Por Máximo Santos Miranda*

En el momento actual son muchas las personas que sienten una verdadera inquietud acerca de cómo será el mercado de trabajo del futuro y ello es debido al imparable avance de la robotización y la digitalización de la sociedad. Los cambios en el mercado de trabajo en la actualidad están siendo muy intensos, aunque todo el mundo es consciente que el empleo en apenas unos lustros será muy diferente al existente. Lo cierto es que en el mercado laboral del futuro muchos empleos considerados tradicionales desaparecerán y otros muchos, que a día de hoy nos parecen inimaginables, emergerán con fuerza. Sin embargo, si hay un punto en el que casi todo el mundo está de acuerdo es el hecho de que todos los cambios tecnológicos que estamos atravesando conducirán al logro de mayores cotas de eficiencia y, en consecuencia, la productividad en el trabajo aumentará de forma notable.

Nuevos inventos como la impresora 3D o el coche autónomo, sin ir más lejos, propiciarán la desaparición de miles de empleos a escala planetaria. Las posibilidades que ofrece, por ejemplo, la impresora 3D son inmensas y van desde la construcción de edificaciones a la elaboración de objetos o incluso a día de hoy ya han sido capaces de introducirse en el mundo de la cocina mediante la preparación de pizzas. En relación al coche autónomo podíamos decir algo similar. En cuanto la puesta en funcionamiento del coche autónomo se haga de forma masiva en el transporte de pasajeros o mercancías, ello supondrá la expulsión de millones de empleados de sus puestos de trabajo.

Por el lado de la digitalización también se va a producir la eliminación de millones de puestos de trabajo y un ejemplo de esto son los asistentes virtuales que ya están comenzando a operar en el mundo bancario. Así, por ejemplo, el banco español Evobanco ha cerrado todas sus oficinas bancarias físicas y ello ha supuesto una importante reducción en los puestos de trabajo que proporcionaba la entidad. Las labores de asesoramiento financiero que prestaban dichos empleados despedidos han sido trasladas a asistentes virtuales con voz. Dichos gestores virtuales que operan a través de algoritmos proporcionan a los clientes propuestas de inversión que no vienen determinadas por elementos subjetivos sino por una serie de algoritmos que determinan cual es el producto financiero a ofertar en función del perfil inversor del cliente. Los costes de este asesoramiento son muy inferiores a los de los gestores físicos y, por tanto, las entidades financieras podrán ofrecer a sus clientes productos bancarios con menores comisiones y más trasparentes.

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Por todo lo anterior es lógico que mucha gente vea con enorme preocupación no ya sus puestos de trabajo sino los de sus hijos y es en este punto, donde la preocupación puede generar aún mayor incertidumbre. Las preguntas que nos podemos plantear en relación a esto se pueden resumir en dos: ¿Cómo vamos a preparar a nuestros hijos para los nuevos puestos de trabajo del futuro si a día de hoy muchos de ellos son inimaginables?, ¿Habrá puestos de trabajo suficientes tras la desaparición de tantos millones de puestos de trabajo tradicionales a consecuencia de la cuarta revolución industrial en la que estamos inmensos?

A pesar de todo lo anterior, es preciso destacar dos elementos que pueden contribuir a calmar la gran incertidumbre que proporciona el incierto futuro laboral. En primer lugar, la actual no es la primera revolución industrial a la que nos enfrentamos, ya han existido otras, y el balance ha sido muy positivo en términos de crecimiento económico, empleo y bienestar social. Las revoluciones industriales han llevado en estos últimos 250 años a las sociedades avanzadas de ser sociedades completamente rurales y agrarias a ser sociedades post-industriales modernas. Además estas sociedades han visto como la población y la renta per cápita han crecido notablemente y, sin embargo, sus tasas de desempleo no se han disparado.

En segundo lugar hay que tener en cuenta que se ha enfatizado excesivamente en la enorme destrucción de puestos de trabajo que las nuevas invenciones van a acarrear y en este sentido son muchos los estudios que se han llevado a cabo. Sin embargo, se han realizado pocos en relación a los puestos de trabajo nuevos que esta cuarta revolución industrial va a propiciar y de cómo estos cambios van a impulsar la riqueza per cápita al igual que ha sucedido en anteriores revoluciones industriales. Si bien es preciso señalar que es muy difícil realizar conjeturas acerca de cómo serán los cambios tecnológicos futuros y los nuevos puestos de trabajo que estos mismos traerán consigo. Así, hace 50 años era muy difícil de imaginar que un fenómeno como internet se pusiera en marcha y, sin embargo,  a día de hoy son millones los empleos que la red genera a nivel mundial y se espera que sean muchos más en los próximos decenios.

Del mismo modo ¿Quién nos puede asegurar a día de hoy que la industria aeroespacial no genere millones de puestos de trabajo en unos pocos lustros al igual que los generó internet? Si seguimos con esta conjetura podríamos seguir preguntándonos ¿Será ser piloto de nave espacial una profesión del futuro? Si es así, ¿Cómo nos preparamos para ser piloto de nave espacial? Esto nos puede parecer a día de hoy muy futurista pero también es futurista la minería espacial y ya hay empresas que se dedican a ello aunque sea sólo en fase de catalogación de asteroides. En definitiva, moverse en el mundo de las conjeturas tecnológicas y sus posibles efectos es muy complejo y osado por parte de cualquier investigador riguroso.

Llegados a este punto, y basándonos en la experiencia de pasadas revoluciones industriales, podemos diferenciar dos horizontes temporales en lo que al mercado laboral se refiere:

  • Un horizonte de corto plazo en el que muchos trabajadores verán perder sus puestos de trabajo. A pesar de que en este tiempo se creen nuevos puestos de trabajo que crean, desarrollan y dan mantenimiento a las nuevas tecnologías, lo cierto es que en esta primera etapa el balance de empleo puede ser desfavorable.
  • En el largo plazo la mejora de la productividad y la bajada de costes propiciarán la demanda de nuevos productos y servicios lo que generará unos mayores niveles de empleo globales.

Para evitar que el horizonte a corto plazo sea negativo o de larga duración se hace imprescindible incidir en el modelo educativo. Una educación que debe ser diferente a la que ha venido siendo tradicional y que se debe enfocar de forma decidida en el mundo digital. Además cada uno de nosotros debemos concienciarnos que la etapa formativa no se circunscribe exclusivamente a un periodo de tiempo en nuestra vida, sino que por el contrario, debe abarcar toda la vida laboral y que dicha formación debe producirse en el seno de las empresas y en las instituciones académicas.

En definitiva, podemos concluir que la cuarta revolución industrial será muy positiva para nuestra sociedad en términos de confort y bienestar a largo plazo pero al mismo tiempo tenemos que ser conscientes que la oferta de empleo futuro requerirá que los demandantes de empleo presenten niveles formativos elevados y muy enfocados en la tecnología y en el entorno digital.  La actual revolución industrial eliminará gran parte de los empleos que requieren una baja cualificación pero al mismo tiempo creará otros muchos que demandarán conocimientos avanzados en materias como la informática o la robótica. Por esta razón debemos enfocar nuestra formación y la de nuestros hijos hacia esas materias pero sin descuidar la formación humanística y social que aunque pueda parecer extraño se torna hoy en día más importante que nunca. La razón de otorgarle un gran peso a este tipo de enseñanza viene dado por la necesidad de mejorar “la capacidad de juicio” de los trabajadores ya que deberán interpretar y dar sentido al procesamiento del enorme caudal de datos que las nuevas tecnologías pondrán a su disposición.

*Doctor en Economía y experto en temas de banca, finanzas y hacienda.

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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