Una conversación concentraba los oídos y ojos empresariales y gubernamentales de tres países, durante la mañana del 27 de agosto de 2018: Donald Trump y Enrique Peña Nieto presumían al mundo haber renegociado, por fin, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Desde su candidatura a la presidencia, y de paso ignorando a la comunidad empresarial de Estados Unidos, Canadá y México, el magnate inmobiliario neoyorquino prometió redefinir los términos del acuerdo para revertir, según sus propias palabras, “el peor acuerdo comercial de la historia“. Su intención era acabar con el déficit comercial entre la principal economía del mundo y la segunda economía más grande de América Latina. Para demostrar que hablaba en serio, impuso aranceles al acero y aluminio a México y Canadá, insumos esenciales para la industria automotriz, luego de que se extendieran las negociaciones este año.

Con la victoria presidencial de Trump y su entrada a la Casa Blanca en enero de 2017,  los equipos técnicos de ambas naciones han librado una guerra diplomática para convencer al gobierno estadounidense de los beneficios del TLCAN, y parece que finalmente lograron lo que parecía imposible. Pero que ¿significa para la economía de ambos países el polémico acuerdo?

La iniciativa de Carlos Salinas de Gortari, George Bush y Brian Mulroney vale hoy 1.3 billones de dólares, de acuerdo con la US-México Chamber of Commerce, un crecimiento de casi cuatro veces desde que entró en vigor el acuerdo, el 1 de enero de 1994, cuando el comercio trilateral llegaba a unos 450 mil millones de dólares.

A continuación te compartimos los detalles de esta relación de amor y odio comercial.

 

David contra Goliath

Con su lema de campaña Make America Great Again, el presidente estadounidense golpeó a su segundo socio comercial una y otra vez desde Twitter y múltiples escenarios. Los embistes, además de desgastar a las autoridades priistas, obligaron a pisar el acelerador diplomático y así obtener el anhelado acuerdo antes de que el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador llegara al poder y echara por la borda los trabajos de negociación ante su visión de autosuficiencia nacional.

Actualmente, las principales importaciones de Estados Unidos a México, que casi llegaron a 195 mil millones de dólares el año pasado, fueron autopartes y accesorios, aparatos eléctricos y accesorios para computadoras, de acuerdo con el Departamento de Comercio estadounidense. Estados Unidos compró a  nuestro país autopartes y accesorios; camionetas, autobuses y automóviles para pasajeros, por un valor de casi 340 mil mdd, según la Secretaría de Economía.

De acuerdo con ProMéxico, hay ocho sectores estratégicos que ilustran la relación entre Estados Unidos y México: automotriz, alimentos frescos y procesados, aeroespacial, electrónicos, electrodomésticos, energías renovables, dispositivos médicos e industrias creativas enfocadas en el cine.

Por ejemplo, 33% de las autopartes importadas por Estados Unidos vienen de México. Nuestro país es el principal proveedor de frutas y hortalizas y el segundo de animales vivos. También es el sector proveedor de productos aerospaciales de estados Unidos. Las televisiones de pantalla plana son el productos más exportado de la industria electrónica. Desde la firma del TLCAN, los envíos de refrigeradores y congeladores crecieron 1,446%.

Estados Unidos ha invertido 1,740 mdd en energías renovables mientras que México es el quinto proveedor de paneles fotovoltaicos.

 

Canadá, el aliado mexicano

El país que gobierna Justin Trudeau es el tercer socio comercial de México y el segundo destino de las exportaciones mexicanas, de acuerdo con la Secretaría de Relaciones Exteriores.

La relación entre México y Canadá ha sido más diplomática desde que comenzó la tormenta trilateral. El primer ministro Justin Trudeau no escatimó su apoyo a la administración de Peña Nieto ante Trump y ha criticado, incluso desde Twitter, a los aranceles al acero y aluminio, mientras que Trump ha atacado las barreras de Canadá al sector agropecuario que les genera un superávit comercial. 

Desde la entrada en vigor del TLCAN, el intercambio comercial con México se elevó 7.4 veces, al pasar de 2,700 millones de dólares estadounidenses (mmd) en 1993 a 20,000 mdd en 2016, según ProMéxico. Pero, de acuerdo a EDC, la contraparte canadiense de ProMéxico, la balanza comercial México-Canadá, al cierre de 2017, era de más de 36 mil millones de dólares estadounidenses. México vendió casi 30,000 mdd a Canadá e importó casi 6,800 mdd.

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Los productos principales que comercian son confitería, como azúcares y chocolate.  También legumbres, hortalizas y frutas, así como productos del mar, bebidas alcohólicas, pan y electrodomésticos.

“Si bien México y Estados Unidos han logrado llegar a acuerdos en una serie de temas comerciales que había impedido avances, Canadá tiene que regresar a la mesa para que las negociaciones del TLCAN concluyan”, comentó el analista de la calificadora Moody’s, Jaime Reusche. 

Los oídos y ojos empresariales y mediáticos ahora pondrán su atención en la ministra de Relaciones Exteriores canadiense, Chrystia Freeland, quien viajará a Washington este martes para continuar con las negociaciones.

“Solo firmaremos un nuevo TLCAN que sea bueno para Canadá y bueno para la clase media”, dijo el portavoz Adam Austen vía correo electrónico a Reuters.

 

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