De acuerdo con lo que hasta ahora hemos visto en las campañas electorales, como mexicanos tenemos que elegir entre tres distintas visiones de país, la de AMLO, la de Anaya y la de Meade. Sin embargo, si revisamos los documentos que nos ofrecen los candidatos, las verdaderas diferencias se encuentran en el punto de partida: el diagnóstico que cada uno de ellos hace en torno a los problemas reales del país.

Por ejemplo, para AMLO la situación del país es negativa. Su diagnóstico está basado en que el vaso casi casi no tiene agua, por consecuencia, lo primero que hace es atacar los avances del gobierno actual desde la lógica de la “mafia de poder”, para darle a los pobres una visión de que el país está destrozado. Desde su perspectiva, sólo sus acciones podrán ayudar a México en prácticamente todos los males que nos aquejan. Morena no ha participado en las decisiones de gobierno (por el contrario, ha bloqueado las iniciativas en el Congreso con la óptica de complicar las cosas), no tiene nada que defender, es un partido opositor y no pierde absolutamente nada en decir que nada funciona en el país, éste es su principal argumento para elaborar sus mensajes de campaña, además de que quiere tomar el voto de castigo (son los creadores y principales promotores de la furia social)

Por su parte, Anaya hace un diagnóstico medianamente crítico del país. Para el candidato del PAN el vaso está medio vacío, algunos aspectos están muy mal, no obstante, otras funcionan y su coalición propone que nosotros vamos a cambiar las cosas y que podemos modernizar a nuestro país, es decir, hacer lo que el Gobierno no ha logrado. Cabe aclarar que en el último año el PAN también han puesto piedritas en el camino para la autorización de ciertas iniciativas en el Congreso, esta estrategia le ha servido para usarla como arma electoral en contra del gobierno actual. Ellos comparten parte de los logros que se han dado y antes de esta Presidencia gobernaron el país aunque tampoco les fue muy bien que digamos, por lo que se cuidan de criar fuertemente las decisiones del actual presidente porque se les vienen encima las quejas; la confrontación pública entre Anaya y los expresidentes panistas, Fox y Calderón, responde a la idea de marcar distancias entre esas administraciones y la que él pretende liderar, sin embargo, sus aliados son los mismos políticos que estuvieron en las dos pasadas administraciones. Su estrategia es invitar a la gente a que vote por el segundo lugar, de esa manera podrían llegar a la Presidencia.

En el caso de Meade, el vaso está medio lleno, su diagnóstico se fundamenta en que hay cosas que se hicieron bien, las reformas van a funcionar a mediano plazo, pero ya están dando ciertos resultados. Meade es candidato independiente, aunque detrás de su candidatura está el PRI y por lo tanto representa al gobierno. No puede decir que todo está mal, es más, de lo que la gente se queja es que no se haya deslindado del presidente Peña y, en un momento dado, lo ataque y critique públicamente. Debido a su naturaleza de técnico que ha colaborado con el gobierno, en su discurso abunda la información y los datos que los electores terminan por no comprender, desde mi punto de vista sus propuestas suenan más a discurso de gobierno que a propuestas de campaña.

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Los electores queremos ver pleitos, discusiones, debates, repudiamos el uso de campañas negras, pero el morbo nos hace disfrutarlas a diario, aceptamos que se diga que todo está mal y exigimos propuestas incendiarias y hasta ilógicas, en el centro de las campañas el ciudadano pierde la racionalidad llamémosle democrática.

Cuando se acerca la hora de la elección nos regresa la razón y ahí es donde se toma la verdadera decisión para llevar al país por un camino con un buen futuro, por eso es necesario analizar a qué tipo de diagnóstico le estamos apostando, ¿al del vaso sin agua, al medio vacío o al medio lleno?

 

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