Estamos a una clásica cinta de desastres, del tipo que se hizo famosa durante los años 70 como The Poseidon Adventure o Earthquake, pero con la diferencia de que aquí la historia se rinde antes los efectos especiales y no al revés.

 

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Perder a un miembro de la familia es uno de los eventos más traumáticos en la vida. No importa si es un padre, un hermano, un hijo. Las secuelas se sentirán de manera permanente. Un cataclismo geográfico tiene las mismas consecuencias en el ambiente y en la memoria de la sociedad que lo padece, las cicatrices aunque sanen permanecen en el inconsciente colectivo. Si el estado completo de California se separa nadie lo olvidará.

En Terremoto: la falla de San Andrés (San Andreas, 2015), Ray (Dwayne Johnson) es un rescatista residente de Los Ángeles que lleva un buen tiempo separado de su esposa, Emma (Carla Gugino), y su hija, Blake (Alexandra Daddario). Una crisis en sus vidas provocó la ruptura. Ahora Ray se enfoca en su trabajo y sus chicas están listas para mudarse con el nuevo (y millonario) novio de mamá, el entrepreneur de los bienes raíces Daniel Riddick (Ioan Gruffudd). Pero el desastre ataca, un temblor activa la falla de San Andrés dejando una estela de destrucción a lo largo y ancho del estado. ¿Podrá Ray rescatar y reunir a sus seres queridos?

Estamos a una clásica cinta de desastres, del tipo que se hizo famosa durante los años 70 como La aventura del Poseidón (The Poseidon Adventure, 1972) o Terremoto (Earthquake, 1974), ubicada en el mismo espacio geográfico. Sin embargo Charlton Heston nunca tuvo la mamadísima complexión que ostenta The Rock y la presencia cómica que ésta genera. Brad Peyton (Viaje al centro de la Tierra 2), el director, lo sabe y continuamente captura a su protagonista como si se tratara de un G.I. Joe de carne y hueso. Un héroe digno de este ficticio escenario.

A diferencia de aquella década en que el género tuvo su época dorada, los efectos generados por computadora abundan en nuestros días y cada secuencia de la película es una demostración de su alcance… y sus limitantes. Como lo decía David Christopher Bell en un artículo de Craked, la técnica ha alcanzado niveles donde la realidad ha dejado de importar. Sí, podemos alzar toda la ciudad de San Francisco, pero ¿debemos hacerlo? La narración se pone al servicio de los pixeles y no al revés, como debería de ser.

Por eso la cinta encuentra su centro emocional al equiparar el desastre natural con la devastación emocional de perder a un ser querido, aun cuando se tiene el éxito de su lado. La figura se repite una y otra vez. La familia de Ray perdió al miembro más pequeño del clan en un fatal accidente o Lawrence (Paul Giamatti), el científico experto en movimientos telúricos, ve a su mejor amigo y socio morir en uno justo cuando sus teorías de predicción son validadas. El dolor nos cambia, nos recuerda que seguimos respirando y aunque la destrucción nos envuelva, la vida encontrará un nuevo camino.

 

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