Por Margarita Vega

A Liliana Mendoza con frecuencia le falta el agua en su casa. Como la mayor parte de los habitantes de la Delegación Iztapalapa, sabe que tiene que aprovechar los días en que hay agua en la llave y aprovisionarse para los días que no caiga gota. Se ha acostumbrado a vivir así, asegura, a pesar de que le cuesta más comprar pipas de líquido potable que el monto en su recibo del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (CDMX).

Por décadas, políticos locales y federales, académicos y activistas han advertido del grave problema hídrico que vive la capital del país, y que impacta más gravemente a la zona oriente, donde se ubica Iztapalapa.

El pasado 27 de octubre, el presidente Enrique Peña Nieto presentó, precisamente en Iztapalapa, dos puntos del plan elaborado por la UNAM: la reinyección del acuífero y la perforación de pozos profundos para encontrar nuevas fuentes de agua para la CDMX. El primero implica ampliar la recarga del acuífero en alrededor de 20%, lo cual tendría un costo de alrededor de 5,000 millones de pesos (mdp) en 15 años.

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Y, aunque Peña Nieto anunció el proyecto de recarga del acuífero como un hecho, e incluso habló de la necesidad de ajustar la normatividad de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) para poder hacerlo realidad, lo cierto es que el proyecto no cuenta con presupuesto para 2018.

Actualmente, el acuífero subterráneo del Valle de México tiene una sobreexplotación del 139%. Cada segundo, en la CDMX se extraen 55 m³ de agua, y sólo se recargan, de manera natural a través de la lluvia, 23 m³, según datos de la Conagua.

Este organismo federal estima que más de 70% del agua de lluvia que cae en la capital del país no se aprovecha y se evapora, además de que hay una reducción paulatina de las zonas de recarga natural (aquellas donde llueve más), debido a la expansión desordenada de la mancha urbana hacia terrenos con vocación ecológica.

La ciudad no puede postergar más la inversión en infraestructura hidráulica, pues ha estado abandonada por décadas, señala Wendy Lara, presidenta de la Comisión de Gestión Integral del Agua, de la Asamblea Legislativa de la CDMX. “Estamos perdiendo agua potable por fugas, y se ha perdido por falta de mantenimiento de la infraestructura hidráulica en la ciudad, que ha rebasado su vida útil: tiene más de 50 años y no se le ha dado mantenimiento, ni ha habido una inversión directa a esa red”, explica.

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La ciudad está perdiendo agua potable debido a las fugas, que tienen su origen en la falta de mantenimiento de la infraestructura. Foto: Fernando Luna Arce / Forbes México.

La sobreexplotación del acuífero, del que proceden dos terceras partes de toda el agua que se consume en la Ciudad de México, provoca no sólo escasez del líquido, sino también hundimientos que afectan la red hidráulica y provocan la apertura de socavones e, incluso, esto podría estar detrás de algunas de las afectaciones causadas por los sismos recientes. Se estima que, en la zona centro de la CDMX, los hundimientos alcanzan ya los 10 metros.

“Este deterioro conlleva tener hundimientos diferenciales más acelerados: que se esté hundiendo [la ciudad] cada vez más”, dice Víctor Alcocer, subdirector técnico de Conagua. “Es también un tema de calidad del agua, pues, en la medida en que vamos bombeando a mayor profundidad, la calidad del agua tiende a ser diferente; aunque se puede potabilizar, se va degradando. Y otro punto es que se afecta la infraestructura: uno proyecta tuberías, estructuras (como edificios), y el producto de la aceleración de los hundimientos conlleva que existan afectaciones a esta infraestructura y, por ende, [se produzcan] costos para generar estabilidad en las estructuras que están en la superficie”.

Otra consecuencia es económica, y alcanza a todos los habitantes. Ante la escasez, cualquier solución que pretenda recuperar los acuíferos y elevar la disponibilidad de agua implicará mayores costos, advierte Fernando González Villarreal, experto del Instituto de Ingeniería de la UNAM. “Para la Ciudad de México, y para muchas otras ciudades del país, ya agotamos las fuentes más baratas y, por ejemplo, hemos bajado los costos a base de sobreexplotar el acuífero, pero los futuros abastecimientos, definitivamente, son de mayor costo que los anteriores”, reitera.

Es por ello que se requiere de proyectos más ambiciosos, añade González, como el que recientemente desarrolló el Instituto de Ingeniería de la UNAM y que la Conagua prometió retomar para 2018, el cual contempla, entre otras acciones, la reinyección de aguas tratadas al acuífero del Valle de México.

Como el consumo es mayor que las recargas naturales por lluvia, se necesita compensar al acuífero, y esto se puede hacer inyectando aguas tratadas en diferentes lugares de la capital, donde el suelo permita la filtración del agua fácilmente. Con ello, se pueden compensar 5 m³/s de los 55 m³/s que se extraen.

El proyecto contempla también integrar no sólo a dependencias públicas, sino también a la iniciativa privada, a la cual se le darían incentivos, como la disminución de la tarifa que paga por el agua o una ampliación de la cantidad de este recurso que puede utilizar, a cambio de que participe en la reinyección de aguas limpias en el acuífero, coinciden tanto el académico como el subdirector de Conagua.

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La ciudad no puede postergar más la inversión en infraestructura hidráulica, pues ha estado abandonada por décadas. Foto: Fernando Luna Arce / Forbes México.

Además, informa Alcocer, se pretende reducir el consumo de agua en la capital, principalmente el que se hace a nivel rural para el riego, el cual es el segundo consumidor de agua del Valle de México, después de los hogares y la industria. “Hay que establecer una equidad en el suministro, un uso eficiente de los recursos públicos y disminuir la extracción, identificar algunos usuarios, especialmente agrícolas, y disminuir sus extracciones, comprar derechos a esos usuarios… que yo le compre los volúmenes que ya tiene asignados y tal vez no los esté usando: comprárselos y, con ello, disminuir las extracciones”, explica.

Estas medidas son parte de un programa de sustentabilidad que planearon Conagua y la UNAM para aplicarlo en un plazo de 15 años, con el que se busca revertir la sobreexplotación actual del acuífero y, por lo tanto, sus consecuencias en los hundimientos de la urbe. Incluye también campañas para un mejor uso del agua en los hogares e inversión en la infraestructura hídrica de la CDMX para reducir las fugas de agua potable, que actualmente ascienden al 42% de todo el líquido que se bombea.

Para concretar todo el plan propuesto por la UNAM, indicó Alcocer, se requiere de un presupuesto de 52,500 mdp, a aplicarse en el periodo mencionado, de los cuales 30,000 mdp serían para la reparación de infraestructura y disminución de fugas, y 5,000 mdp, para la recarga del acuífero y el resto para las acciones de promoción y compra de derechos agrícolas, entre otras medidas.

En el presupuesto para el próximo año no hay una partida específica para la recarga del acuífero anunciada por la Presidencia, reconoce Alcocer, pero indica que Conagua cuenta con un fideicomiso, en conjunto con la Secretaría de Hacienda, de alrededor de 100 mdp, que servirá para arrancar el programa de reinyección.

La razón del abandono de la infraestructura hidráulica de la CMDX es netamente política, dice la legisladora local Wendy Lara. “No se ha invertido porque no son obras que sean visibles y den votos […] La gente más pobre tiene más afectaciones, porque tiene que pagar más para tener agua de las pipas”.

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En la medida en que vamos bombeando a mayor profundidad, la calidad del agua tiende a ser diferente; aunque se puede potabilizar, se va degradando, exploica Víctor Alcocer, subdirector técnico de Conagua. Foto: Aguas.org

Con todo y lo urgente que es la reinyección de agua al acuífero, no es suficiente. Es indispensable que cualquier plan en materia de agua para la CDMX sea integral, señala José Alberto Lara, académico de la Universidad Iberoamericana, pues si se concentra únicamente en la reinyección del acuífero, representaría “un parche” y no una política pública sustentable.

“Quizá puede ser una medida que alivie a los acuíferos a su nivel que evite hundimientos, pero debería de complementarse con otra medida que evite la sobreexplotación. La clásica es aumentar tarifas o poner una tarifa que mande una señal, que diga que el agua es escasa”, señala Lara.

Subir a los habitantes el costo del agua es un asunto muy difícil, pero no imposible. “Es muy polémico porque, por ejemplo, en zonas marginadas, cobrar mucho es algo regresivo: afectarías a la gente más vulnerable, pero lo puedes solucionar con una cantidad mínima que sea gratis, la mínima para sobrevivir”, plantea el académico de la Ibero.

 

El nuevo acuífero

En paralelo con la reinyección del acuífero, Conagua impulsa la perforación de pozos cada vez más profundos para encontrar acuíferos alternativos. Durante el evento de Iztapalapa, Peña Nieto inauguró el pozo de Santa Catarina 3, que ha sido calificado como el más profundo del mundo, pues alcanza 2 km de hondura, y gracias al cual se encontró lo que podría ser una nueva fuente de agua para la ciudad.

“Existe la hipótesis de que pudiera existir un acuífero más abajo del que actualmente extraemos el agua; por eso se hicieron cuatro pozos en el Valle de México. De los cuatro, en dos de ellos sacaron gas y, en los otros dos, sacaron agua, y ahora estamos haciendo los estudios de calidad del agua con detalle para, en un momento dado, ir conociendo más del acuífero y confirmar la hipótesis de que es un acuífero por debajo del que estamos explotando; quizá sea una nueva fuente de abastecimiento”, explica Alcocer.

Pero el trabajo no fue exitoso a la primera, “porque fueron 2,000 m de profundidad. No encontrábamos ni la máquina adecuada para hacerlo. Pemex nos apoyó, pero el suelo se hundió de tan pesada que estaba la máquina; así que dijimos: ‘Pongamos una loza de concreto’, pero la loza también tronó. Ha sido muy trabajado”, indica.

En este caso, por falta de avance de los trabajos y de información, y en el caso del proyecto de inyección de agua a los acuíferos, por falta de dinero, el hecho es que aún no hay respuesta al problema del agua en la capital del país.

En tanto, Liliana debe continuar guardando agua, cuando hay, para los días de llaves secas.

 

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