Cada año en el mundo se pierden o echan a perder hasta 1,300 millones de toneladas de alimentos, lo cual demuestra que el hambre es una dramática consecuencia de la existencia de innecesarios obstáculos al comercio.

 

 

Por Mark Gottfredson, Gerry Mattios y Rodrigo Rubio

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A tan sólo días de la fecha límite para que los países miembros de la Organización Mundial del Comercio ratifiquen el Acuerdo de Bali sobre Facilitación del Comercio, docenas de camiones forman fila para cruzar la frontera entre Kenya y Uganda. Los camiones que transportan tomates a lo largo del límite septentrional de África oriental sufren demoras provocadas por el mal estado de los caminos, pero su mayor reto se presenta al aproximarse a la frontera: los transportistas tardan, en promedio, todo un día en completar las formalidades burocráticas necesarias para ingresar el producto de Kenya a Uganda.

La demora puede causar pérdidas financieras sea cual fuere la carga transportada, pero es especialmente grave tratándose de productos agrícolas, para los que ese retraso puede impedir que lleguen en condiciones de venderse en el lugar de destino. Ese mismo escenario adverso se da también en México. Los exportadores guatemaltecos que envían mercaderías por tierra a México se ven obligados, en la frontera, a bajar las cargas que transportan en camiones guatemaltecos y reembarcarlas en camiones mexicanos: un obstáculo regulatorio que contribuye al deterioro de los alimentos y a disuadir el comercio.

En un mundo en que el 12.5% de la población padece desnutrición crónica es difícil comprender que el 30% de los alimentos producidos para consumo humano se pierda o desperdicie entre el campo y el plato. A lo largo de la cadena de suministro de productos del agro –desde el almacenaje poscosecha hasta el transporte y la distribución– el deterioro, el desperdicio y otros factores que contribuyen a las pérdidas de alimentos siguen siendo un grave problema. En cifras mundiales, cada año se pierden o echan a perder hasta 1,300 millones de toneladas de alimentos, lo cual demuestra que el hambre es una dramática consecuencia de la existencia de innecesarios obstáculos al comercio. Reducir al menos a la mitad esa cifra contribuiría significativamente a alcanzar el objetivo de mitigar el hambre en el mundo.

El Acuerdo de Facilitación del Comercio, elaborado en diciembre del año pasado en la Conferencia Ministerial de la OMC celebrada en Bali, sienta las bases para la adopción de procedimientos aduanales más ágiles y eficientes, lo que podría suscitar extraordinarias mejoras, no sólo en lo referente al hambre en el mundo, sino también en materia de sostenibilidad ambiental y desarrollo económico. Según investigaciones realizadas para el Foro Económico Mundial por el Banco Mundial y la empresa de consultoría estratégica Bain & Company, incluso reducir una limitada serie de obstáculos en la cadena de suministro, a mitad de camino hacia la adopción de una práctica óptima mundial, daría lugar a un crecimiento del PIB de casi 5%. Los beneficios que obtendrían los países emergentes, en especial en África y el Sureste de Asia, serían, proporcionalmente, mucho mayores.

Este acuerdo constituye un paso gigantesco en la dirección apropiada, pues respalda una eficaz colaboración entre las autoridades aduanales y otras autoridades en torno a cuestiones de facilitación del comercio y cumplimiento de normas aduanales. En éste se prevé, además, el suministro de asistencia técnica que ayudará a los países a dotarse de capacidades electrónicas que aceleren el flujo de bienes.

Pero si bien el acuerdo abre las puertas al mejoramiento de una administración aduanal ineficiente, y a veces corrupta, serán los gobiernos y las empresas privadas los encargados de aplicarlo y de identificar y eliminar sistemáticamente los demás obstáculos presentes en la cadena de suministro que hacen persistir el hambre e inhiben el comercio. Entre esos obstáculos se cuentan las medidas proteccionistas que limitan el acceso al mercado; el subdesarrollo de la infraestructura y los servicios de transporte, y entornos regulatorios que impiden la realización de operaciones de pequeña a mediana escala.

El sector público es el que está en mejores condiciones de reducir esos obstáculos, generalmente en asociación con empresas privadas, y cada uno de estos sectores puede beneficiarse de las fortalezas del otro sector. Los países con mayores áreas de oportunidad pueden esperanzarse con los alentadores avances logrados a través de programas pioneros. Cuando el gobierno de Kenya mejoró la carretera Nairobi-Mombasa y amplió la capacidad y potencia del Puerto de Mombasa, esas medidas motivaron inversiones importantes del sector privado, llevadas a cabo por exportadores y transportistas. Las inversiones en contenedores refrigerados y camiones cubiertos, junto con el apoyo proporcionado a pequeños establecimientos agrícolas para que obtuvieran certificación como exportadores, contribuyeron a reducir las pérdidas de alimentos y pusieron a Kenya en condiciones de alcanzar el punto de inflexión en que a las empresas del país les fue rentable abastecer de frutos kenyanos a nuevos mercados europeos. Además, mediante la eliminación de los controles de precios y los subsidios, Kenya dinamizó una competencia que redujo los precios finales de los fertilizantes, con el consiguiente aumento, del 14%, de las tasas de adopción entre los pequeños agricultores.

Ahora Kenya se propone implementar un sistema aduanal totalmente automatizado, que permita a las empresas de transporte marítimo, aéreo y terrestre presentar todos sus documentos oficiales a través de un único portal electrónico. Los beneficios son múltiples. Ese sistema permitirá a los transportistas operar más eficientemente y ahorrar dinero; dará lugar a un mayor nivel de cumplimiento, con el consiguiente aumento del ingreso fiscal generado por los derechos de importación y otros tributos. Además, la transparencia creada por el sistema electrónico reducirá la corrupción, que ha sido un flagelo para el comercio internacional. El gobierno de Kenya espera que el sistema ayude al país a alcanzar un rango más alto en el informe anual Doing Business, publicado por la Corporación Financiera Internacional y el Banco Mundial, y para atraer inversiones extranjeras directas.

Cuando los países miembros de la OMC ratifiquen el Acuerdo de Facilitación del Comercio podrán intensificar los esfuerzos para replicar lo que hayan aprendido de los países pioneros en su propio territorio. Mediante la eliminación de los obstáculos presentes en la cadena de valor pondrán en marcha un círculo virtuoso, aumentando la productividad mundial y haciendo frente al desafío –enorme y apto para generar enormes beneficios– que supone alimentar a la población que sufre de desnutrición.

 

Mark Gottfredson es director de la oficina de Bain & Company en Dallas.

Gerry Mattios es socio de la oficina de Bain & Company en Beijing.

Rodrigo Rubio es director de la oficina de Bain & Company en México.

 

 

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