La Reserva Federal de Estados Unidos ha construido (ya demostradamente) un castillo de naipes, en donde todas las piezas han logrado ir encajando y construyendo una imponente estructura, pero sólo en apariencia.

 

 

Para los que los han intentado, hacer un castillo de naipes es un ejercicio muy difícil: normalmente se comienza colocando dos naipes en forma vertical y delicadamente se debe colocar un tercer naipe como techo. Sucesivamente y con mucho cuidado se puede ir agrandando la estructura hasta en un extremo alcanzar una base grande y varios pisos.

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La estructura, no obstante su tamaño, es bastante frágil: cualquier externalidad no prevista, como por ejemplo un pequeño viento, podría fácilmente derrumbarla. También el retiro de cualquiera de los naipes en cualquier nivel bastaría para generar un desbalance tal, que el castillo completo terminaría en el piso. De más está decir que, por aquellas y otras consideraciones, un castillo de naipes es más bien una estructura temporal, y no permanente y sólida como lo sería un castillo de piedra.

La Reserva Federal de Estados Unidos ha construido (ya demostradamente) un castillo de naipes, en donde todas las piezas han logrado ir encajando y construyendo una imponente estructura, solo en apariencia: la reciente mención de que el estímulo podría ser disminuido en frecuencia (ni siquiera retirado de facto) causó un efecto en los mercados que rápidamente tuvo que ser reversado por parte del mismo Bernanke.

Cabría preguntarse por qué la economía estadounidense podría ser caracterizada como un castillo de naipes, si el desempleo está bajando, han aumentado las ventas de bienes raíces, el Producto Interno Bruto (PIB) del país ha aumentado consecutivamente por más de 4 años, las utilidades de las compañías del S&P han subido sostenidamente desde el 2009, etc.

Y la respuesta es la siguiente: porque absolutamente todos los factores mencionados anteriormente tienen origen en: tasas de interés cero, inyección permanente de liquidez al mercado, aumento sostenido del endeudamiento público y privado de EU, aumento del consumo vía deuda, entre otros. Por ende, el retiro de cualquiera de aquellos resultaría en la inevitable caída del sustento marginal.

Y cuidado porque evidentemente no se trata de un castillo de piedra, como lo sería un PIB creciendo a razón del 4 a 5% anual, sino que estamos hablando de crecimientos inferiores al 2% promedio, después de más que cuadruplicar el endeudamiento de la Reserva Federal. A saber, el desempleo en EU ha bajado solo de un 10% a un 7.4% después de 4 trillones de dólares (sí, son 4 trillones) de expansión del balance general de la Fed.

Y los ejecutivos de la Fed tienen clara la situación: por supuesto que será apropiado encontrar un jefe de la Reserva Federal que mantenga el statu quo, única forma de que este castillo siga armado por un tiempo más. Pero cuidado que siempre puede venir un imprevisto viento. Parece buen momento empezar a mirar al otro lado del Océano Atlántico, donde las valoraciones son muchísimo más baratas y en donde al menos (aún) no se ha creado semejante aberración.

 

 

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Los comentarios expresados por Alejandro Rubinstein en esta columna son de su exclusiva responsabilidad y no representan necesariamente la opinión del grupo Credit Suisse.

 

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