Una de las preguntas o comentarios que más se pueden observar entre los medios de comunicación, gira en torno a los saldos del gobierno del presidente López Obrador, siete meses después de haber tomado protesta y un año después de haber ganado la elección. En todos estos meses hemos tenido la presencia permanente del presidente y su agenda, como elementos dominantes de la agenda pública, tan solo por algunos pocos momentos en que otros temas, algunos internacionales o las vacaciones de diciembre, que han sido más relevantes y han opacado la agenda del presidente. La pregunta recurrente en estos momentos es sobre ¿cuál es el saldo de la administración del presidente López Obrador?

En realidad, el saldo depende del lugar en el que uno se encuentra. Para el presidente, ha sido un año de más éxitos que fracasos, como lo ha manifestado en diversos momentos, incluido el evento de informe y otros actos similares en estos días, en buena medida, debido a que sus prioridades se han venido cumpliendo, por encima de las de otros actores políticos. El fondeo de los programas de becas a distintos grupos sociales, la modificación de la estructura educativa, incluyendo su negociación con la CNTE y la indiferencia hacia el SNTE, el desmantelamiento de diversas áreas de la administración pública, la creación de la guardia nacional, la construcción de la refinería, el aeropuerto y el tren maya, entre otros proyectos, demuestran que algo se está moviendo en palacio nacional.

Sin embargo, para otros actores, el saldo es negativo, debido a que existen aspectos que el presidente no ha sabido o no ha querido atender o resolver de la misma forma. Por ejemplo, una economía estancada, que, si no fuera por la renovación del TMEC, tendríamos un escenario muchos más sombrío que el que muchos analistas han planteado para el futuro. La suspensión de los recursos destinados a diversos proyectos en varias áreas económicas, o su reducción debido a la necesidad de fondeo de los programas presidenciales, han impactado determinantemente la producción, el consumo y la confianza, entre otras variables. Para algunos, incluso, un posible colapso económico puede darse, si no se tiene cuidado en el manejo de los pilares económicos.

Los esfuerzos de centralización de las estructuras y las decisiones en el espacio presidencial han tendido a impactar el funcionamiento de la administración pública. En una primera instancia, los despidos y los recortes al presupuesto, así como el desmantelamiento del servicio civil de carrera, han generado diversas problemáticas en el funcionamiento de la administración, como suspensión de servicios, imposibilidad de generar atención eficiente a problemas, cancelación de proyectos, por decir lo menos. El desabasto de medicinas, los escases de gasolina, los apagones en diversas regiones del país, la falta de gas, etc., son parte de dicha historia.

Para otros sectores, la preocupación más importante reside en el peligro que corre la democracia mexicana. El ejercicio de los derechos fundamentales para una democracia, se ha visto con preocupación, por los límites y ataques a la sociedad civil, el control de los medios, los linchamientos o descalificaciones a opiniones opositoras, los intentos por ubicar a la revocación de mandato como un referéndum sobre la imagen presidencial en un año electoral, la captura de las dirigencias partidarias, etc., son algunos aspectos que pueden verse influidos por la dinámica presidencial, con una consecuente reducción de la capacidad y el espacio para el ejercicio de dichos derechos.

De esta forma, la misma división que ha hecho el presidente para ubicar a los que están con él o no, funciona para hacer el análisis sobre su primer año tomando decisiones. Un aspecto importante es que el presidente si ha logrado mover temas en la conciencia nacional y los intereses de diversos actores.

Quedan aún para el análisis temas como la incidencia en asuntos internacionales, la relación con los Estados Unidos, la crisis migratoria, tal vez generada por esta misma administración, el turismo, la energía, con la pérdida de competitividad por el uso de energías convencionales y la cancelación de los proyectos de energías limpias, el deporte, la cultura, la educación, la ciencia y la tecnología, y un largo etcétera de temas que siguen sin plantearse como parte del futuro y no de un pasado que ya no es.

 

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