Los números son abrumadores. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) calcula que durante el 2017 cerca de 258 millones de personas se vieron obligadas a migrar, es un aumento considerable tomando en cuenta que durante el 2000 la cifra era de 173 millones.

Ante la situación, dos voces buscan humanizar los datos. Transformar nuestra perspectiva del fenómeno por medio del cine. Sus nombres son Samuel Ellison y Abraham Ávila, director y productor respectivamente del documental Chèche Lavi: buscando la vida.

La cinta compitió por el Premio Mezcal de la trigésima cuarta edición del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG). Su relato se centra en la historia de dos migrantes, Robens y James, quienes se vieron obligados a abandonar su país de origen, Haití, debido a un terremoto. Así comenzó su odisea, primero hicieron escala en Brasil, donde una crisis económica los obligó a moverse una vez, ahora con la intención de llegar a Estados Unidos, sólo para quedar varados en Tijuana, al norte de nuestro país.

El largometraje centra su mirada en las vivencias de ambos y en la manera en su vida. Como lo detalla el catálogo del festival: “ésta es una película sobre el deseo: de un lugar para encajar, de una vida estable, de una relación y la compañía. No se narra el cruce de fronteras, sino de las emociones cuando éstas no pueden ser cruzadas. Es sobre lo que sucede cuando terminas en un lugar totalmente inesperado y debes empezar de nuevo.”

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Tuvimos oportunidad de charlar con Ellison y Ávila durante el FICG. A continuación, reproducimos la conversación:

¿Qué te motivó a acercarte a la historia?

Samuel Ellison (SE): Lo leí en las noticias. Vivía en California y era muy fácil llegar a Tijuana para hacer investigación. La historia de estos haitianos varados me tocó, la idea general de un viaje tan largo de Brasil a México y Estados Unidos me cautivó. Al llegar a la ciudad inmediatamente busqué un compañero para trabajar en esta idea. Conocí a Abraham y añadimos una antropóloga al equipo, queríamos tener distintos acercamientos a lo que sucedía con estas dos personas.

¿Tenías un plan definido de acción o las cosas se fueron dando?

SE: No, fue hasta que estuve unas semanas en Tijuana. Tenía la idea de hacer algo, pero el resultado final es muy diferente. Fue una evolución natural de lo que estaba sucediendo.

¿A ti qué te interesó, Abraham?

Abraham Ávila (AA): Había trabajado en muchos documentales sobre migración. Soy de Tijuana y es un tema que a mí me interesa personalmente. Como productor es muy importante la aproximación al tema, la primera vez que hablé con Sam me sorprendió que su idea era una forma distinta de ver el asunto, estaba interesado no en el gran relato político sino en las historias a nivel personal. Había emociones desde el inicio.

Uno de los temas principales parece ser el poco control que los habitantes del tercer mundo tienen sobre sus vidas.

SE: Es una de las ideas del documental. Robens lo dice mejor cuando apunta que su vida es como una hoja en el río, flotando sin saber dónde terminará. Al final, él empieza a estabilizarse, hace una vida en Tijuana y encuentra un trabajo. Pero es la sensación dominante de la primera parte de la película, el poco control que tenemos de nuestro destino.

AA: Hay una tormenta, una fuerza que no controlas. Una serie de decisiones políticas que no están al alcance de tus manos. Nunca serás tú quien decide poner el muro o no, cambiar un acta de permisos migratorios. Aunque a nivel personal sí se deciden muchas cosas, es importante reflejar cómo cada decisión, afecta y nos quiebra emocionalmente, seguimos viviendo. Debemos mantener la esperanza.

SE: A veces no hay control ni en cosas tan básicas como una amistad. El único amigo que tienes, que te acompaña, ni siquiera puedes mantenerlo cerca.

Siempre lucen tristes, cabizbajos…

SE: Es duro pasar tanto tiempo con esas emociones. Espero que la película no sea sólo sobre tristeza, hay un espacio grande entre el éxito y el fracaso. Entre alcanzar tu sueño y vivir en el desastre. Es importante saber que no vivimos de manera permanente en esos dos extremos. Robens y James la están pasando mal, pero no todo está perdido. Siempre hay algo a lo cual aferrarse. Las posibilidades se mantienen.

Sin embargo, ellos mismos parecen estar fuera de lugar todo el tiempo, aun cuando James regresa a casa.

AA: Justo por eso es importante trabajar con temas sobre migración. Cuando uno migra por cuestiones de supervivencia, trabajo, obligado por necesidad, el problema se vuelve estructural. La historia de nuestros protagonistas no empieza en Brasil, viene de tiempo atrás. Muchos años atrás. Se crea una sensación de desarraigo porque no tienes un lugar en específico, es algo con lo que tienes que aprender a vivir.

La historia de Robens es esa historia, poco a poco vive un proceso: construir tu espacio, tu territorio, tus relaciones. Encontrar comunidad en otro cuerpo que no es igual al tuyo. Eso le pasa a cualquier migrante, era nuestro interés en la película. Lo importante son los pequeños logros, no el éxito. Debemos buscar una vida lo más plena posible.

SE: Esta película no está interesada en mitologías.

¿Mantienen una deuda con el tercer mundo los países colonizadores?

SE: ¡Claro! El caso de Haití es especial, todos los problemas que tienen actualmente tienen su raíz en la opresión y aprovechamiento sistemático que sufrieron de parte de los Estados Unidos y Francia.

AA: Siempre están en deuda, en cuanto colonizas otro país y sacas recursos creas una deuda. Deben enfrentarla.

En algún momento dicen: “en Estados Unidos tratan mejor a los perros que a nosotros”.

SE: Hay ira en el comentario, es el punto del que parte la película. Es algo que necesitamos reconocer para resolver el problema.

Parece que México y Estados Unidos criminalizan la pobreza.

SE: Se ve claramente en el sistema de detención al que someten a James. Él hace todo bien, legal. No rompe ninguna regla y es tratado como un criminal. Lo llevan a cinco prisiones diferentes ubicadas en cinco estados distintos a lo largo de meses, sin un traductor, sin asesoría legal. Es algo completamente inaceptable.

AA: En México, el fenómeno es reciente. Estas ideologías de criminalización de migración han logrado echar raíces en México, te hacen pensar que un grupo migratorio viene con una intención de violencia, cuando la realidad es que ellos vienen huyendo de violencia de muchos tipos: estructural, institucionales, crimen organizado. Pensar que un grupo en huida de la violencia viene a violentar espacios no es lógico.

Tijuana no es el destino deseado, sin embargo ahora es un lugar donde por diversas cuestiones se convierte en el destino. Ellos sólo tienen intenciones de vivir, tener cosas básicas. Comida y ser quién eres sin estar violentado. Cuando un país como México empieza a tomar esas políticas como propias hay algo que está mal. Nuestra película trata de recuperar la humanidad dentro de este mar de gente, en esa idea homogénea del migrante. Hay humanidad, emociones, no debemos olvidarlo. Son personas.

¿Qué podemos hacer al respecto?

SE: Una de las pocas respuestas es decir que lo personal es político. Tenemos que reiniciar nuestra mente para reconocer ese hecho tan concreto. Si hay un argumento que hace la película es no poner el énfasis en estadísticas. Olvidar las narrativas noticiosas, recuerden a las personas al interior del problema.

AA: Debemos entender que lo humano es lo político. La política está hecha para seres vivos. Toda forma de vida importa.

 

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