Pese a que Tuny es la empresas que menos soya utiliza en la fabricación de atún enlatado, de acuerdo con la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), al presidente de Grupomar, Antonio Suárez Gutiérrez, le preocupa que el descrédito que se ha hecho en diversos medios de comunicación del sector, a partir del último estudio que el organismo realizó de la industria, genere un impacto sin precedentes en el mercado. 

“En nuestro caso —menciona el presidente de Grupomar—, el 1% o 2% de soya en Tuny es para utilizarla como una especie de textura que cubre el atún dentro de la lata, y la usamos en estado líquido. Y si se analizan los datos de Profeco, solamente hacen alusión a nuestra marca de atún de agua, que es donde se desmenuza el producto por la naturaleza de su consistencia, cosa que no sucede con el atún de aceite, al que ni se nombra en el estudio”.

Antonio Suárez asegura que en el proceso de drenado, que es cuando se escurre la lata de atún, el peso del producto es de entre 104 o 106 gramos, y no de 100 como especifica el empaque; es decir, es más atún del que se supone debe traer el recipiente, “pero eso nadie nos lo aplaude”, señala.

Sobre el 50% o 60% de soya que el estudio de Profeco menciona traen algunas marcas blancas (las marcas propias de supermercados), el empresario pone en duda que esto sea una práctica generalizada, pues considera que un porcentaje tal de soya en las latas sería muy visible para cualquier consumidor.

“Por otra parte, se debe decir que la soya en sí no es mala, contiene un importante grado de proteína y fibra. Pero más allá de eso, en la etiqueta se especifica claramente que los atunes contienen soya, y la norma lo permite. ¿Cuánto porcentaje de soya tiene cada marca? Pues eso no pide la norma que se especifique, y si se quiere que tenga dicha información, pues tendrían que modificar la normatividad”, dice el directivo de Grupomar.

Sobre este aspecto, la Cámara Nacional de la Industria de Conservas Alimenticias (Canainca) registra que la norma para el sector no se ha modificado en su “esencia” técnica desde su publicación en el Diario Oficial de la Federación en septiembre de 1995. De igual forma, apunta que Profeco ha publicado estudios previos en los años 2012 y 2015 con un enfoque de información al consumidor respecto del uso de soya y atún y que por lo tanto se hace prioritario incluir en el programa de normalización la revisión de la NOM-084-SCFI-1994.

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“El hecho es que, mientras tanto, el tema se ha magnificado y puede tener fuertes repercusiones. Por ejemplo, nosotros proveemos de la marca blanca a Walmart para la región de Centroamérica. Ya vemos a un competidor llevando los diarios sobre lo que se ha dicho en México del sector a esta y otras empresas. La imagen del atún mexicano pierde. En una etapa tan importante para el sector como la Cuaresma esto no es un buen mensaje”, dice Antonio Suárez.

El empresario comenta que si una marca blanca de atún cuesta 9 pesos y una lata de marca 16 pesos, es porque  debe haber diferencias para poder mantener un margen de ganancia en las marcas propias.

Un sector que sobrevive entre ‘tiburones’

El sector atunero mexicano ha navegado en los últimos años en aguas muy complicadas, de acuerdo con el presidente de Grupomar, y esto pocas veces, considera, se toma en cuenta.

“Por ejemplo, somos la única industria de Latinoamérica que paga aranceles en Europa, y ha sobrevivido y ha ganado juicios contra Estados Unidos por el tema del embargo atunero. Y pocas industrias le ganan a ese país. Respecto a Europa, tenemos que todos los productores de América Latina tienen cero aranceles al atún en ese continente con el objetivo de promover la agricultura y la pesca en los países latinoamericanos, pero México tiene un arancel de 23%”.

En cuestiones de precios también dice el empresario nadar contra corriente, pues si bien un precio moderado se ha convertido en una ventaja competitiva frente a otros competidores globales, también frena su crecimiento al tener que estar invirtiendo en barcos y tecnologías automatizadas para poder seguir manteniendo sus empresas a flote.

“Algo que no se dice es el valor de una lata de atún en México y el mismo valor de esa lata en España o Italia. El valor de esa lata en EU o Centroamérica. En otras palabras, ¿por qué no se ha invadido el mercado mexicano de marcas extranjeras? Ojo, ya han tratado de entrar y no han podido, quedamos muy pocos. La respuesta es porque en México el atún es más económico en comparación con los otros países. Pero repito, eso no se dice”.

El impacto que pueda tener el estudio de Profeco en el mercado de atún, como una posible sustitución del producto por parte de los consumidores, solo se podrá conocer hasta después de la Cuaresma, estima el empresario.

 

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