Por Máximo Santos Miranda*

La crisis del coronavirus ha puesto en primer plano muchas de las bondades que el proceso de digitalización que se inició hace ya algunos años tiene para los individuos, para las empresas y para el conjunto de la economía y la sociedad. El confinamiento que en mayor o medida ha afectado a casi todos los países del planeta, ha servido para acelerar el proceso digitalizador en el que estábamos inmersos de una forma sustancial, de forma que podemos concluir que este ha sido uno de los escasísimos efectos positivos que nos ha traído la pandemia.

Muchas personas han descubierto en este periodo que gracias a los iphones o internet se puede hacer prácticamente de todo sin tener que salir de casa. No sólo se pueden adquirir bienes y servicios a través de la red, sino que también se pueden realizar multitud de actividades como asistir a clases en la universidad, realizar operaciones bancarias, realizar una consulta médica desde el propio domicilio, conectar con familiares o amigos a través de videollamadas…La digitalización nos ha permitido poder estar siempre informados de la evolución de la pandemia y de las medidas adoptadas por las autoridades en tiempo real y en y desde cualquier lugar del planeta.

La digitalización nos ha posibilitado comunicarnos en el confinamiento con independencia de lo lejos que estemos y además lo ha hecho posible las 24 horas del día. ¿Qué habría sido de todas aquellas personas que, por ejemplo, quedaron confinadas en los camarotes de sus cruceros durante semanas y muy lejos de sus países de residencia sino hubieran contado con acceso a internet? Imaginemos por un momento como habría sido todo si internet no existiera en este caso. La angustia por la soledad de los confinados habría sido en muchos casos insoportable como también lo habría sido la falta de noticias sobre su estado por parte de sus familiares.

En definitiva, la pandemia ha puesto de manifiesto que es necesario profundizar en la digitalización en todos los países y que además esta digitalización debe ser inclusiva, es decir, insertando a todas y cada una de las capas sociales. Para ello es necesario, en primer lugar, desarrollar las infraestructuras tecnológicas y de comunicaciones que lo hagan posible. Además, es imprescindible que más servicios se inserten en este nuevo mundo digital y muy específicamente aquellos servicios puramente locales que en la actualidad tienen nula o escasa presencia en la red.

En este segundo punto es también importante que la digitalización se universalice y que se ofrezcan también actividades, bienes y servicios en idiomas muy minoritarios. Es innegable que el predominio absoluto de los idiomas más hablados en el planeta continuará y que incluso se intensificará aún más en el futuro universo digital, pero igualmente las lenguas menos comunes deberían tener su espacio en la red para que nadie se quedara fuera de la digitalización. Finalmente se necesita que toda la sociedad esté capacitada para aprovechar todas las ventajas y posibilidades que presenta la nueva realidad digital.

Este último punto es clave y en su consecución toda la sociedad debe estar involucrada. Los poderes públicos tienen su parte, pero también la tenemos todos nosotros. Las empresas, las instituciones financieras y educativas, las asociaciones, las fundaciones, las cooperativas, los individuos… en definitiva todos tenemos que hacer lo posible para que nadie quede al margen de poder aprovecharse de los beneficios que ofrece la digitalización.

La edad no debe ser un freno para poder beneficiarse de las competencias digitales y por esta razón deben ser las personas mayores las principales receptoras de la ayuda necesaria para que tampoco ellas se queden fuera. Este esfuerzo debe ser especialmente intenso en el caso de aquellas personas mayores que además vivan en lugares remotos. La mejora que este grupo de personas puede alcanzar gracias a la revolución digital es enorme y todos y cada uno de nosotros estamos “obligados” a ayudarles para que conozcan y puedan utilizar ciertas competencias digitales. En este papel divulgativo los miembros más jóvenes de las familias tienen una importante labor que cumplir en la difusión de este conocimiento a las generaciones más mayores.

Todos debemos contar con competencias digitales y debemos ser capaces de conectarnos a internet con confianza y con seguridad y es que los nuevos usuarios digitales deben también contar con las herramientas necesarias para identificar los posibles fraudes que a través de este nuevo medio les puedan llegar. De poco sirve contar con excelentes infraestructuras de comunicación en un país y que gran cantidad de servicios estén disponibles digitalmente si grandes capas de la población no acceden a ellos por desconocimiento o por no ser capaces de interactuar con esta nueva tecnología.

En definitiva, el coronavirus está cambiando nuestra forma de vivir y de trabajar. Las empresas y las instituciones públicas y privadas están cambiando la forma en la que se relacionan con sus clientes y usuarios y aunque todavía es un momento muy prematuro para determinar cuáles de los cambios serán o no definitivos, lo que sí que es absolutamente incuestionable es que la digitalización que ya era antes de la pandemia una parte esencial en la forma de vida de amplios colectivos es hoy en día imprescindible para todos.

Nadie puede quedarse atrás. Si todos conocemos y manejamos las inmensas posibilidades que nos proporcionan las nuevas tecnologías todos podremos disfrutar de una mejor calidad de vida.

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LinkedIn: Máximo Santos Miranda Ph.D.

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