir lo mismo de los estados del sursureste del país, Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Veracruz y Campeche, son estados que todavía no han podido avanzar.

En esta zona, dos estados son ejemplo de que con la implementación de acciones efectivas se puede mantener una expectativa económica adecuada; uno es Quintana Roo, con su gran potencial turístico, el otro estado, que representa el mejor ejemplo de lo que se puede lograr con esta inercia económica nacional de cambio, es Yucatán.

Contrario a lo que sucede en la zona, Yucatán ha logrado mantener sus índices de inseguridad como uno de los más bajos del país, lo que en conjunto con la certeza jurídica a las inversiones ha logrado aumentar el monto de las inversiones y el empleo.

Yucatán cuenta ahora con el beneficio de haber creado una Zona Económica Especial, gracias a la cual ha generado una gran cantidad de inversiones extranjeras nunca vistas en los últimos años. Como resultado, se ha consolidado la llegada de empresas nacionales y extranjeras, se ha detonado la inversión inmobiliaria y el desarrollo del mercado energético y tecnológico, en resumen, se ha transformado en un gran polo de desarrollo económico y de negocios del sureste mexicano.

Estas nuevas inversiones extranjeras en diferentes sectores han generado nuevos negocios, lo cual al mismo tiempo ayuda a levantar los estándares de los empresarios del estado, ya sea para competir en los nuevos sectores de inversión o porque hay nuevas proveedurías que generan nuevos nichos de mercado y oportunidades de trabajo. De esta manera, hemos visto como el desarrollo de la ciudad de Mérida y de todo el estado está avanzando a un ritmo como nunca se había visto.

Contrario a esta situación, los estados vecinos no avanzan, siguen teniendo problemas de inseguridad, inestabilidad política, además, a pesar de que se han generado zonas económicas, éstas no alcanzan a tener certeza jurídica ni paz social para poder consolidar todos estos beneficios. Asimismo, el gobierno y los empresarios todavía no pueden establecer un acuerdo para romper con los ciclos negativos de las economías de los estados, algunos por la dependencia excesiva del petróleo, otros por dependencia excesiva de los cacicazgos tradicionales.

México todavía no entiende que todos los embates del presidente de los Estados Unidos hacia nosotros se deben a la simple y sencilla razón de que nuestro país viene creciendo a un ritmo importante y, en la lógica de muchos grupos tradicionalistas americanos, no les conviene que dejemos de ser su patio trasero. El hecho de que México logre mayores inversiones extranjeras y, como consecuencia, acelere su crecimiento a través del crecimiento de los estados y de las nuevas Zonas Económicas, simple y sencillamente no es conveniente para los Estados Unidos, por ello tratan de cancelar los acuerdos comerciales y están presionando, por esa vía, para regresar a una visión de política vieja.

En estos tiempos electorales se corren grandes riesgos de perder lo que se ha logrado, las coaliciones políticas se han montado en el discurso de que todo está mal para buscar capitalizar un descontento social generado artificialmente desde hace algunos años. Debemos tener conciencia de lo que hemos logrado y salirnos de las quejas eternas, no es fácil haber roto con una inercia económica de más de 60 años, ni todo lo negativo se puede arreglar de un día para otro, estamos en el camino y ya se empiezan a ver ejemplos de buenos resultados, por lo que aplicaría aquella famosa frase del abuelo que decía: “Si algo no está roto, ¿para qué lo quieren arreglar?”. ¿Nada más para demostrar que se está haciendo algo? En un momento histórico como el que vive México eso es un tema muy peligroso. Estas visiones erróneas pueden complicar los beneficios que Yucatán y otras zonas con desarrollo considerable en nuestro país han logrado en los últimos años.

 

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