Este fin de semana dieron inicio las actividades de E3 2017, la convención de videojuegos más importante del mundo, que se celebra cada verano en Los Ángeles. Antes de que se abrieran las puertas al público, Xbox llevó a cabo su conferencia principal, en la que mostró al mundo los últimos avances de su ecosistema de juegos, del cual lo más esperado era su nueva consola, que hasta ese momento se conocía como Project Scorpio: su nombre comercial es Xbox One X, y se trata de una versión intermedia entre ésta y la siguiente generación de consolas de la marca, que ataca al sector más exigente del mercado de los videojuegos.

El Xbox One X tiene la capacidad de correr videojuegos en resolución Ultra High Definition (4K) con capacidad para desplegar colores de alto rango dinámico (HDR). Tiene además compatibilidad con todos los juegos y servicios del Xbox One. Además de los títulos que estén hechos para correr de forma nativa en resolución 4K, varios juegos lanzados para el Xbox One original recibirán actualizaciones para poder correr en 4K y sacar provecho del nuevo hardware. De acuerdo a Microsoft, los juegos de Xbox 360 compatibles mostrarán una mejora significativa.

El Xbox One X presenta optimizaciones y mejoras en su hardware que, en palabras de Microsoft, lo convierten en “la consola más poderosa del mundo”. En números, esta consola es capaz de procesar 6 teraflops (que son unidades de medidas para la capacidad de operaciones de un sistema computacional). Para ponerlo en perspectiva, el Xbox One original puede procesar 1.3 teraflops, mientras que el PlayStation 4 hasta 1.8, y el PlayStsation 4 Pro llega a los 4.2 teraflops. Además, el Xbox One X es la versión más pequeña de la consola que ha presentado Microsoft, siendo más compacto que incluso el Xbox One S.

El nuevo sistema llegará al mercado el siete de noviembre de este año con un precio de 499 dólares, lo que ha levantado bastantes dudas. El año pasado Sony lanzó al mercado el PlayStation 4 Pro, que es una versión más poderosa de su consola, igualmente con capacidad 4K nativa y colores HDR. Sin embargo, el precio de esta consola es de 399 dólares, 20% por debajo del precio del Xbox One X, que llegará al mercado un año después de su contraparte en la competencia.

En palabras de Phil Spencer, cabeza de Xbox, este año la compañía presenta un total de 42 títulos en el marco de su de E3, de los cuales 22 eran exclusivas. Sin embargo, estas exclusivas tienen diferentes implicaciones, ya que pueden ser “exclusivas de consola”, significando que Xbox es la única consola en que se publicarán, pero que el juego puede salir sin problema para computadoras Windows y Mac. El otro tipo son las temporales, que pueden ofrecer ventanas de exclusividad que van desde los tres meses hasta un año, o más, dependiendo de un gran número de factores. Los usuarios en general están cada vez más informados de esto, por lo que toman en más consideración a las exclusivas totales -o sea, que nunca saldrán para otro sistema- como un factor de compra.

En efecto, Xbox presentó un catálogo diverso de títulos, sin embargo, fuera del simulador de carreras Forza Motorsport 7, pocos son los lanzamientos exclusivos que realmente sacan provecho de las mejoras del Xbox One X. Esto significa que el mayor punto de ventas de la consola no son los juegos como tal, sino el hardware en sí mismo, lo cual puede parecer una decisión difícil de entender.

El Xbox One X intenta cerrar la brecha que hay entre el Xbox One y el PC gaming, que es donde se encuentran los juegos que exigen el mayor rendimiento y que a su vez entregan el mejor despliegue visual. También el sector de PC gaming es el que más paga por hardware: aunque un mismo juego pueda ser considerablemente más barato para PC que su contraparte de consola, los usuarios de PC llegan a pagar hasta dos mil dólares por sus equipos. Microsoft ve una gran oportunidad de negocio en este sector, ya que quienes están capitalizando en este mercado son terceros fabricantes de hardware, ya sea de componentes para armar equipos, o de equipos que ya vienen completos de fábrica.

Por esto es que realmente el catálogo de exclusivas de Xbox no es -al menos hasta ahora- el más robusto, y aún está lejos de compararse con el de PlayStation. Microsoft pretende que siga llegando al Xbox One la gente que juega títulos AAA multiplataforma, de la misma manera en que lo han hecho durante los casi 3 años de vida que ha tenido. El Xbox One X no busca convertirse en la opción de remplazo para los potenciales usuarios del Xbox One original, sino en una oportunidad de hacer nuevas ventas con un sector distinto del mercado: los PC gamers.

Sin embargo, esta estrategia es un poco arriesgada, ya que los usuarios dispuestos a pagar 499 dólares o más por un sistema de videojuegos tienen exigencias técnicas más allá que lo que ofrece cualquier consola casera, incluidos el Xbox One X y el PlayStation 4 Pro, lo que justifica la inversión en un equipo premium de hasta dos mil dólares. Si comparamos lo que esta nueva consola ofrece a sus potenciales usuarios por un precio de apenas 499 dólares, parece como una buena oferta, que sin embargo es equivalente a la experiencia que otorga una PC para gaming de gama baja con el mismo precio.

Por esto es que, a los ojos del consumidor promedio, la verdadera competencia del Xbox One X es la otra consola casera con capacidad 4K, o sea el PlayStation 4 Pro, que cuesta 100 dólares menos. Microsoft tiene por delante el gran reto de comunicar a los consumidores que, por más fuera de lugar que suene, el Xbox intenta medirse con el gaming PC y no con las consolas.

Si hacemos un recuento, cuando el Xbox One y el PlayStation 4 salieron a la venta en otoño de 2013, el segundo era también 100 dólares más barato que el primero. Al día de hoy, PlayStation ha lanzado un robusto número de nuevas propiedades intelectuales exclusivas para su consola, como Bloodborne, Horizon Zero Dawn, Nioh, The Last Guardian, y Until Dawn, que han recibido una altísima aceptación de la crítica y los fans. Tres años después el resultado de ventas es que el PS4 ha vendido casi 60 millones de unidades a nivel global, contra casi 30 millones del Xbox One. En mercados como el europeo, por ejemplo, por cada unidad de Xbox One se venden tres del PS4.

A principio de este mes, Microsoft lanzó Xbox Game Pass, un servicio de juegos on demand que ofrece un catálogo de más de 100 juegos de Xbox One y 360 bajo una suscripción mensual. Sumado esto, durante E3, se anunció que el Xbox One tendrá retro compatibilidad con juegos del Xbox original en un futuro. Sin embargo, aún queda el hueco de nuevas propiedades intelectuales exclusivas que muevan la balanza a favor de Microsoft, y no parece que vayan a llegar en el futuro cercano.

Si algo hemos aprendido es que, en el mercado de consolas caseras, el software es lo más importante. Teniendo capacidades equivalentes, el PlayStation 4 ha logró superar al Xbox One gracias a su catálogo de juegos. El construir una biblioteca de exclusivas es una tarea demasiado compleja, y que PlayStation ha logrado gracias a que posee diversos estudios first-party en distintas partes del mundo, que se han desarrollado durante más de dos décadas. La alternativa que le queda a Xbox es la de prometer la mejor experiencia en desempeño en los títulos AAA multiplataforma, y atraer al mayor número de usuarios de PC acostumbrados a pagar por hardware el doble o el triple de lo que cuestan las actuales consolas caseras.

Al menos durante el siguiente año, éste seguirá siendo el camino de Xbox, con el cual intentará tomar ventaja de la capacidad de su nueva consola, en espera de atraer a un nuevo público ávido de experiencias visualmente impactantes.

 

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