Investing.com.- Tal día como hoy hace 90 años, Tom Shelby vio cómo su imperio se hundía por no haber vendido sus acciones el día de antes.

Ni él ni millones de personas pensaban que se iba a desatar uno de los peores hitos en la economía mundial. Aunque días antes se podían vislumbrar algunas señales de lo que se venía encima, las informaciones llegaban a cuentagotas y era difícil prever el cataclismo que se desató.

Pero vayámonos unos cuantos trimestres atrás. Tras la Gran Guerra, las industrias necesitaban mano de obra. La expansión económica estadounidense comenzaba y el mundo miraba ya al país norteamericano como un ejemplo a seguir

Como decíamos, las fábricas requerían trabajadores tras la victoria a Alemania en el conflicto. El crecimiento era un hecho y las familias campesinas comenzaban a emigrar a las grandes ciudades buscando su gran oportunidad. El sector secundario estaba en pleno apogeo puesto que los nuevos electrodomésticos se fabricaban como ‘churros’. Se estaba edificando una superpotencia económica y parecía que nada ni nadie podría destruir la fortaleza.

El empleo estadounidense tocaba cifras históricas y se situaban en los meses previos al estallido del crac del 29 en menos del 2%.

No obstante, había señales que podían haber alertado y frenar la burbuja que se estaba creando. Las familias, con dinero en el bolsillo, se tiraron al gasto. Una burbuja de la compra de casas costeras. ¿Les recuerda a algo? No tardaron en salir numerosos artículos alertando de la situación, pero no pasó nada.

Frederick Lewis Allen, historiador y economista, escribía en un libro la situación de Estados Unidos. “Parece posible que la causa principal del derrumbe de los precios durante la primera hora del 24 de octubre no fuese el temor, y tampoco una venta a la baja. Fue el aflujo al mercado de centenares de miles de acciones retenidas en nombre de pobres especuladores cuyos márgenes estaban agotados o a punto de agotarse (…) El gigantesco edificio de los precios estaba taladrado por el crédito especulativo, y ahora se derrumbaba bajo su propio peso (…) ¿Dónde estaban los cazadores de negocios brillantes, los trusts de inversiones, los poderosos banqueros que podían respaldar los precios? Y los precios seguían bajando y bajando. El rugido de voces que se elevaba desde la sala de la Bolsa…, se había convertido en un rugido del pánico”.

En Wall Street la cosa también pintaba bien. Eran días de vino y rosas. Los índices norteamericanos se revalorizaban alrededor del 20% cada año y las ventas de participaciones se disparaban. Cualquier familia compraba títulos de compañías de bancos y ferrocarriles. Cientos de compañías se dedicaban a convencer a la gente para comprar acciones. A cualquier precio.

Hasta que llegó el día en el que todo cambió. A pesar de que las bolsas estadounidenses habían tenido algún que otro bandazo nadie pudo prever el batacazo que se produjo un mismo día, pero con 90 años de diferencia.

Wall Street cerraba con un 7% de pérdidas en la jornada del miércoles y las ventas durante el jueves se hicieron patentes. El miedo ya estaba en el cuerpo de los inversores y las compañías caían fuertemente. Thomas Shelby lo vio, pero su primo no le hizo caso y no vendió grave error.

No obstante, una maniobra del sector bancario, comprando millones de títulos, provocó que el jueves fuese peor de lo esperado. No importaba, el virus terminal ya estaba dentro del cuerpo.

En las siguientes jornadas las cosas fueron a peor. La imposibilidad de estar conectado al momento, tal y como lo hacemos ahora, provocó que se llegasen a acumular nueve millones de órdenes de venta. Los bancos no pudieron hacer frente, tampoco la Fed y tampoco el Gobierno supieron cómo frenar la situación.

El martes 29 de octubre, conocido como Martes Negro, todos los índices se tiñeron de rojo y no hubo un solo título que acabase en verde. Es más, todos los beneficios del año se esfumaron en una jornada. Millones de familias veían cómo sus ahorros se quedaban en cuestión de centavos.

El máximo ejemplo de la crisis bursátil está en Netflix Inc (NASDAQ:NFLX). La exitosa serie de los Peaky Blinders, unos empresarios de dudosas artes de Inglaterra, pierden todo su capital por no vender a tiempo sus acciones.

Tras este crac la economía mundial pasó por su peor década y los años 30 fueron un paseo por el infierno hasta que llegó el segundo lustro de 1930.

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