Las herencias de Pulitzer, además del premio

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Además del premio que lleva su nombre, Pulitzer también nos heredó el amarillismo y el infoentretenimiento, “estilos” periodísticos que persisten en nuestros días.

 

Joseph Pulitzer dejó en su testamento el premio que lleva su nombre, pero también dejó otras herencias periodísticas: el amarillismo y el infoentretenimiento, dos géneros que caminan sobre la delgada línea que separa la información del espectáculo.

La semana pasada se dieron a conocer los nombres de los ganadores de los 21 galardones que integran el premio anual en periodismo, literatura y composición musical, en lengua inglesa, conocidos como Premios Pulitzer, la más alta distinción para las obras publicadas en Estados Unidos. Honor a los tres periodistas mexicanos que lo recibieron: Alejandra Xanic von Bertrab, Javier Manzano y Narciso Contreras.

La herencia del premio es, indudablemente, un estímulo al buen periodismo, pero las otras dos son cuestionables, especialmente si se considera que el periodismo de Pulitzer navegaba entre notas escandalosas y sensacionalistas e información infundada para ganarle a la competencia.

El amarillismo se empezó a delinear, de la mano del infoentretenimiento, cuando Pulitzer creó el St. Louis Post-Dispatch –producto de la fusión de dos diarios que había adquirido- en donde asumió el papel de vocero del hombre corriente, con exclusivas y con un acercamiento a la noticia fuertemente populista. Diez años después (1882), compró el New York World, que enfocó a historias de escándalo y sensacionalismo, y en el que, en 1895, introdujo una historieta a color llamada El Niño Amarillo (The Yellow Kid) del que al poco tiempo derivó el “amarillismo” cuando su creador, Richard F. Outcault se pasó al competidor New York Journal, de William Randolph Hearst, llevándose a su peculiar personaje.

Pulitzer no se quiso quedar atrás, y encargó a otro dibujante, George B. Luks, la continuación del infantil personaje en el NY World, iniciando, a través del mismo, una guerra de difusión en contra de Hearst, nutrida de historias escandalosas y carentes de veracidad, con tal de atraer más público. Las disputas en torno al Yellow Kid pronto llegaron a ser conocidas en todo Nueva York, y, como símbolo del frenético sensacionalismo de Hearst y de Pulitzer, el Yellow Kid dio su nombre al “periodismo amarillo” o “amarillismo”.

Lo que hizo popular el amarillismo, y en cierta medida, es un criterio que prevalece en varios medios, impresos y electrónicos, era el desprecio a la objetividad con tal de dar la noticia y atraer la atención con encabezados sensacionalistas en primera plana, a veces más llamativos por su tamaño que por su contenido.

Se considera que la obra maestra del periodismo amarillista fue la guerra de Estados Unidos contra España, la cual, se dice, pudo ser evitada de no haber sido por la prensa amarillista, especialmente la de Hearst, que explotó el sentimiento popular antiespañol publicando historias y noticias falseadas, cuando no enteramente inventadas, que tenían gran impacto entre los lectores. Una guerra con el único objetivo de vender periódicos.

 

Información como espectáculo

De otra parte, el infoentretenimiento alude a la tendencia de los medios a presentar la información como espectáculo, fundamentalmente para captar y mantener audiencia. De acuerdo con el Dictionary of Mass Communication and Media Research, editado por David Demers, profesor asociado de Comunicación en la Universidad Estatal de Washington, el infoentretenimiento, fusión de las palabras información y entretenimiento, es un “contenido multimedia basado en información que incluye aspectos de entretenimiento, en un esfuerzo por mejorar la popularidad entre el público y los consumidores.”

El término fue formalmente acuñado a comienzos de los años 80 por el académico Carl Jensen, fundador del “Proyecto Censurado” de la Fundación por la Libertad de los Medios. Jensen hace el símil entre el infoentretenimiento y la comida chatarra. En 1984, le preguntaron: “¿Qué noticias han encontrado en sus estudios sobre esta llamada Sociedad de la Información?” Él respondió: “Noticias basura, bocadillos azucarados pero nada nutritivos para el consumidor; aumentan su obesidad cultural y mental en vez de informarlos veraz y oportunamente.”

Es un hecho: en los medios de comunicación actuales -impresos, pero en mayor medida en los electrónicos- cada vez se tiende más al infoentretenimiento. Se dan noticias “vestidas” de atractivos visuales llamativos como una foto escandalosa que involucra a alguna personalidad, o se dramatizan las noticias en televisión con música de fondo ad hoc y acercamientos y movimientos de cámara que asemejan series televisivas. Con ello se logra el objetivo de atraer la atención del público e inclusive mantenerla a lo largo de varios días.

Dos expertos lo ponen en sus propias palabras. John Langer, autor del libro La Televisión sensacionalista: el periodismo popular y las otras noticias, ha denominado como “las otras noticias” a los temas triviales sobre sucesos, accidentes, interés humano, entretenimiento y curiosidades, que pudiendo ser realmente notas relevantes se desvirtúan y desvían la atención de asuntos más importantes.

Emili Prado, catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad Autónoma de Barcelona, afirma que “se está produciendo una espectacularización de la realidad, predomina el infoshow, un aligeramiento en los contenidos y un mayor protagonismo de los aspectos espectaculares de la realidad y los acontecimientos”.

La línea es tan fina que cualquier medio puede caer hacia cualquier lado al tratar algún tema importante o interesante: puede llamar la atención hacia él en forma positiva, o caer en el mero entretenimiento o inclusive en el amarillismo.

No obstante, un reportaje en forma de infoentretenimiento, elaborado con el cuidado necesario para no rebasar la línea y mantenerse en el criterio de la información, puede ser un medio efectivo para enviar mensajes sobre temas que le pueden importar a las audiencias. Ello representa una interesante área de oportunidad para las agencias de relaciones públicas que requieren de enviar ciertos mensajes de sus clientes a determinados segmentos públicos.

Mostrar, por ejemplo, cómo se puede incendiar totalmente un departamento por la combinación de un árbol de Navidad seco y un descuido, puede resultar un espectáculo, pero deja un importante mensaje de seguridad; ejecutar una campaña en radio con música pegajosa, puede convertirse en un entretenimiento, pero al mismo tiempo dejar un importante mensaje sobre la importancia de planear para el retiro laboral; una investigación documentada sobre el proceso de mantenimiento de extintores publicada en algún diario, puede caminar sobre la línea de lo amarillista, pero dejar otro importante mensaje de seguridad en beneficio de los públicos.

La función fundamental de la prensa es informar y formar; el resto de medios, como la radio, la televisión o Internet, están más enfocados al entretenimiento porque nacieron para ello, pero han abierto sus espacios a la información y, en ese sentido, tienen la ventaja de la inmediatez sobre los medios impresos, aunque ello implique el riesgo de cambiar la noticia por el sensacionalismo y el amarillismo.

El amarillismo forma parte de la historia de la prensa desde que ésta existe, y seguirá siendo así en tanto la condición humana no cambie. Lo importante para todos es evitar que la labor periodística quede en entredicho por medios que caen del lado equivocado de la línea que divide la información del espectáculo.

 

 

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