Hay que rescatar lo que queda y revivir lo que se pueda de un fenómeno natural y cinco zonas en alto riesgo por la urbanización y la actividad minera en el Valle de México.

 

 

En la última época glacial, México era como un embudo, mientras las especies migraban hacia el sur. El Eje Neovolcánico del Pacífico al Atlántico les cerró el paso, y aquí se quedaron varias de ellas. Un lago se formó en la cuenca volcánica cuando se cerró con la formación de los volcanes en el sur, como el Chichinautzin y el Ajusco hace unos 12,000 años. Por lo mismo es una zona natural inédita en el mundo. En la expansión de la megalópolis del Valle de México, la mayor pérdida ha sido un paisaje natural de única belleza, una de las maravillas del mundo, los lagos y los volcanes.

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Todavía queda algo –2% de las especies del mundo, cientos de volcanes, aves migratorias, lagos, glaciares, comunidades, así como varias lenguas originarias–. Sin embargo, la pérdida ha sido demoledora. Una razón de más para rescatar lo que queda y revivir lo que se pueda. En este sentido me gustaría proponer una lista de un fenómeno natural y cinco zonas en alto riesgo por la urbanización y la actividad minera en el Valle de México.

1. El mayor hito del Valle de México son sus volcanes. Lamentablemente, muchos se están destruyendo por la explotación de sus yacimientos de grava, material apreciado en la industria de la construcción. No hay nada tan irreparable como un arenal; la naturaleza nunca se recupera y el paisaje queda como un lunar. La megalópolis está rodeada por volcanes carcomidos, desde Cocotitlán, El Chimalhuache, el volcán de Guadalupe y casi toda la Sierra de Santa Catarina. Bosque Real, en Huixquilucan, a veces está cubierto con nubes de polvo de las areneras aledañas. Unas empresas son de ejidos, otras de particulares, entonces su economía es muy compleja. Además son muy competitivos porque llevan un producto de muy bajo valor, cuyo precio final en gran medida es el costo del transporte, a distancias muy cortas a los sitios de construcción dentro de la ciudad. Es difícil sobredimensionar el impacto de este fenómeno, no sólo en destrucción sino también en contaminación, ya que son la fuente de nubes de polvo y mucho tráfico pesado. También hay otras actividades comerciales que afectan a los volcanes, como el basurero en el cráter del volcán La Caldera, en Los Reyes, y la unidad habitacional de Grupo Ara sobre el volcán Xico, entre Chalco y Valle de Chalco, según la gente local, el origen del Xico, ombligo, en México. Las actividades comerciales en general sobre los volcanes deben ser frenadas; benefician a muy pocos y destruyen un patrimonio único para siempre. La protección de estas montañas frente a la urbanización debe ser el eje central de las políticas de protección territorial, por el sencillo hecho que existen tantos.

2. La zona de las Chinampas (de Xochimilco), Tláhuac y el Valle de Chalco están entre las más fértiles del mundo, además de ser una zona lacustre nombrada como Patrimonio Mundial por el UNESCO. Según el ornitólogo de la UAM Xochimilco Francisco Romero, el número de especies de pájaros que se encuentran allí es más de la tercera parte de las 600 especies en todo Canadá y Estados Unidos. Es una zona de gran importancia histórica y cultural, por el hecho de haber sido una innovación agraria prehispánica que está desapareciendo para siempre abajo del concreto. Lo anterior vale una entrega de blog en sí.

3. Las faldas de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl en el valle entre Cocotitlán y Amecameca, en el Estado de México. Aquí otra zona patrimonial de única belleza –el paisaje volcánico con sus arroyos y barrancas abajo de ellos, completamente entrelazado con la identidad mexicana– que es destruida principalmente por la construcción de unidades habitacionales. Sería un lastre que estas áreas queden cubiertas con vivienda social y centros de distribución. Es muy importante que se preserve el carácter rural de esta zona, si no se va a formar una gran ciudad perdida entre Chalco y Cuautla, aplastando un paisaje natural legendario a nivel mundial.

4. La urbanización de la Sierra de Santa Catarina, del lado de Tláhuac. Esta formación es un de los más bellos conjuntos de volcanes que he visto, una península de siete volcanes entre Iztapalapa y Tláhuac, con palmillas, agaves y formaciones rocosas retorcidas. Aunque el lado de Iztapalapa se ha urbanizado ya demasiado, aún queda una importante área rural entre las partes urbanas de Tláhuac, con nopales, bardas de piedra y sauces. Desde allí se aprecia la vista sobre los lagos de Chalco y Xochimilco, y el volcán Teuctli por Milpa Alta. Las alturas de la Sierra de Santa Catarina probablemente son el mejor lugar del Valle de México para apreciar cómo era el valle antes de la megalópolis.

5. La zona entre Texcoco y Teotihuacán, en el noreste de la megalópolis. Texcotzinco, el palacio de verano de Nezahualcóyotl, una pequeña pirámide y ruina sobre un cerro con vista al Valle de México es uno de los sitios más bellos. Y todo el paisaje alrededor de Texcoco, con sus cerros empinados y campos llenos de sauces y ahuehuetes es hermoso y una reserva importante de vida campestre tradicional. Además, esta zona tiene mucho potencial turístico por su paisaje romántico. Al otro lado, la conurbación de las pirámides de Teotihuacán implicaría una enorme pérdida del contexto natural de la séptima pirámide más grande del mundo.

6. Las terrazas nopaleras en Milpa Alta. Esta demarcación es conformada por 12 pueblos entre la Sierra de Chichinautzin y el volcán Teuctli, cuyas laderas están cubiertas con terrazas de gran antigüedad y nopales. Es la zona de mayor importancia para el cultivo de esta especie en México. Además, Milpa Alta todavía mantiene muchas costumbres de los pueblos náhuatl del Valle de México. Los últimos hablantes del idioma de los mexica en el Distrito Federal viven en Santa Ana Tlacotenco, en las alturas de la Sierra de Chichinautzin. Ésta es una zona de gran importancia cultural y agraria, con una identidad que representa mucho de la historia de México, y su conurbación sería una tragedia.

Hay otras zonas de gran valor medioambiental alrededor de la ciudad, como el Bosque del Agua, las montañas del occidente de la ciudad que están en peligro y se deben conservar. Sin embargo, las problemáticas allí no derivan directamente de la urbanización, sino más bien de la protección de áreas naturales en general. También hay zonas que no son de alto valor medioambiental o paisajístico que, desde mi forma de ver, no se deben urbanizar, como las llanuras de Tultepec, Tonanitla y Tecámac. Pero los lugares son sobresalientes no sólo a nivel Valle de México, sino también a nivel mundial, y requieren ideas de planeación urbana integrales, que si son bien hechas hasta podrían ser sitios importantes de turismo y servicios medioambientales. Pero si no se hace nada, las próximas generaciones de mexicanos sólo tendrán las obras de pintores como el Dr. Atl para recordarles que el desierto urbano en que viven, en alguna etapa fue uno de los lugares más bellos del mundo.

 

 

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