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El proceso electoral ya inició. Empezó desde poco más de un mes, pero las definiciones, los registros e incluso los spots, construyen el clima para, ahora sí, sentir que la carrera empezó y que estamos en ese punto previo donde se involucran cada vez a la ciudadanía y las diferentes plataformas de comunicación que se utilizan.

Las elecciones del próximo año son concurrentes, es decir, son locales y federales y, aparte del presidente de la República, se elegirán 500 diputados, 128 senadores, ocho gobernadores, un jefe de gobierno para la CDMX, 1597 presidentes municipales, 184 juntas municipales o concejales y 16 alcaldías. O sea, un montón de cargos.

En este contexto electoral, hay dos circunstancias a destacar: en primer lugar, que los medios tradicionales de comunicación van a la baja en audiencias y si bien continúan siendo influyentes en entornos no urbanos o en personas mayores de 40 años, quienes además tienen preferencias electorales claras y (es lo que indican las tendencias), una buena parte de los votantes se encuentran consumiendo plataformas digitales.

Por otra parte, el grueso de los votantes, jóvenes en su mayoría, no tienen una filiación política clara y, como era de esperar, aún no se decantan por ningún partido o candidato. De hecho, ni siquiera sabremos si lo harán, puesto que, de acuerdo con la Encuesta Nacional de la Juventud, nueve de cada 10 jóvenes no les interesa la política, ni sienten deseos de participar en ella.

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Una cosa queda clara: las campañas electorales del 2018 se van a desarrollar en las redes sociales y se van a aprovechar todos y cada uno de los resquicios legales que tengan para colocar a los candidatos en la opinión de los votantes y dejar mal parados a los contrincantes a través de campañas negras.

¿Cuáles son las prácticas más comunes?

  • Bots. Cuentas falsas en redes sociales que de forma automatizada reproducen un mensaje, ya sea con la intención de generar una tendencia, por ejemplo, el apoyo a un candidato o su denostación; o bien, se crean con la intención de ocultar una tendencia en crecimiento, ya sea logrando que los algoritmos de las redes sociales identifiquen a una tendencia real como si fuera creada por bots o creando otra que oculte la anterior.
  • Cuentas artesanales. Se trata de agencias donde una persona puede manejar hasta 15 o 20 cuentas que parecen reales, que interactúan entre sí y que, a petición del cliente, pueden defender a una cuenta o atacar a otras o crear tendencias. Así, pueden llegar a interactuar hasta 300 cuentas que parecen personas, pero que en realidad son operadas para dar la apariencia de apoyo real.
  • Siembra de comentarios. En muchos diarios o foros digitales aparecen grandes cadenas de comentarios a favor o en contra de un tema, sin embargo, la gran mayoría son de cuentas artesanales, es decir, se “siembran” comentarios de tal forma que parece que un tema ha causado un gran impacto digitalmente, sin embargo, esto no es real. No obstante, dichos comentarios tienen un efecto en las publicaciones que son comentadas, ya que, al tener un alto grado de interacción, las redes sociales las califican como relevantes y aumenta su alcance.
  • Generación de tendencias a través de tribus digitales. Es común que algunos estrategas digitales tengan convenios con grupos digitales especializados en generación de memes y tendencias; por ello, no será raro ver como en 2018 sean utilizados de forma intensa.
  • Fake news y sitios falsos. Crear tendencias a través de noticias falsas y de portales que aparecen y desparecen de la nada será una de las estrategias de comunicación política que veremos en el próximo proceso. En resumen, se tratan de sitios que se crean para esparcir unas noticias, que pautan para tener un mayor alcance y que desaparecen sin dejar rastro.
  • Utilización de influencers. La utilización de líderes de opinión es muy común en los entornos digitales, incluso en periodos de veda electoral. Uno de los grandes problemas será distinguir un apoyo real de uno pagado, incluso con dinero público.
  • Pauta digital. Los medios tradicionales están perfectamente reglamentados y distribuidos tanto para partidos políticos, como para candidatos independientes. Los medios digitales, generalmente funcionan como un autoservicio: cualquier persona puede crear una campaña publicitaria desde cualquier parte del mundo, a favor o en contra de un candidato. Hasta el momento, no hay ninguna forma de regulación.

Sin duda, hay una serie de retos que se deberán afrontar respecto de la comunicación electoral que prácticamente ha iniciado ya, puesto que hay muchos vacíos que aún no pueden subsanarse sin afectar los derechos de los usuarios. Sin embargo, hay una corresponsabilidad en los propios usuarios de las plataformas digitales para ser críticos y no creer absolutamente todo lo que ven en las redes sociales.

 

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