Entre los damnificados de la tendencia electoral del primero de julio pasado, podemos encontrar a dos partidos que, es posible, pierdan su registro: el Partido Nueva Alianza (Panal) y el Partido Encuentro Social (PES). Decimos es posible, porque aún falta un proceso legal para que eso ocurra. La pérdida de registro en esta elección, es una condición que se asumía lejana, pues las coaliciones usualmente aportan a los partidos los votos suficientes para mantener sus registros, más cuando sus candidatos son atractivos o los niveles de competencia son altos, pero en esta elección, las y los votantes apoyaron más a los partidos grandes, en proporción con elecciones anteriores.

El sistema electoral mexicano tiene varios umbrales, tanto explícitos como implícitos. Tal vez el más relevante, es el de entrada y permanencia en el sistema de partidos donde, de acuerdo a la constitución, se requiere del 3% de la votación válida emitida en cualquier elección para poder asegurar el registro y, en consecuencia, la asignación de prerrogativas. En esta elección, y con los resultados de los cómputos oficiales dados por el Instituto Nacional Electoral (INE), el PES y el Panal no obtuvieron en ninguna elección federal (presidencial, senadores y diputados) el 3% requerido por la ley, por lo que se planteó ya la designación de un interventor que proceda a la liquidación de dichos partidos.

Por un lado, el PES, con una base evangélica, se alió con Andrés Manuel López Obrador (AMLO), buscando beneficiarse de la popularidad del candidato para asegurar el incremento de su votación, que en 2015 había sido de 3.5% con 1, 325,447 votos. Sin embargo, a pesar de que en 2018 tuvo 1,530,101 votos, eso representó el 2.70% en la elección presidencial, lo que le deja fuera del sistema del umbral. Solo para dar contexto, en la elección de diputados obtuvo 1,353,941 votos, que es el 2.40%, por lo que podemos decir que AMLO le aportó poco menos de 200 mil votos en la elección presidencial.

En el caso de Nueva Alianza, con una base magisterial, usualmente había obtenido votaciones mayores a 4% en promedio, por lo que no había tenido conflictos para mantener el registro. En 2015 obtuvo 1,486,952 votos, que representaron el 3.92%, sin embargo, en su alianza con José Antonio Meade en 2018, obtuvo 561,193 votos que es el .99%, por lo que esa condición les restó casi un millón de votos. En la elección de diputados obtuvieron 1,391,376 que es el 2.40% de los votos, casi 100,000 votos menos que en 2015, pero que refleja la verdadera estructura de este partido, donde es posible que los liderazgos magisteriales del SNTE operaron en favor de AMLO o, claramente, no en favor de Meade.

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El problema para ambos partidos, fue la alta votación recibida en este año, lo que bajó sus niveles de competitividad en más de un punto porcentual. Si nuestro sistema electoral fuera simple, bastaría con esa condición para que se hubiera declarado ya la desaparición de esos partidos, pero aún hay un trecho largo de batalla judicial, que les permitirá sobrevivir unos meses antes de declarar su desaparición legal.

Hay algunos aspectos estratégicos en la impugnación que tendrán que presentar esta semana para evitar la pérdida, por ejemplo, podrán impugnar la votación de “El Bronco”, para que, con base en la ilegalidad de las firmas con las que consiguió el registro, también se declare la ilegalidad de su votación. También, podrán impugnar elecciones de diputados o senadores, para buscar su anulación y, por lo tanto, dar paso a elecciones extraordinarias donde, como hizo el Partido del Trabajo (PT) en 2015, puedan incrementar su votación. El margen para llegar al 3% para ambos partidos es muy amplio y casi imposible de alcanzar pero, ante la condición “garantista” del Tribunal Electoral, cualquier cosa puede pasar aún.

 

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