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¡Cuidado! Antes debes entender que hoy el trabajo es un bien escaso en el mercado y quien tenga uno lo debe apreciar. Y sí, ése es el primer paso, pero si detectas las señales tienes que realizar un análisis más profundo.

Este texto fue publicado originalmente el 15 de julio.

 

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En general, si nos dan a elegir, preferimos la estabilidad al cambio. Aunque parezca lo contrario, la rutina nos da seguridad y la cotidianidad resulta agradable. Nos gusta saber dónde están las cosas, a quién debemos dirigirnos, cómo tratar ciertos temas y en la medida de lo posible intentamos evitar las variaciones. Incluso cuando estamos a disgusto tendemos a proteger nuestro tramo de certeza. A veces llegamos al extremo de sentirnos miserables en determinadas condiciones de trabajo y evadimos los movimientos a favor de la certidumbre. Es difícil, no nos gusta mudar de aires y encontramos justificaciones para permanecer igual. Sin embargo, hay situaciones en las que un cambio de rumbo no está mal y puede llevarnos a mejores puertos. Por ello es de suma importancia identificar las señales que nos indican que ya es tiempo de buscar un nuevo empleo.

También es cierto que, con independencia de la estabilidad, el entorno laboral, los logros y reconocimientos, hay una fantasía colectiva de un trabajo mejor. En algún lugar de nuestro cerebro hemos generado el sueño de que existe una parte en que seremos más valorados, ganaremos más, tendremos mejores prestaciones y estaremos mejor. Según datos revelados por LinkedIn, de los 313 millones de miembros, 25% son personas que están en búsqueda activa de trabajo y casi 188 millones son buscadores pasivos. Es decir, 85% de los miembros de LinkedIn están considerando seriamente un cambio de trabajo.

Entre estos extremos –la tendencia a conservar la estabilidad y el anhelo de un mejor trabajo– se mueve el péndulo que nos puede llevar a tomar una decisión. El fiel de la balanza corre del temor al cambio y el disgusto que se está gestando con ciertas condiciones laborales. La decisión de cambiar de trabajo es importante, ya que implica riesgos que deben valorarse con cuidado, y también presenta oportunidades que deben ser evaluadas con objetividad. Evidentemente, se deben apreciar bien las fortalezas con que se cuenta y las probables debilidades que se enfrentarían en un nuevo escenario. Por supuesto, la primera valoración que se debe hacer es entender que hoy el trabajo es un bien escaso en el mercado y quien tenga uno lo debe apreciar. Sí, ése es el primer paso, pero también se debe llevar a cabo un análisis más profundo.

Según el profesor Tomas Chamorro-Premuzic, de Universtity College London, existen cinco señales de que un cambio puede ser benéfico para la vida profesional. El semáforo indica cambio cuando:

  1. Ya no estás aprendiendo. Los mejores momentos de producción y progreso se dan en ambientes laborales que propician el crecimiento y estimulan el aprendizaje. Un trabajo que está abierto a la posibilidad de resolver los problemas en forma creativa, que incita la curiosidad y que busca nuevas formas para enfrentar la cotidianidad es un lugar agradable para trabajar. Pero si el ingenio se coarta, si las soluciones son siempre las mismas y las nuevas ideas no se aceptan, la luz del cambio se empieza a iluminar.
  2. Estás desempeñándote por debajo de tus posibilidades. Si estás instalado en esa etapa en la que vuelas con el piloto automático, en la que podrías hacer tu trabajo aunque estuvieras dormido, y en la que el entusiasmo está mermado y las respuestas llegan en forma irreflexiva, seguro podrías estar haciendo algo mejor.
  3. Te sientes subvaluado. Si tu jefe te da por hecho, si tus sugerencias no se toman en cuenta, si ya no formas parte del equipo de trabajo, si no te invitan a las juntas ni escuchan tus opiniones, las señales se están activando.
  4. Lo estás haciendo sólo por dinero. El pago es muy importante y los días de quincena son siempre muy felices; sin embargo, siempre debe haber un aliciente adicional. Esa satisfacción que queda al final del día porque se cumplió la misión de la jornada, porque se venció el reto y se avanzó, es uno de los fundamentos básicos de la satisfacción laboral. Cuando ésta falta tenemos un indicador.
  5. La relación con el jefe es imposible. Existe un dicho en el mundo laboral: la gente se contrata en una compañía y renuncia por el jefe. Esto significa que una de las principales razones que provocan alerta para cambiar de trabajo se corresponde directamente con la relación que se tenga con el jefe.

Las señales que nos indican que ya es tiempo de buscar un nuevo empleo deben ser como un tablero de control donde se encienden para alertarnos, pero hay que tener cuidado: eso no significa que debemos salir corriendo a presentar la renuncia. Eso quiere decir que estamos recibiendo alertas y hay que empezar a planear la mejor manera de salir de un lugar para llegar a otro mejor. De la misma forma que el centro de mandos de un auto nos avisa que nos queda gasolina para recorrer determinada distancia y el conductor está alerta de la siguiente gasolinera, así estas señales son una referencia para empezar a hacer movimientos que generen una mejora.

Las señales son parámetros que nos permiten identificar lo que la cotidianidad nos evita ver. Son signos que nos evitan entrar en una fantasía y que nos alertan de situaciones que deben modificarse. Son códigos que nos deben dar claridad y aportar elementos para generar estrategias que jueguen a nuestro favor. También creo que la mejor señal de que debemos buscar un nuevo empleo es cuando una sola de las partes cumple con su parte, es decir, si el empleado trabaja y no es remunerado o si el empleador paga y el trabajador no desempeña: es momento de migrar.

Si el tablero de control tiene las señales encendidas y tenemos miedo de las consecuencias que buscar una nueva oportunidad traigan consigo, las palabras de Abraham Lincoln vienen a mano: “La mejor forma de predecir el futuro es poner manos a la obra y crearlo.” En el fondo, los signos son herramientas para tomar decisiones que nos ayuden a tomar la mejor dirección.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

 

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