La millennial que apuesta por la filantropía para cambiar al mundo

Hanna Jaff (Foto: Julio Hernández)

Hanna Jazmin Jaff Bosdet llegó a México hace tres años. De origen mexico-estadounidense-kurdo, la joven de 29 años decidió enfocar todos sus esfuerzos en convertirse en un agente de cambio social.

 

Hanna Jazmin Jaff Bosdet siempre ha buscado formas de ayudar a las personas que se cruzan en su vida. Hoy, a sus 29 años, la  joven de origen kurdo-mexicano dirige una fundación que ya tiene entre sus filas a más de 7,000 voluntarios: la Fundación Jaff.

En 2013, con 26 años, una trayectoria académica sobresaliente, la hija del matrimonio Jaff Bosdet se reunió con sus padres y les compartió una noticia:

—Mamá, papá, luego de pensarlo mucho he decidido irme a vivir a México…

Su padre, un hombre conservador de origen kurdo, y su madre, de nacionalidad mexicana, quedaron pasmados.

Aunque la pareja ya se había acostumbrado a contemplar cómo su hija hacía maletas desde los 17 años, cuando concluyó la preparatoria en California, Estados Unidos, para ir en búsqueda de la vida que anhelaba, ambos eran conscientes que esta vez sería diferente.

—Me han enseñado que debo estar en donde más me necesite la gente, por eso creo que puedo aportar más a México que a Estados Unidos. Si fracaso, al menos podré decir que lo intenté.

Con esa frase, Hanna inició una trayectoria concentrada en la filantropía.

 

Una familia con tradición

La familia paterna de Hanna ha participado durante más de 900 años en las relaciones diplomáticas kurdas.

Su tatarabuelo, Mohamed Pasha Jaff, quien fuera el líder más importante de Kurdistán y líder supremo de la tribu Jaff, se destacó por su notable participación en la política del territorio.

Además, se le atribuye la construcción, en 1734, del castillo de Sherwana, localizado en la ciudad de Kalar, en Kurdistán, al norte de Irak.

Por su parte, Adela Khanum Tathar Jaff, bisabuela de Hanna mejor conocida como Lady Adela, fue nombrada por los británicos como Princesa de los Valientes.

Durante la guerra que se gestó entre 1914 y 1918, Khanum subió a la distinción por salvar la vida de cientos de soldados británicos, además de tomar las riendas del gobierno durante la ausencia de su esposo, Osman Pasha Jaff.

Por parte de su familia materna, Hanna dice que hace cinco generaciones su tatarabuelo Carlos Henry Bosdet Fixott llegó de Francia y se convirtió en el precursor de las primeras instalaciones de teléfono en México, incluida la del Castillo de Chapultepec y el Palacio Nacional.

 

Amor al prójimo

Aunque algunos años de su niñez los vivió en Tijuana –lugar donde radica parte de su familia materna– Hanna nació en San Diego, California.

Cuando tuvo oportunidad de hacerlo, adoptó la nacionalidad mexicana por elección propia.

La mezcla de las culturas estadounidense, kurda y mexicana, le han dado una perspectiva diferente a la filántropa que ha logrado sorprender desde niños hasta hombres de corbata que se dan cita en las conferencias que imparte.

Si bien ha recibido varios reconocimientos por su labor, Hanna, más que llenar su vitrina, sueña con entrar a las grandes ligas de la filantropía, como lo ha hecho Carlos Slim.

De acuerdo con el Segundo Informe sobre Filantropía, elaborado por Forbes México en 2015, el volumen de recursos operado por las 45 fundaciones listadas alcanzó 7,553 millones de pesos. Aunque esta cifra no representa la suma de las operaciones en conjunto, sí refleja los recursos globales con los que operaron durante el año pasado.

En términos generales, la cifra que aquí se muestra representa 0.16% del gasto aprobado en 2016, es decir, sólo 400 millones de pesos menos que el gasto asignado al programa de inclusión social Prospera.

Como ocurre con casi todas las instituciones filantrópicas en México, Fundación Jaff sobrevive gracias a las donaciones provenientes de empresas y del público en general.

Sin embargo, Hanna aclara: “Nosotros no manejamos ningún donativo en efectivo, todo ha sido en especie. Para cada fecha del año buscamos aportaciones de juguetes, despensas o ropa, según la campaña que organicemos. Una vez que recolectamos la cantidad suficiente, realizamos un evento en donde distribuimos lo recabado, siempre buscando que esté presente la promoción de la educación”.

Al estilo de Malala Yousafzai, ganadora del Premio Nobel de la Paz en 2014, la creadora de Fundación Jaff considera que la educación es la clave para el crecimiento de México.

 

Filos y networking

Impulsado por los trabajos de Fundación Jaff, México ha logrado irrumpir y establecer vínculos con el Kurdistán, un territorio no independiente y sin Estado propio de Medio Oriente, integrado por una población de 30 millones de personas.

Actualmente, la institución que preside Hanna tiene representaciones en 18 estados, entre los que se encuentran Tlaxcala, Estado de México, Distrito Federal, Baja California y San Luis Potosí. Sin embargo, el objetivo a 10 años de la joven mexico-estadounidense-kurda es tener representaciones en todas las entidades del país y poder establecer una universidad.

En la pared de la oficina de Hanna, quien ha estudiado en las universidades de Harvard, Columbia y en la Sorbona de París,  cuelga una fotografía que llama la atención: sentada en el suelo rodeada de cuatro madres con sus respectivos hijos, viste un pantalón negro y un suéter rojo, los presentes la observan con detenimiento, mientras ella parece explicar algo que los tranquiliza.

Al preguntar sobre la imagen, Hanna responde que esa fotografía fue tomada en los campos de refugiados sirios. Como parte de las labores que realiza, además de impartir conferencias y apoyar en las campañas de acopio de alimentos y ropa, acude a los campamentos de inmigrantes en México y algunos países de Medio Oriente.

Han pasado 12 años desde la primera vez que Hanna Jaff tomó las maletas y salió de su país de origen, y tres desde que tomó a México como su hogar.

Por ahora, los esfuerzos de la autora de cuatro libros están enfocados en su fundación, pero asegura que más adelante le gustaría crear una universidad, pues la filantropía le brinda algo que no es cuantificable: “Tener una fundación te permite aportar tu tiempo a una causa que mejora tu vida y la de otras personas. Fundación Jaff me ha convertido en millonaria de experiencias, recuerdos y logros”.

 

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Foto: Julio Hernández.